La economía de 2022: los dos momentos en que estuvimos en serio peligro
"Estuvimos al borde de una hiperinflación", aseguró el ministro de Economía Sergio Massa el 31 de octubre del 2022. No fue el único, días después se sumó uno de sus principales colaboradores en la cartera económica.
“Teníamos una situación preinflacionaria en julio, la situación se desbordó y el riesgo de hiperinflación era inminente. Lo hemos reducido, aunque no eliminado, cada vez que hablemos de inflaciones anuales estamos coqueteando con la hiperinflación, pero por lo menos hemos reducido en forma significativa con distintas acciones” dijo el secretario de Programación Económica y número dos del ministerio, Gabriel Rubinstein el 3 de noviembre de este año.
El ministro de Economía habló en una entrevista televisiva y ante un empresario de alto nivel. Su viceministro eligió una visita al Congreso para defender los números del proyecto de ley de Presupuesto para el 2023.
Lo cierto es que ambos, pasados algunos meses, reconocieron la alternativa real que el país estuvo por vivir este año: la posibilidad de un descarrilamiento de la economía y el peligro concreto de un proceso de desenfreno de la inflación hasta, no menos, de un 150% anual. Situación que el país estuvo por vivir dos veces.
Acuerdo con el Fondo
La primera por la crisis desatada en marzo ante el debate interno en la coalición gobernante ante la necesidad de aprobar, o no, el programa Facilidades Extendidas negociado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La segunda, ante la salida traumática de Martín Guzmán del Ministerio de Economía y el interinato de tres semanas de Silvina Batakis.
En el primer caso, la aprobación del acuerdo en el Congreso salvó la situación. En la segunda, la llegada de Sergio Massa y la ratificación de un trío de medidas ortodoxas impidieron un desenlace terminal.
Guzmán había terminado de negociar los lineamientos generales del acuerdo de Facilidades Extendidas en febrero del 2022. El propio ministro hablaba en esos tiempos que, en realidad, para noviembre del año anterior ya estaba todo discutido y definido, y que desde Washington ya se le había aclarado, tanto al Palacio de Hacienda como a la Casa Rosada y el kirchnerismo, que no había alternativa para poder discutir mejoras a lo que mandaban los libros del organismo financiero.
Martín Guzmán le reconocía en esos días al presidente Alberto Fernández que la posibilidad de una reducción de las tasas de interés o la mejora en las condiciones de objetivos eran condiciones imposibles de aceptar por parte del FMI, con lo que la única alternativa era firmar un Facilidades Extendidas del estilo clásico.
Aseguraba Guzmán en aquellos días que el kirchnerismo en general y Cristina Fernández de Kirchner en particular siempre estuvieron al tanto de las negociaciones y las condiciones. Desde el despacho de la vicepresidenta negaron la versión y afirmaban que fue una reunión pedida por Axel Kicillof la que terminó de alertarla sobre supuestos términos ocultos que el entonces ministro de Economía estaba cerrando con el FMI.
El resto de la historia es conocida. Guzmán terminó por cerrar el acuerdo de Facilidades Extendidas, el kirchnerismo anunció que votaría en contra en el Congreso y el Ejecutivo terminó negociando con la oposición el apoyo legislativo necesario para que el acuerdo se aprobara.
Fue a instancias de Sergio Massa que tomó las conversaciones con la oposición de manera personal, con una condición: que Guzmán no pisara el Congreso. Finalmente, el 25 de marzo se firmó el acuerdo en el Board del FMI y el programa de Facilidades Extendidas comenzó a regir la vida económica del país.
La segunda quincena de enero o la primera de febrero, se anunciará que el país cumplió con las metas pactadas con el Fondo. Mirando hacia atrás, los analistas no tienen dudas sobre lo que hubiera sucedido si el país llegaba al default con el FMI en la última semana de marzo 2022, cuando debía pagar unos U$S 4.800 millones por la primera cuota del año del crédito Stand By firmado con el Fondo con el gobierno de Mauricio Macri.
Cristina eclipsada
El segundo episodio se dio días después. El 2 de julio del 2022 renunció Martín Guzmán. Era sábado, en una tarde donde Cristina Fernández de Kirchner había programado un acto político. El ministro eligió ese día y ese momento para publicar una carta con la que eclipsó el mensaje de la vicepresidenta.
Contaría la crónica que Guzmán provocó el hecho, luego de una charla telefónica frustrada con Alberto Fernández, y después de una semana donde le exigió al Presidente el manejo absoluto del Banco Central y la Secretaría de Energía.
La demora del jefe de Estado en tomar esas decisiones, provocaron la renuncia del ministro. Ese fin de semana de crisis hubo ofrecimientos a cinco economistas para ocupar el Palacio de Hacienda, sin que ninguno aceptara. Cada uno con sus argumentos.
Finalmente, y casi cuando el domingo terminaba, Silvina Batakis dio el sí y se convirtió en ministra de Economía. Siguieron tres semanas donde la ahora presidenta del Banco Nación llamó a una reunión de gobernadores para anunciarles un ajuste fiscal inevitable, a la que concurrieron sólo cuatro responsables de manejar provincias.
Escalada cambiaria
La negativa de recibirla de Cristina Fernández de Kirchner y de cualquier referente de esa corriente y las continuas críticas al acuerdo con el FMI (la base de la gestión Batakis) provocaron que el dólar pasara de los 239 pesos del 3 de julio a un récord de 349 tres semanas después.
Todo en medio de un frio polar entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Los operadores se preparaban para lo peor y ya se hablaba de colisión de poderes y estallido político de la coalición gobernante. Y de consecuencias inmanejables en la economía cambiaria.
Sergio Massa negoció en el peor momento su llegada al Gobierno, exigió renuncias varias (comenzando por la de Daniel Scioli al ministerio de la Producción), lanzó al asumir un canje de deuda interna en bonos y letras, viajó rápidamente a Estados Unidos para cerrar con el FMI y la secretaría del Tesoro y arregló los términos del dólar soja primera versión.
En una semana la cotización del dólar Blue perforó hacia abajo los 300 pesos y comenzó un período de estabilidad de tres meses. Por segunda vez en el 2022 se evitó una crisis, que el propio ministro y su número dos reconocieron, podría haber llegado a una hiperinflación.