Aún falta lo peor: Sergio Massa ordenó prudencia ante la colocación de deuda en pesos
Para el Ministerio de Economía fue una revancha. Y algunos de los integrantes del equipo del ministro Sergio Massa querían hacer pública cierta euforia; pero recibieron la potente negativa de su jefe. Nada de exposición.
No por no tener ganas de salir a "facturar" la tenue victoria de la colocación de este miércoles. Sino porque, en palabras del propio equipo "el partido recién empieza. Y falta lo peor".
El resultado de la colocación de deuda que ayer hizo el Gobierno al mercado financiero finalmente resultó exitoso. El Palacio de Hacienda necesitaba renovar deuda por unos $ 294.398 millones, y logró recibir préstamos por unos $ 401.680 millones. Logró así que se le acreditaran unos $107.282 millones extras, que serán utilizados para enfrentar los vencimientos de marzo; mes en el que el panorama no resulta tan amenazante.
El hecho de haber recibido dinero por encima de lo necesario, aunque no haya sido de una manera exuberante; representa (a los ojos de la gente de Massa), la mejor refutación ante la acusación directa que los economistas de Juntos por el Cambio(JxC) sobre la inminencia de una catástrofe financiera ante la evolución de la deuda en pesos que debe renovarse.
La del miércoles fue la primera operación post denuncia de los economistas opositores, y el hecho que el mercado haya renovado la confianza en Massa, el secretario de Finanzas Eduardo Setti y el resto del equipo, y renovado la demanda en los polémicos papeles de deuda en pesos; fue tomado como un triunfo casi personal por los integrantes de la mesa colocadora de letras y bonos oficiales.
Sin embargo, la orden de prudencia parece la adecuada. El problema de la deuda de este año comienza realmente en abril cuando los vencimientos empiecen a crecer de manera casi exponencial, sumando además altos niveles de compromisos con privados.

Ese mes deben liquidarse unos $1.271 millones ($400 millones con privados), unos $1.228 millones en mayo ($800 millones con privados), $1.874 millones en junio ($800 millones con privados), $3.320 millones en julio ($1.300 millones con privados) y $2.995 millones en agosto ($1.100 millones con el sector privado).
En total la suma es escalofriante: unos $15.142 millones de vencimientos en moneda local, en el período en el que, además, el oficialismo se jugará su continuidad en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Tanto en el Palacio de Hacienda como en el mercado de capitales local califican al calendario como un Everest Financiero de muy difícil (pero no imposible) resolución. Más, teniendo en cuenta las dificultades políticas con las que deberán lidiar Massa y Setti.
Todos saben que sin confianza en el futuro político, semejante renovación de deuda será de reconversión más que dura.
Sin embargo, desde Finanzas se piensa en enfrentar el dilema desde dos puntos de cierta expectativa de fortaleza. En primer lugar, se trata de papeles que en un 55% está en poder de entidades públicas, comenzando por Anses y siguiendo por bancos públicos en general y alguna provincia de las más relevantes en términos de actividad económica.
Luego, entre los privados, hay un porcentaje mayor al 30% en poder de compañías de seguros, que suelen seguir las órdenes oficiales en cuanto a la toma de bonos y letras en sus carteras. Es una manera de contar siempre con liquidez para su operatoria habitual, dado que los gastos del sector son siempre en moneda local.
Otro puñado similar de papeles está en poder de bancos privados, los que también pueden escuchar las propuestas que en su momento Massa y Setti tengan para hacerles, más en tiempos de convulsión política. Aprendieron los bancos a no ser tomados como los enemigos de la estabilidad, más en tiempos de elecciones.
Finalmente, quedan las tenencias de fondos de inversión, algunos extranjeros que permanecen en inversiones locales, los cuales son de reacción imprevisible. Sobre este público será donde deberá actuar y convencer Massa para la renovación de semejante nivel de deuda.



