Luis Islas profetizó sobre Argentina en el Mundial 2026: "Tiene muchos argumentos para volver a ser campeona"

Luis Islas, campeón del mundo en México 86, repasó su carrera, habló de Maradona, Bilardo, la Selección y su sueño de conducir Independiente.

Luis Islas, campeón del mundo en 1986, analizó el presente de la Selección para el Mundial 2026.

Luis Islas, campeón del mundo en 1986, analizó el presente de la Selección para el Mundial 2026.

Agustín tubio/MDZ

Luis Islas es palabra autorizada dentro del fútbol argentino. Campeón del mundo en México 1986, arquero titular de la Selección en Estados Unidos 1994 y protagonista de una generación histórica, el exarquero surgido en Chacarita recuerda cada etapa de su carrera con la misma pasión con la que vivió dentro de una cancha.

En esta entrevista, Islas habla del camino hacia el Mundial de 1986, de la intensidad de Carlos Bilardo, del impacto emocional que provocó el doping positivo de Diego Maradona en 1994 y de la actualidad de la Selección argentina. También deja definiciones contundentes sobre Independiente, club al que asegura llevar “grabado a fuego” en su vida.

Mirá la entrevista completa con Luis Islas

Entrevista Luis Islas

¿Qué se siente ser campeón del mundo?

— Ser campeón del mundo es para toda la vida. Es algo imborrable, algo que te va a quedar grabado. Yo siempre digo que entrás a la AFA y están los campeones del mundo en una placa. También te digo que para ser campeón del mundo hay un camino hermoso, pero con dificultades, con problemas, con derrotas, con triunfos, con buenos y malos momentos. Lo que pasa es que el objetivo de ser campeón del mundo es tan grande, tan importante, que uno también deja muchas cosas de lado: la familia, mucho tiempo. Calculá que, en mi caso personal, fui campeón del mundo con 18 para 19 años. Estuvimos tres meses concentrados, dejé de salir, de disfrutar la vida que disfruta un chico de 18 años. Pero como el objetivo es tan grande, todo vale la pena. Así que ser campeón del mundo es grandeza total, mi orgullo total.

¿Creés que a veces la gente es un poco ingrata con el arquero campeón del mundo al que quizás no le tocó jugar en ese campeonato y se lo desconoce, como a veces pasa con Armani?

— No, no, realmente no. Porque yo he tenido la suerte de jugar Mundiales, otros no, y uno cuando ya es jugador de Selección, cuando ya está compartiendo ese plantel con el resto de los jugadores, son todos de la misma manera. Todos son campeones del mundo. Para mí, fijate cuando dicen “campeón del mundo”: Armani es campeón del mundo. Armani es arquero de Selección, como otros jugadores también. El objetivo es muy grande y el camino es de mucho trabajo, de mucha sana competencia. Para que Armani no juegue y juegue otro, tiene que haber existido esa competencia que Armani le dio al otro para mejorar. Yo creo que los campeones del mundo son identificados todos los que están convocados.

Todo el camino hacia el 86 fue complicado. Se clasifica sobre el final en el partido contra Perú. ¿Cómo fue todo ese camino? Y después un equipo que, al contrario de la Eliminatoria, juega sus mejores siete partidos.

— Es verdad. Bueno, es un poquito lo que desarrollamos al principio. Para ser campeón del mundo es un camino largo y por momentos no muy bueno. Esa Selección era muy criticada. Me acuerdo de que yo estaba en el banco, era muy pibito, en cancha de River contra Perú, un día de lluvia, donde podías quedar afuera de un Mundial. Es decir, podías quedar afuera y después esa misma Selección, con algunas modificaciones, fue el equipo que nos ilusionó a todos. Por eso la fuerza, la fortaleza del campeón del mundo, del jugador y del entrenador, es una fortaleza distinta a la de un equipo de fútbol. Ser campeón del mundo, jugar en la Selección Argentina, requiere tener un plus distinto a lo que es un campeonato local. Eso está clarísimo.

