De los silbidos al grito de gol: Borja pasó del infierno al desahogo en el Monumental
Borja sorprendió al admitir que “uno no puede cerrar las puertas” cuando le preguntaron por Boca.
FotobairesMiguel Borja vivió una noche que resume lo impredecible que puede ser el fútbol. En la previa del duelo ante Talleres, el Monumental fue terminante: lo silbó fuerte cuando sonó su nombre por los altoparlantes. No fue la primera vez, pero sí la más sonora. El colombiano había perdido el lugar en el equipo y ya no tenía el respaldo de la tribuna.
El reproche se sintió fuerte desde las tribunas cuando mencionaron su nombre por los altoparlantes, al mismo tiempo que su imagen aparecía en la pantalla gigante. Borja, que perdió el puesto hace varios partidos, ya no cuenta con el respaldo incondicional de la gente.
Si bien un pequeño grupo lo aplaudió, el chiflido fue contundente y generalizado. No fue la primera vez: ya pasó en tres de los últimos cuatro partidos. El rendimiento del “Colibrí” bajó considerablemente y Marcelo Gallardo tomó nota.
Desde el banco, el Colibrí volvió a mirar cómo Driussi y Colidio arrancaban de titulares. El ciclo parecía repetirse. Sin embargo, esta vez el guion cambió sobre la hora.
Cuando el partido se moría, a los 42 minutos del segundo tiempo, apareció Borja. Gonzalo Montiel trepó por la derecha, mandó un centro con precisión quirúrgica al corazón del área y el colombiano conectó de cabeza para gritar el 1 a 1. Gol, alivio y explosión.
El gol de Borja para el agónico 1-1 de River
El mismo estadio que lo había silbado, ahora se desahogaba con su gol. El fútbol tiene estas cosas. De la reprobación al abrazo, del fastidio al festejo. Borja rescató a River con un frentazo que vale mucho más que un punto: vale aire, vale tabla y también vale autoestima.
El colombiano rompió la racha y, aunque no borró los silbidos, se ganó una bocanada de crédito. En River, nada es para siempre. Ni los goles... ni las críticas.