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Una casi fallida negociación comienza hoy entre Argentina y Burford por el caso YPF

Tras el fallo de la jueza Loretta Preska, titular del juzgado del Segundo Distrito Sur de Nueva York el viernes pasado, se abre ahora un escenario de negociación con el gobierno argentino, aunque sin esperanzas de que se logren avances.

El juicio en el juzgado del Segundo Distrito Sur de Nueva York inicia desde hoy una nueva etapa. Loretta Preska llamará esta tarde a las partes a que inicien un período de negociación entre el gobierno argentino y los fondos Burford Capital y Eton Park, junto con los abogados correspondientes de las partes, para que negocien un acuerdo extrajudicial alternativo sobre dos cuestiones centrales del caso: el monto que el país debería reconocerle a los demandantes y un plan de pagos para el mismo.

Ambos capítulos, según la jueza, deben ser determinados por los dos protagonistas del juicio, ya que resulta complejo y problemático para Preska determinar las condicionalidades financieras y comerciales del proceso. Al menos esto es lo que la magistrada expresó claramente en el caso.

Por lo que se sabe, los fondos demandantes le ofrecerían a la Argentina el reconocimiento de un monto de entre 5.000 y 7.000 millones de dólares, partiendo de la base de lo que es el corazón de la demanda, el pago a Repsol por la renacionalización de la petrolera y el no reconocimiento de los derechos del resto de los accionistas minoritarios de recibir la misma oferta de parte del Estado argentino.

Jueza Loretta Preska, del titular del juzgado del Segundo Distrito Sur de Nueva York, que condujera extinto juez Thomas Griesa.

A ese monto deberían sumarse intereses acumulados. Burford y Eton ofrecerían además un plan de pagos, con respaldo de bienes o instrumentos financieros como garantía. Obviamente, Argentina rechazará de plano la oferta, y sólo estará presente en el proceso de negociación porque la legislación norteamericana donde se juega la causa así lo obliga.

Pero la posición del gobierno argentino será la de desconocer el fallo, insistir en la versión que oficializó el ahora gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex responsable de la renacionalización Axel Kicillof sobre que todo se trata de un "absurdo jurídico" y una especie de conspiración internacional, y se buscará ganar tiempo para que los plazos de definiciones de Preska se extiendan lo más lejos posible en el tiempo.

Como para empezar, que el cierre de la primera etapa de la causa (la primera instancia) se extienda lo máximo hasta que la apelación a la Cámara de Nueva York se concrete lo suficientemente lejos en el tiempo para que sea el próximo gobierno quién deba resolver la cuestión. Y, eventualmente, culparlo por aceptar el fallo. 

Para hoy se espera también un comunicado de Burford hablando sobre la causa. 

Lobos de Nueva York

Tal como contó MDZ, el fallo de Loretta Preska es claro. Especialmente, al momento de determinar quiénes son los culpables de haber ignorado a los accionistas de YPF, que deberían haber recibido el mismo trato que la española Repsol, al momento de renacionalizar la petrolera en 2012.

Según la jueza del Segundo Distrito Sur de Nueva York, el Congreso Nacional al aprobar la ley correspondiente a la acción de toma de control de YPF y el Poder Ejecutivo que no tuvo en cuenta en ningún momento los derechos de los accionistas minoritarios, fueron quienes le otorgaron argumentos a los demandantes Burford Capital y Eton Park, para que éstos puedan reclamar ante los tribunales de Manhattan, al considerarse vulnerados sus derechos resguardados por los organismos reguladores de Wall Street.

Para Preska, siguiendo jurisprudencia histórica de los tribunales norteamericanos, las leyes locales son de inferior calidad en el otorgamiento de derechos que las regulaciones legales de la Bolsa de Comercio de los Estados Unidos, al considerar que es una elección particular de las empresas privadas (en este caso YPF) cotizar en la bolsa neoyorquina.