Bilardo te lleva a vos en el 83 para Estudiantes. Te llevó al Mundial del 86. ¿Qué pasó en el 90?

— Bueno, primero Bilardo. Para mí, uno de los mejores entrenadores que he tenido. Yo aprendí mucho de él y tengo muchas cosas de él. Como entrenador, para mí, es uno de los mejores. Él me va a buscar a Chacarita a los 16 años, me lleva a Estudiantes y me hace debutar en la Selección Argentina a los 17 años. En el Mundial 90 yo ya no era ese pibito que uno pensó en ese momento. Ya tenía siete, ocho o nueve años de carrera, estaba jugando en Europa y había sido elegido el mejor arquero del fútbol español. Entonces yo ya consideraba que tenía que tener la posibilidad. Y Carlos, que lo sabe porque yo se lo dije, comete un error. Cuando me convoca al Mundial 90 me llama, hablo telefónicamente con él y me dice: “Luis, estás convocado a la lista final”. Pero él me hace una aclaración que para mí es donde se equivoca. Me dice: “Mirá que el primer partido no lo jugás”. Entonces a mí me quitó la ilusión. No me quitó la ilusión de ir. Si a mí me decía: “Luis, estás convocado”, yo iba feliz de la vida. Si jugaba, jugaba, y si después jugaba un compañero iba a acompañar y apoyar. Pero al quitarme esa ilusión de no jugar el primer partido, tomé la decisión de decir: “No, entonces si me quitás la ilusión, no”. Yo digo que todo lo que hacemos en la vida es con ilusión, capacidad y respeto. Pero la ilusión es algo fundamental y ese fue el motivo. Si no, hubiese sido mi cuarto Mundial. ¿Sabés lo que es jugar cuatro Mundiales? Es mucho. Está bueno, está bueno.

Luis Islas Recorte 1

¿Y cómo era la convivencia con Bilardo?

— Hermosa, fantástica. Yo digo que es uno de los mejores entrenadores que he tenido. Mucho trabajo, mucho trabajo. Hay algo que yo no hago como entrenador y es quizás sobrecargarse de trabajo. A veces te sobrepasaba de información y de tiempo, y por momentos era un poco agobiante. Pero era un fenómeno. Tenías una convivencia extraordinaria, sabías a la perfección lo que tenía que hacer tu equipo y lo que te iba a hacer el rival. Tenías muchísima información y el trato era el de un tipo humilde, respetuoso. Jamás vi a Bilardo tener un conflicto con algún compañero. Vuelvo a repetirlo: para mí, uno de los mejores entrenadores.

¿Y cómo fue el paso de un trabajo tan intensivo como el de Bilardo al de Basile, que quizás tenía una línea un poco más laxa?

— Estás hablando de otro gran entrenador. Y aparte tenían una gran virtud: compartían el mismo preparador físico, el profe Echeverría, un tipo extraordinario, una persona fantástica, con un manejo de grupo extraordinario. El Coco tenía su gusto futbolístico y un manejo de grupo espectacular. Era más simple, no tan agobiante, pero eficaz al cien por ciento. Esa Selección del 94 tenía infinidad de argumentos futbolísticos para ser campeona del mundo. Jugaba muy bien. Tenía jugadores riquísimos individual y colectivamente. Otro entrenador que yo respeto muchísimo.

Después de lo de Maradona, el doping positivo de Diego, llegan dos derrotas consecutivas contra Bulgaria y Rumania. ¿Cómo se vivieron esos días que terminaron con la eliminación?

