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El ingenioso recurso de Alpine que fue clave para la pole de Gasly en Monza

La escudería recuperó una solución que ya había utilizado esta temporada y encontró el escenario ideal para aprovechar sus características.


Pierre Gasly sorprendió a todos en Monza al quedarse con la pole position para el Gran Premio de Italia, pero el resultado de Alpine no fue producto de un único factor. Además de la precisión del piloto y de una estrategia acertada para aprovechar los rebufos, hubo una solución técnica que terminó siendo determinante en el circuito italiano.

El equipo de Enstone consiguió sacar provecho de la eficiencia aerodinámica de su A526 y de la potencia del motor Mercedes, especialmente importante en un trazado caracterizado por sus largas rectas y sus fuertes frenadas. En ese escenario apareció una pieza que Alpine ya había utilizado al comienzo de la temporada y que decidió recuperar para esta cita.

La clave estuvo en el alerón trasero inclinado, una solución que había aparecido durante los test de pretemporada y que también se utilizó en las tres primeras carreras del año, antes de ser reemplazada por una configuración más convencional. Para Monza, Alpine entendió que las características del circuito justificaban volver a utilizarla, aunque con una modificación: sin la anterior cápsula de protección central del mecanismo.

El secreto de Alpine para la pole de Gasly en Monza: un componente que ya conocía.

Una solución pensada para ganar velocidad en las rectas

A diferencia de otros sistemas que se han visto en los monoplazas de la actual generación, el alerón de Alpine no gira. Su funcionamiento se basa en el denominado modo de línea recta, conocido como SLM, por sus siglas en inglés. Cuando se activa, el flap se retrae y queda prácticamente paralelo al plano principal del alerón.

El diseño presenta una diferencia importante respecto de los mecanismos convencionales. En estos últimos, las bisagras se ubican en el borde de ataque y el flap se abre hacia arriba. En la solución de Alpine, en cambio, el movimiento se produce desde el borde de salida y hacia abajo, lo que permite que el elemento quede más cerca del plano principal cuando está en posición de baja resistencia.

Esa característica tiene una consecuencia aerodinámica relevante: al existir un espacio menor entre ambos elementos cuando el sistema está retraído, la reducción de la resistencia podría no ser tan grande como con un mecanismo convencional. Sin embargo, la transición hacia el modo de curva puede resultar más progresiva y ofrecer al piloto una mayor sensación de estabilidad en la parte trasera del auto durante las frenadas.

Gasly aprovechó el recurso de Alpine

Esa particularidad también puede permitir que el piloto mantenga durante más tiempo el modo de línea recta y llegue a las curvas a una velocidad superior antes de recuperar carga aerodinámica. En un circuito como Monza, donde la eficiencia en las rectas tiene un peso determinante, se trata de una ventaja que puede resultar especialmente valiosa.

A esto se sumó el trabajo del propio Gasly, que logró controlar las zonas de frenada más exigentes de la temporada, mientras Alpine ejecutó de manera precisa la estrategia para aprovechar los rebufos. La combinación permitió que el francés recibiera el impulso adicional del aire del auto precedente en los sectores donde podía marcar una diferencia.

Gasly consiguió su primera pole en Monza.

También resultó favorable que los cuatro grandes equipos tuvieran dificultades para coordinar sus preparativos y sacar el máximo provecho del rebufo. Alpine, en cambio, logró colocar a Gasly en el lugar adecuado durante sus vueltas rápidas y convertir esa oportunidad en una pole.

El resultado fue histórico para la escudería: Alpine volvió a conseguir una pole en la Fórmula 1 por primera vez desde 2009. Una solución que el equipo ya tenía en su arsenal, recuperada para el circuito adecuado, terminó convirtiéndose en una de las claves de la actuación de Gasly en Monza.