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Mundial 2026: es rechazo, bronca, desprecio o quizás respeto y hasta admiración

Cuando se producen eventos de repercusión mundial, se viene acentuando un sentimiento antiargentino, que se profundiza en varios países latinoamericanos.


Cuando se producen eventos de repercusión mundial (el campeonato de fútbol que se está desarrollando en EEUU es uno de ellos), se viene acentuando un sentimiento antiargentino, que se profundiza en varios países latinoamericanos.

El fútbol es el deporte más popular a nivel mundial y el que desata pasiones indescriptibles, imprevisibles y actos que despiertan asombro, como el de aquellos aficionados que venden todas sus pertenencias para acompañar algún o algunos partidos a su equipo nacional o aquellos que viajan en motos e incluso bicicleta durante meses para llegar al lugar de la cita mundialista.

De locos apasionados se los califica.

Con los últimos éxitos del seleccionado nacional -dos Copas América, la Finalissima ante Italia, el trofeo máximo en Qatar y las cinco jornadas disputadas en el país del Norte- la inmensa mayoría de ciudadanos de Chile, México, Colombia, también numerosos uruguayos y varios brasileños, han hecho público su deseo expreso y ferviente de ver a Argentina derrotada.”Son inaguantables, insoportables”, se expresan frente a micrófonos de radios y emisoras de TV y por las redes sociales. “Queremos verlos derrotados, vociferan”.

El Mundial 2026 y el sentimiento antiargentino

¿Por qué hermanos latinoamericanos trasmiten tanta aversión?

Obviamente alguna conducta altanera, prepotente y soberbia nos ha enmarcado. Nos hemos demostrado superiores. ¿De qué y por qué? Nuestro último derrotero de más de 90 años no da espacio a ningún argentino a vanagloriarse genuinamente de casi nada y en sentido general.

En la decadencia a la que cayó el país, con indices vergonzantes de indigencia, pobreza, falta de crecimiento, incumplimientos seriales, falta de alfabetización y varios pesares más, no da lugar a ningún atisbo de superioridad ni autocelebración.

Messi, el máximo ídolo del fútbol contemporáneo y sus compañeros de la Scaloneta y el cuerpo técnico encabezado por Scaloni son testimonio y ejemplo elocuentes de alegría inmensa en el triunfo, sin alardes exagerados ni desbordes innecesarios. Comparten como amateurs los triunfos, saltando y cantando frente a sus hinchas al final de cada luchado triunfo en este torneo.

La hinchada argentina

Los hinchas argentinos son pasionales, antes, durante y después de cada encuentro. Incansables. Es la hinchada que más canciones entona, con inventiva variada e incluso especial para cada ocasión. En esta oportunidad han impuesto “La cuarta estrella” como emblema coral, adoptada también por los jugadores en el estadio y en el interior del camarín.

Hay que reconocer una inventiva única. Quizás eso, más la reiteración de triunfos, sean también causa de repudio y rechazo exacerbado.

Hay en el denuesto colectivo, un sesgo de exageración y también de respeto y envidia (definámosla como sana) frente a los éxitos argentinos.

Exageran mexicanos, colombianos, chilenos, uruguayos cuando confiados preanuncian éxitos máximos en la cita futbolística. Ser campeones del mundo es de dificultad extrema y requiere también tradición, prosapia, antecedentes y presente real. Todo eso no se da en las selecciones que llevan al paroxismo fanático a sus connacionales. Hay que haberlos conseguido y no en tiempos tan lejanos o inventar estrellas, como los hermanos uruguayos. Un Juego Olímpico no es un campeonato del mundo.

La consiguiente frustración actual los hunde en desazón, por la exagerada pretensión y además aviva y recrudece el espíritu antiargentino, que fue el último campeón y, para mayores, es el único país de América que está entre los ocho mejores del torneo.

Es demasiado para vecinos latinoamericanos que esperaban mucho más. Los argentinos debemos estar orgullosos de lo conseguido con anterioridad y de lo logrado hasta ahora. También cautos y medidos. Alegría sin alardes ni ofensas y esperanza razonable, sin exageración.

Confiados en la calidad del seleccionado, pero sabiendo que enfrente hay adversarios enjundiosos y de calidad, con deseos válidos y muchos de ellos, con antecedentes e historia suficientes. Es posible ser derrotados.

La bronca de quienes nos denuestan puede guardar en su interior, también, algo de respeto y admiración. El equipo argentino logró éxitos en el pasado cercano y permanece victorioso en el presente. La hinchada está siempre, acompaña con su repertorio único de cantos, al que siempre agrega uno nuevo para la ocasión y “hace el aguante” en la previa con banderazos, durante el partido y en el post hasta quedar afónicos y exhaustos.

Eso realmente distingue a los argentinos. Quizás les gustaría, a quienes nos repudian, emularlos y superarlos en inventiva y persistencia. Ahí puede haber reconocimiento y “ sana envidia”. Seamos medidos y respetuosos. Nos alcanza y sobra con las alegrías disfrutadas.

Los argentinos debemos participar con toda esa batería de acompañamiento, persistencia, creatividad y pasión propia, sin excedernos ni agraviar a nadie. El sólo hecho de estar y triunfar es suficiente.

Disfrutemos de lo logrado y del presente, sin exageraciones, desprecios, ni apelaciones peyorativas innecesarias.

Desde ese lugar y sin creernos superiores, que no lo somos, quizás podamos menguar tanta bronca explícita contra lo nuestro.

Ni exultantes desmedidos en la victoria ni depresivos profundos en la derrota. Es sólo fútbol y la vida continúa, para nosotros y nuestros vecinos. Habrá más oportunidades para todos.