— Yo creo que no es casualidad. Fijate que arrancamos ganándole 4-0 a Grecia, después le ganamos 2-1 a Nigeria, que es cuando da el doping positivo postpartido Diego. Y después ese equipo se cayó. No desde lo futbolístico, porque éramos los mismos jugadores, pero anímicamente nos golpeó mucho. Hasta el día de hoy, personalmente, tengo muchas dudas sobre qué fue lo que pasó. Diego estaba muy bien, estábamos muy bien todos. Y hasta hoy me permito tener dudas. Pero golpeó muchísimo. Nos enteramos postpartido. Ya había un clima raro, de que quizás nos suspendían, nos sacaban del Mundial, nos quitaban puntos. Y lo que recuerdo es que tipo tres de la mañana estábamos durmiendo cada uno en su habitación. Nos llaman a las tres y ahí nos confirman todo. Fue durísimo. Fue un golpe anímico tremendo. Nos habían tocado a nuestro líder, a nuestro jefe.

Vos compartiste muchos momentos de la vida de Maradona: 86, 94, después Emiratos y México. ¿Cómo era vivir y trabajar con Maradona?

— Como jugador, tenerlo en tu equipo era un placer enorme. Un jugador superlativo, un jugador que sabías que en cualquier momento te rompía un sistema defensivo y te hacía ganar un partido. Eso era Maradona. Después, como compañero, un tipo excepcional. La simpleza y la humildad de los grandes. Nunca te hacía sentir la diferencia que todo el mundo notaba con él. Era uno más. Comía lo mismo que nosotros, en el mismo lugar que nosotros. Realmente yo lo extraño muchísimo, lo quiero muchísimo y lo respeto muchísimo. Y después, cuando empecé a dirigir con él, si vos me tenés que nombrar una palabra que nos identificaba como entrenadores, era la pasión que tenemos por el fútbol. La pasión que él tenía por el fútbol era algo muy fuerte. Después él tenía su manera de trabajar y yo mi manera de trabajar, y ahí hacíamos un combo muy bueno porque nos fue muy bien. El día a día con Diego era el trabajo cotidiano con una persona normal, aunque uno sabía que no era normal. Pero él te hacía sentir uno más. Yo digo que esa es la humildad de los grandes. Por ejemplo, ganaba nuestro equipo y los periodistas decían: “Ganó el Dorados de Diego”, y él respondía: “No, de Luis y de Diego”. Esa es la grandeza de los grandes de verdad. Yo lo extraño mucho, mucho.

Y sacando a Maradona, ¿cuál considerás que fue el mejor jugador con el que compartiste una cancha?

— Sacando a Diego… Diego no se puede comparar. No se puede comparar. Después jugué con muchísimos grandes jugadores. Yo siempre hablo del Bocha, aunque jugué mucho más con él en Independiente que en la Selección. También el Pájaro. Es difícil elegir porque jugué con futbolistas de un nivel y una jerarquía muy altos. Y hoy veo a la Selección Argentina y me encanta. Tiene argumentos futbolísticos de sobra para ser campeón del mundo y bicampeón de América. Y me permite soñar con que vamos en búsqueda de otra Copa del Mundo. Los veo como un equipo riquísimo individual y colectivamente, con un cuerpo técnico muy inteligente. Y también veo a los jugadores con hambre, con hambre de ir de vuelta por más. Entonces me encanta, me encanta, me encanta.

¿Vos considerás que Argentina puede ser campeón del mundo?

— Sí, claro. Pero no lo digo solamente como argentino o como hincha, te lo digo como entrenador. Yo analizo a Argentina futbolísticamente y digo: "claro que tiene muchos argumentos para volver a ser campeona del mundo". Quizás estos últimos partidos me hubiese gustado, y creo que a todo el mundo también, verla jugar contra alguna selección un poquito más compleja. Pero confío cien por ciento en esta Selección Argentina y también confío muchísimo en el cuerpo técnico.

Luis Islas Recorte 2

¿A cuál le tenés miedo de los que están en el Mundial?

— No, miedo ninguno. Respeto a todos, miedo a ninguno. Futbolísticamente hablando, hoy España es un equipo interesante. Francia es un equipo interesante. Argentina es un equipo interesante, pero con una personalidad distinta a la que tienen esas dos selecciones. Ahí puede marcar la diferencia.

