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Gustavo Alfaro, el profesor que aprendió la lección y hace historia en Paraguay

Del 1-4 con Estados Unidos al histórico triunfo ante Alemania pasaron apenas 17 días. En el medio, trabajo, aprendizaje y nada de utopías. Para Chila.


En el día 2 del Mundial 2026, MDZ eligió a Mauricio Pochettino, el seleccionador de Estados Unidos, como el mejor del día. La victoria de su equipo ante Paraguay por 4 a 1 generó sensaciones por el entrenador santafesino y catapultó al fango a Gustavo Alfaro por la dura derrota en el debut. En 17 días, todo cambió. O casi.

Con paciencia, sosiego, resistencia y mucho, pero mucho trabajo, el director técnico argentino logró salir del pozo a donde se metió luego de ese inesperado primer partido, y este lunes llevó a la selección guaraní a conseguir un triunfo inolvidable ante Alemania por los 16avos de final del Mundial.

De la mano del seleccionador argentino, Paraguay logró el triunfo más importante de su historia.

Durante todo ese lapso, sobrellevó las más fuertes tormentas, con una profunda crítica de parte de los medios paraguayos ante tamaña decepción, esquivó algunas esquirlas por el esquema que presentó en el 0 a 0 ante Australia, y empezó a construir algo mucho más consistente y duradero tras la épica tarde en Foxborough, en donde el profesor cazó una nueva utopía.

Gustavo Alfaro, el profesor que aprendió la lección

Viernes 12 de junio. Calor insoportable. Entretiempo en el estadio SoFi de Los Ángeles. Estados Unidos 3- Paraguay 0. Rostros de resignación, caras de frustración, y hasta alguna mueca de sorpresa. El equipo más duro del continente era goleado por una selección cuya historia en el planeta fútbol empezó hace apenas un puñado de años.

La defensa más firme, sólida y que pocos se atreven a pasar, era destruida en apenas 45 minutos. En el campo de juego, un equipo sin reacción. Desde el banco, asombro, estupor, quietud. Y un debut que dejaba una sensación que la película duraría poco, que el desenlace estaba a la vuelta de la esquina, de que todo terminaría pronto. Pero todo cambió.

Un triunfo, más dudas

La trabajada y sufrida victoria ante Turquía por la segunda fecha empezó a evidenciar cierta mejoría del equipo. En ese partido comenzó a verse la mano de Alfaro. Un equipo más práctico, consistente, bien conformado, que hizo el gol de entrada, se quedó con un jugador menos y defendió el 1 a 0 como Paraguay.

Aunque el empate contra Australia de la tercera presentación volvió a dejar un diagnóstico de incertidumbre, de falta de juego, de un desarrollo de plan lento y monótono y hasta de cierta sensación de poca ambición.

Pero el ADN del profesor ya estaba establecido. No te voy a lastimar, pero tampoco me vas a tocar el mentón. Y vemos quién aguanta más.

Para la historia

En los 120 minutos (aunque parecieron 200) que duró la batalla ante Alemania, Paraguay fue más Paraguay que nunca. Defensa en bloque bajo, sin dejar un solo resquicio, un metro de espacio. No te deja respirar. Y los teutones lo padecieron.

Y así la Albirroja, con el sello del entrenador argentino, llevó al cuatro veces campeón del mundo a quedar contra las cuerdas. Lo aguantó en el suplementario y lo noqueó en los penales. Con las manos de Gill, con la zurda de Canale y con el grito atragantado de 7 millones de almas sufridas.

Y con el sello del profesor. Que se levantó de un duro golpe, volvió a foja cero, repasó noches enteras cada materia de nuevo y rindió su mejor prueba. La de historia.