Y que, al hacerlo, se aceptan las reglas locales. Ninguna legislación particular de cada estado independiente y soberano, tiene mayor alcance que las normas del lugar, dado que la decisión de cotizar en Wall Street es un hecho voluntario.

En consecuencia, para el fallo de YPF, la ley de renacionalización del 2012 no vulnera el derecho anterior de los demandantes de haber recibido una oferta similar a la de recompra de Repsol. Y quienes avanzaron sobre estos derechos fueron el gobierno de entonces de Cristina Fernández de Kirchner con Axel Kicillof como ministro de Economía y principal operador del avance sobre las acciones del Repsol (51%), y el Congreso que aprobó una ley que vulneraba derechos anteriores.

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el exministro de Economía, Axel Kicillof, tuvieron un rol clave en la renacionalización de YPF y el arreglo con Repsol.

Libera de cualquier responsabilidad legal o financiera, tanto a la petrolera como a los anteriores tenedores de las acciones que fueron adquiridas por los demandantes y pertenecientes al Grupo Petersen, a través de Petersen Energía y Petersen Investment.

El único responsable fue el Estado argentino y, en consecuencia, será quien deba hacerse cargo de las responsabilidades del fallo. Preska no determina el monto a pagar, invitando a las partes a un acuerdo directo y negociado entre Argentina y los dos fondos acreedores, algo que, obviamente, no llegará a buen puerto.

Lo que sucederá es que, llegado un plazo determinado, la jueza determinará que no hubo acuerdo entre las partes, dejará en firme el fallo contrario al país, probablemente determine un monto a pagar (que no será menor a los U$S 8000 millones) y, finalmente, Argentina fallará. Se estima que se abrirá luego un proceso de no menos de cuatro años, que seguramente terminará en la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Para llegar a estas conclusiones, Preska se tomó su tiempo. Y demostró que no es una improvisada y que se trata de una persona profesional y seria. Concretamente 11 años demandó en sacar sus conclusiones. Pero con una característica que la propia jueza menciona en su fallo: decidió tomar un curso de aproximadamente un año para entender la legislación local, consultando con el mayor sigilo del caso a constitucionalistas argentinos y especialistas latinoamericanos en derecho constitucional comparado, para saber la manera en que legalmente se había avanzado en la nacionalización de YPF, tanto en el Ejecutivo como en el Congreso.

Preska dejó en claro en su fallo que no consideró cuestiones políticas, económicas ni estructurales del país y su gobierno de entonces, ni mucho menos especificaciones ideológicas. Y que sólo se concentró en las normas legales que regulaban la operación.

A la caza del juicio

La demanda fue iniciada por los fondos Burford y Eton Park e incluyen una potencial indemnización a los demandantes por entre US$ 7.000 y 19.000 millones, a partir del reclamo de los fondos Burford y Eton, que reclaman por el inicio de proceso comenzado el 16 de abril de 2012, cuando culminaba reingreso del Estado en YPF, terminando con la gestión de Repsol en la petrolera argentina.

Una vez más, los fondos buitre amenazan con ir contra la Casa Rosada.

Unos años después, y cuando ya el gobierno kirchnerista había cerrado la negociación para que los españoles expulsados no hicieran juicio y cobraran al contado su salida por unos U$S 6.500 millones, el fondo Burford, especializado en litigios complejos, se enteró que en unos tribunales madrileños se encontraba una causa por quebrantos de uno de los socios privados de la petrolera. Aparentemente, el dato de la megacausa fue aportada por algún empleado de ese juzgado español.

Burford reclama por los daños que el pago a los españoles de Repsol le provocó al 49% restante de los accionistas de la petrolera, luego de la nacionalización de 2012. Ese dinero iría, en parte (unos US$ 1.000 millones) a las arcas del fondo Burford.

Aún es un misterio (aunque hay sospechas de todo tipo) sobre quiénes son los dueños de los derechos de los otros millones de dólares que el país deberá liquidar. Algunas de esas especulaciones hablan de fuertes (y muy serias) vinculaciones políticas locales de los propietarios de las acciones que reclaman por los derechos de ese dinero. Desde la Argentina hay pocas expectativas favorables. 