Te tocó jugar en la Selección en una época en la que Brasil era un gran equipo. ¿Cómo lo ves ahora?

— Yo soy un tipo muy respetuoso. Respeto a todos los equipos y a todas las selecciones. Brasil sigue siendo una selección altamente competitiva. Pero hay una realidad futbolística: no es el Brasil que conocíamos hace tiempo atrás. Hoy no está en ese nivel futbolístico al que nos tenía acostumbrados. Eso no quita que en un Mundial siga siendo un equipo potente.

A vos te tocó desde muy chico formar parte de un plantel de Primera como Chacarita. ¿Cómo es entrar tan joven en un nivel de tanta competencia y exposición?

— No es fácil. Yo creo que a los 15 años un pibe no piensa demasiado. Esa juventud no te hace pensar tanto. Y yo creo que si me ponía a analizar bien lo que estaba viviendo, me iba a jugar en contra. Entonces me decían “jugá” y jugaba, no analizaba demasiado. Pero claro, empezar a competir contra Fillol o entrar a una cancha con 40 mil personas a los 15 años no era fácil. Pero lo pude llevar a cabo. Siempre tuve los pies sobre la tierra. Cuando era pibito, obviamente tenía otra adrenalina, pero siempre mantuve los pies sobre la tierra. Y hoy, con 45 años más, sigo pensando con más madurez, pero siendo el mismo pibito, hoy convertido en hombre, con un estilo de vida, una conducta y una serie de valores que nunca modifiqué.

¿Cuánto te afectaba o cuánto te costaba evitar el ruido de afuera de la cancha?

— Cuando era pibe no le prestaba atención. Disfrutaba jugar. Obviamente era lindo que la gente te reconociera y que el periodismo empezara a hacerte notas, pero nunca me sacó de eje. Hasta el día de hoy sigo siendo el mismo tipo, aunque más maduro. Los valores no se modificaron ni los modifiqué en mi vida. Para mí lo bueno es bueno y lo malo es malo. No trato de acomodar las cosas. Lo que está bien, está bien, y lo que está mal, está mal. Siempre tuve esa conducta desde pibito. No sé si se le puede llamar madurez, pero fue lo que me permitió estar tanto tiempo en el fútbol de alta competencia. Y hoy sigo manteniendo esa forma de ser.

Y para ir cerrando, me gustaría hablar un poquito de Independiente. ¿Cómo lo ves hoy?

— Independiente es el club que está grabado a fuego en mi vida. Hay dos o tres frases que yo tengo y que me salen desde adentro del alma: Independiente está grabado a fuego en mi vida y al hincha de Independiente jamás le fallaría. Jamás. No le fallé nunca al fútbol y a Independiente jamás le fallaría. ¿Cómo veo a Independiente? Hoy lo están lastimando demasiado. Le están haciendo mucho daño. Y hoy me siento preparado, capacitado, con ganas, con ilusión y con proyecto para decir basta. A Independiente no se le falta más el respeto. A Independiente se lo respeta. Y el socio y el hincha están acompañando mucho, están teniendo credibilidad conmigo y con la gente que me acompaña. Ojalá pronto podamos estar conduciendo una institución enorme, inmensa, y respetándola, no como lo vienen haciendo en los últimos años. Esa falta de respeto yo no la voy a permitir dentro del club.

¿Y hay alguien en Independiente con quien te gustaría sentarte y alguien con quien no te sentarías a charlar?

— Sí, claro. Con más de lo mismo, no. Con los que vienen lastimando al club desde hace muchos años, no, de ninguna manera. Siempre son los mismos. Vos mirás adentro y siempre son los mismos. Por eso lo nuestro es algo distinto. Lo nuestro es capacidad, conocimiento. Pero sobre todo respeto hacia las instituciones. Eso lo tengo grabado a fuego: a Independiente se lo respeta.