La increíble historia de la Copa Jules Rimet: robos, misterio y el argentino detrás de su desaparición
La primera Copa del Mundo sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, fue robada en Inglaterra, apareció gracias a un perro y terminó desaparecida en Brasil y fundida en una favela.
La antigua copa de los Mundiales cuenta con una história muy particular.
Con el Mundial 2026 cada vez más cerca, vuelven a aparecer las grandes historias que rodean a la Copa del Mundo. Algunas nacieron dentro de la cancha, pero otras se construyeron lejos. Entre ellas, una de las más particulares es la del primer trofeo mundialista: la Copa Jules Rimet, sus intentos de robo, los que se llevaron a cabo y el día que un argentino la fundió.
Antes de que se levante una nueva Copa en Estados Unidos, México y Canadá, la historia invita a mirar hacia el trofeo original del torneo. Su recorrido estuvo marcado por intentos de robo, años escondida dentro de una caja de zapatos, una aparición inesperada gracias a un perro y una desaparición definitiva.
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Antes de la Copa del Mundo que se conoce actualmente, el torneo entregaba un trofeo llamado “Diosa de la Victoria”, por la presencia de la diosa Nike en su diseño, creado por Abel Lafleur. Así se lo conoció hasta 1950, cuando pasó a llamarse Jules Rimet, en homenaje al presidente de la FIFA que impulsó la creación de la competición.
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El primer intento de robo de la Copa Jules Rimet
En los primeros años del Mundial, el equipo campeón tenía derecho a conservar el trofeo durante los cuatro años posteriores a su consagración. Por eso, desde 1934 hasta 1942, Italia estuvo a cargo de su cuidado, luego de ganar las ediciones de 1934 y 1938.
Cuando la Copa debía ser devuelta antes del Mundial de 1942, se desató la Segunda Guerra Mundial y el trofeo permaneció durante casi una década bajo custodia italiana. En medio de los robos de objetos de valor que se producían durante esos años, Ottorino Barassi, vicepresidente de la Federación Italiana de Fútbol, tomó una decisión clave: no guardarla en una bóveda de banco, sino en su propia casa, previniendo un posible robo.
El dirigente decidió esconderla debajo de su cama, dentro de una caja de zapatos. En 1941, durante una revisión en su casa, la Copa no fue encontrada y así evitó ser robada por miembros de la Gestapo. Recién en 1947, dos años después del final de la guerra, fue devuelta a la FIFA.
El robo en Inglaterra antes del Mundial 1966
Años más tarde, la Copa Jules Rimet volvió a quedar en el centro de la escena. En 1966, antes del Mundial que se disputó en Inglaterra y que luego ganaría el seleccionado local, el trofeo fue robado en un centro de exhibiciones en el Central Hall Westminster, en Londres.
La investigación tuvo varios capítulos. El presidente de la federación recibió una carta del supuesto ladrón y se pactó un encuentro para recuperarla a cambio de dinero. Sin embargo, tras su detención, se comprobó que esa persona, identificada años más tarde como Sidney Cugullere, finalmente no tenía el trofeo.
La Copa terminó apareciendo de una manera inesperada: fue encontrada por un perro, que recibió un premio de comida de por vida por parte de una marca de alimento para perro, envuelta en papel de diario.
El segundo robo y el argentino involucrado en la desaparición
Después de que Brasil se consagrara campeón por tercera vez, se tomó la decisión de obsequiarle la Copa por haber sido el primer seleccionado en lograrlo. Por lo que el trofeo quedó en exhibición en la Confederación Brasileña de Fútbol desde ese entonces hasta que trece años más tarde, volvería a sufrir un robo.
La noche del 20 de diciembre de 1983, un grupo de hombres planeó robarla junto a otros trofeos que se mostraban en la CBF. Ingresaron al lugar, se enfrentaron con los guardias, forzaron las cajas de seguridad y lograron llevarse la Jules Rimet que la FIFA le había entregado a Brasil por ser el primer tricampeón.
Días después, tras una larga investigación, fueron detenidos tres implicados: José Luiz Vieira da Silva, el ex policía Francisco José Rocha Rivera y otros involucrados en el hecho. Los acusados confesaron haber robado el trofeo y también haberlo fundido.
En esa parte de la historia apareció un argentino: Juan Carlos Hernández, un joyero que fue señalado como cómplice en la desaparición de la Copa. Años después fue detenido y recibió una condena de tres años de prisión.
Así, la Jules Rimet pasó de ser el primer gran símbolo de la Copa del Mundo a convertirse en uno de los trofeos más misteriosos de la historia del fútbol: escondida durante la guerra, robada en Inglaterra, recuperada por un perro y finalmente desaparecida en Brasil, en un caso que también tuvo participación argentina.