La demanda se inició por la expropiación de la mayoría de las acciones de la petrolera, pero a nombre de las empresas españolas Petersen Energía y Petersen Inversora, dos compañías hoy en quiebra, abiertas por el Grupo Petersen en los días en que era socio por el 25% de YPF y a partir de que el expresidente Néstor Kirchner los hizo entrar como parte de la petrolera.

Expresidente Néstor Kirchner, siempre duro contra los fondos buitre.

El Grupo Petersen hoy está absolutamente fuera del reclamo y de los derechos a cobrar, situación que está judicialmente aclarada en la Justicia española y reconocida por los propios Burford que desistieron de reclamarle a Petersen.

Burford no es especialista en inversiones financieras (mucho menos en el mundo energético o petrolero), sino que su especialidad son los megajuicios por demandas millonarias, en general, a compañías en quiebra o empresas en bancarrota, que tienen demandas anteriores sin definir y que necesitan efectivo para enfrentar su cierre o concurso.

Fue el caso de Petersen, que luego de la renacionalización del 51% de YPF en mayo de 2015 quedó sin poder sostener la compra del 25% que había acordado en los tiempos de Néstor Kirchner, y se vio obligado a presentarse en concurso.

Antes dejó claro que no podía seguir adelante sosteniendo ese porcentaje por la manera en que se decidió reestatizar la petrolera y la prohibición explícita del Gobierno argentino de redistribuir dividendos en la nueva YPF. La causa se basa en el reclamo de Burford por la forma en que se nacionalizó la petrolera sin realizar una Oferta Pública de Adquisición (OPA), tal como figuraba en el estatuto definido en 1993 durante la privatización impulsada en la presidencia de Carlos Menem.

Allí el país se comprometía en la Bolsa de Comercio de Nueva York, a que cualquier operación de adquisición posterior de una porción de la petrolera argentina obligaba a hacer una oferta por el total de las acciones del mercado.

Un especialista

La demanda fue iniciada por un especialista mundial en este tipo de batallas: el fondo Burford Capital, dedicado a comprar juicios alrededor del mundo a particulares y compañías en crisis, pero que tienen causas más o menos sólidas para litigar en los tribunales internacionales.

El presidente Alberto Fernández deberá decidir si llega a un acuerdo con los fondos Burford y Eton Park y decide dejarle la "bomba" al próximo Gobierno.

Lo que ofrece Burford es dinero al contado, a cambio de la venta de la totalidad o parte de los derechos de estas causas. Burford, un gigante financiero con espaldas amplias, luego aplica el profesionalismo de sus abogados internacionales con toda la paciencia del mundo para esperar los fallos finales. De hecho, esta causa comenzó a ser negociada por Burford en junio del 2013; con lo que pudo esperar una definición desde hace ya nueve años.

El reclamo original del fondo es por los posibles daños generados al resto de los accionistas de la petrolera argentina, luego del pago que se le hiciera a los españoles de Repsol por la reestatización del 49% de YPF en 2012. Burford le había comprado a dos empresas españolas, Petersen Energía S.A.U. y Petersen Inversora S.A.U. (sin vinculaciones ya en ese momento con el grupo argentino Petersen), el privilegio de presentar un caso contra la República Argentina y contra YPF, luego de la expropiación de Repsol en 2012.

Finalmente, el 11 de julio la compañía anunció que había comprado al fondo estadounidense Eton Park Capital una participación del 70%, en un caso similar presentado contra el soberano e YPF en 2016.

El Grupo Petersen quedó ahora absolutamente fuera del reclamo y de los derechos a cobrar, con lo que el gran misterio (por ahora) de esta megacausa es quién es el socio de Burford en los reclamos. Esta persona (o personas) o sociedades recibirán, si Argentina pierde el juicio, miles de millones de dólares que tendrá que pagar el país.