Mundial 2026: una encuesta reveló cómo viven los argentinos cada partido de la Selección
Un relevamiento realizado en cinco países de Sudamérica mostró que, para los argentinos, el Mundial 2026 sigue siendo mucho más que fútbol.
Las reuniones familiares, las cábalas y el mate aparecen entre las costumbres más habituales de los argentinos durante el Mundial 2026.
Imagen creada por IA MDZHoy vuelve a rodar la pelota en el Mundial 2026 y, en miles de hogares argentinos, algunas decisiones ya están tomadas. No importa quién juegue ni en qué estadio sea el partido. Hay gente que sabe exactamente dónde se va a sentar. Otros ya eligieron la camiseta que usarán durante todo el torneo.
Y también están quienes, aunque juran no creer en las cábalas, repiten los mismos rituales cada cuatro años como si de ellos dependiera el resultado. La escena se repite desde hace décadas. El Mundial transforma rutinas, modifica horarios y consigue algo que pocas cosas logran en tiempos de pantallas individuales: reunir a varias generaciones frente a un mismo televisor.
Una encuesta realizada entre más de 7.000 aficionados de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú reveló que el 66% de los argentinos planea seguir los partidos junto a su familia, mientras que otro 32% prefiere compartirlos con amigos. Los datos confirman algo que cualquier fin de semana de Mundial permite comprobar a simple vista: para los argentinos, el fútbol sigue siendo una experiencia colectiva.
El living sigue siendo la tribuna más importante
La mayoría de los encuentros se verá desde casa. Lejos de los estadios de Estados Unidos, México y Canadá, el verdadero centro de operaciones estará en los livings, comedores y quinchos de todo el país.
Hay algo casi ritual en esa elección. El mismo sillón, la misma ubicación y, en muchos casos, las mismas personas. Para algunos, cambiar de lugar durante un partido favorable es impensado. Otros prefieren mantener intacta la rutina que funcionó en torneos anteriores. No se trata de lógica. Se trata de una tradición que mezcla superstición, costumbre y esperanza.
El mate, un protagonista silencioso
Si hubiera que elegir un objeto capaz de resumir una tarde mundialista en Argentina, probablemente sería un mate apoyado sobre la mesa.
La encuesta muestra que la infusión sigue ocupando un lugar central durante los partidos. Pero más allá de los números, el mate cumple una función que va mucho más allá de la bebida. Acompaña los momentos de tensión, ayuda a canalizar los nervios y se convierte en una excusa perfecta para compartir silencios cuando el partido entra en terreno desconocido.
Hay quienes ceban sin parar cuando el equipo domina. Otros apenas pueden sostener el termo durante los minutos decisivos. Como ocurre con tantas costumbres argentinas, el mate termina adaptándose al estado emocional de cada encuentro.
Las cábalas que nadie reconoce, pero todos respetan
La encuesta también dejó una conclusión curiosa. Aunque la mayoría asegura no tener rituales específicos, las cábalas siguen apareciendo por todos lados.
Usar siempre la misma camiseta, repetir una determinada comida antes de cada partido, evitar ciertos comentarios o mantener una ubicación fija frente al televisor son algunas de las prácticas más comunes. También crecen las promesas vinculadas a una eventual consagración de la Selección.
Lo llamativo es que muchas de estas conductas conviven con la certeza de que no influyen en el resultado. Sin embargo, pocos están dispuestos a abandonarlas. Tal vez porque las cábalas nunca tuvieron que ver con la razón. Funcionan como una manera de sentirse parte del juego cuando la distancia con la cancha es de miles de kilómetros.
Un mes capaz de alterar cualquier rutina
La influencia del Mundial tampoco termina cuando empieza la jornada laboral. Según el relevamiento, seis de cada diez argentinos reconocen que probablemente seguirán partidos durante el horario de trabajo.
La imagen no resulta extraña. Oficinas que improvisan pantallas, reuniones que se reprograman y grupos de compañeros pendientes de una misma transmisión forman parte de una postal que ya se volvió habitual en cada Copa del Mundo.
Porque para los argentinos el Mundial nunca fue solamente una competencia deportiva. Es una costumbre compartida, una conversación permanente y una excusa perfecta para volver a reunirse. Y aunque cambien los jugadores, las plataformas o los horarios, hay algo que parece mantenerse intacto: la necesidad de vivir cada partido acompañado por esas pequeñas tradiciones que hacen sentir que, de alguna manera, todos juegan un poco desde casa.