Sergio Massa y el BCRA, con un ojo en los dólares de las reservas y otro en el mapa de lluvias
Un enemigo impersonal pero implacable e imposible de enfrentar, amenaza la estabilidad cambiaria y financiera del Gobierno para cerrar el 2022 y enfrentar el primer semestre del 2023.
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Y en consecuencias las posibilidades políticas y electorales para el oficialismo para el próximo año; cuando, el peronismo en general y el kirchnerismo en particular, se juegue su destino. Y su futuro. Quedan unos 30 días. No más. En ese tiempo contando a partir de hoy, el destino debería cambiar las señales con Argentina, y comenzar a llover en la denominada Zona Núcleo del país.
Esto es, la región sojera y maicera más activa y productiva. Ésa que debe generar los dólares necesarios para, al menos, empatar la demanda de divisas para la primera parte del 2023; el tiempo donde además los argentinos comenzaremos a definir los votos.
Según la información que manejan las entidades que representan a los productores, más algunos analistas que evalúan permanentemente la evolución de las decisiones de inversión y los futuros de las campañas, son pesimistas. Hablan de la necesidad imperiosa de que comience a llover, y no de una manera tenue sino profunda; para que la campaña 2023 se salve y pueda competirle a la de las últimas temporadas.
Un revival de 2018
Pero si esto no se produce, la amenaza es enorme y la temporada podría terminar en rojo profundo. Si bien no se habla de la repetición del lamentable 2017- 2018; cuando durante el gobierno de Mauricio Macri se perdieron unos U$S 8.000 millones totales.
Un dinero que, al ser contabilizado al comienzo del 2018, determinó que el Banco Central no podría alcanzar el nivel suficiente de reservas para poder enfrentar los vencimientos del primer semestre de ese ejercicio.
Eso llevó al entonces ministro de Finanzas Luis Caputo a acelerar a enero la colocación de deuda programada para el resto del 2018, una señal que los mercados interpretaron como una debilidad importante y dieron el alerta sobre la falta de espaldas del gobierno de Macri para continuar con su estrategia financiera y cambiaria.

Luego, en abril, comenzó la salida de tenencias de bonos en pesos, el cambio en dólares, el inicio de una corrida y la aparición de la crisis que luego derivó en el crédito Stand By con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El resto es historia conocida.
Nubarrones en el horizonte
Si bien no se cree que las pérdidas para este año fruto de la sequía alcancen los U$S 8000 millones que le faltaron a Macri en 2018; si no llueve en 30 días el número podría acercarse a los U$S 5.000 millones. Un dinero que el gobierno de Alberto Fernández necesita como el aire para poder sostener la política de estabilidad cambiaria iniciada por Sergio Massa en agosto pasado.
Su estrategia se basa en que el mercado acepte que los dólares disponibles en el BCRA serán suficientes para, aunque sea de manera lánguida, sostener un mínimo de importaciones de insumos para la industria y cumplir con los pagos financieros en divisas.
Esto, además de poder exponer ante el mercado local una fortaleza visual que despeje cualquier amenaza real o virtual de pulseada con los operadores financieros habituales, que miden permanentemente el aceite de las reservas para saber si es o no el momento de una pulseada de demanda de dólares.

Tanto Massa como el titular del Banco Central, Miguel Pesce, están al tanto del problema y monitorean permanentemente la situación. Miran tanto los números de liquidaciones y estabilidad financieras, como los mapas que llegan desde los organismos públicos que pueden medir y pronosticar la posibilidad de lluvias para la Zona Núcleo.
Ambas fuentes de información son hoy tan importantes una como la otra. Y se miden en divisas posibles o faltantes. Por las dudas, ambos funcionarios consideran otras opciones para 2023, que van desde nuevos préstamos de organismos financieros internacionales para atender importaciones industriales, avanzar con el siempre disponible pero nunca activado swap con China que suma contablemente unos teóricos U$S 20.600 millones, colocaciones de fondos de inversión (algún árabe por ejemplo) y adelantos de liquidaciones entre el menú disponible.
El problema es que cualquiera de estas decisiones requiere un volumen político que sólo podría aplicarse con el apoyo plenipotenciario del kirchnerismo. Hay tiempo aún. Los 30 días donde debería llover. Hay algo que ya no llegará. Ya se perdieron unos U$S 2.000 millones de la campaña del trigo. El antecedente es malo.



