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Juan Carrasco levantó la bandera y se hizo cargo del legado de la escuela mendocina de boxeo

El pupilo de Pablo Chacón dejó una imagen dignísima ante el ruso Abdullaev en una pelea que convocó a más de 7 mil personas en el Aconcagua Arena.

Todo lo malo que le pasó a Juan Carrasco (20-2-0, 12KO) en el último mes y monedas, de alguna que otra manera se trasladó al centro del cuadrilátero. El permiso negado por la Justicia mendocina para poder viajar a Rusia; el dictamen de prisión domiciliaria a nada de la pelea con Zaur Abdullaev (20-1-0, 12KO); la reorganización de todo su entrenamiento; y ni hablar de la tobillera electrónica, fueron factores que jugaron un factor determinante.

Por eso, tras tirar la toalla segundos después de comenzado el último asalto, cuando el mendocino casi no reaccionaba sobre la tarima, Pablo Chacón dijo con toda la bronca del mundo: "Es muy injusto. Es un tremendo guerrero. La verdad es que es tristísimo. Estuvo un mes y medio sin dormir (el propio Carrasco reconoció que desde la central de monitoreo lo volvían loco). No lo dejaron tranquilo. Así y todo peleó una eliminatoria mundial sin poderse preparar como corresponde", y agregó: "Respetémoslo e idolatrémoslo".

Y la bronca no era para menos: Juan Javier Carrasco, quien está condenado por el homicidio de su cuñado Daniel Ahumada, tenía una inmejorable chance de poder saltar a las ligas mayores ya que, de haber vencido al ruso Abdullaev, hubiese alcanzado el número uno del ránking de los livianos de la Federación Internacional de Boxeo y quedar como challenger mandatorio al título que hoy está en poder del ucraniano Vasyl Lomachenko.

La izquierda del ruso fue una pesadilla. Foto: Juan Ignacio Blanco/MDZ

Más allá de los lamentos y todo lo que pasó en la previa de esta pelea, a la que Carrasco llegó sin la tobillera por un permiso especial y con Pablo Chacón como garante, el mendocino demostró ser quien puede portar, tranquilamente, la bandera del boxeo local y el legado que dejó, como último ídolo de estar tierras, Juan Carlos "El Cotón" Reveco.

Y no es poca cosa. En un boxeo local "flojo" de figuras, el pibe (ya de 32 años) criado y forjado en el predio de la UCIM, se recibió de ídolo. No por nada más de 7.000 personas se dieron cita en el Aconcagua Arena de la Ciudad para acompañarlo con gritos, cantos y aplausos más que profundos. Algo ilógico para un boxeo mendocino que quedó lejos de las luces y las lupas de las grandes empresas promotoras de Argentina.

Cerca de 7 mil personas fueron a ver al boxeador mendocino. Foto: Juan Ignacio Blanco/MDZ

Carrasco le hizo honor a su apodo: fue un "Titán" arriba del entablonado y, mientras le dio la nafta, se plantó de igual a igual contra un Abdullaev que en los papeles se presentaba como un tiempista con una zurda en punta que cuando entra descalabra hasta la guardia más cerrada. Y así fue. Juancito se plantó y fue el que propuso la guerra hasta promediado el quinto asalto, cuando una izquierda en punta del ruso estalló sobre su pómulo derecho dejando el ojo prácticamente sin visión por el grosor del hematoma.

El rincón de Carrasco trabajando sobre el pómulo izquierdo. Foto: Juan Ignacio Blanco/MDZ

Ahí fue el quiebre de pelea. Carrasco comenzó a pincharse a la espera del recambio de aire, aunque cuando iba al in-fighting poco se guardaba y apostaba a quebrar a un Abdullaev que comenzaba a anotarse las diferencias del combate en las tarjetas de los jueces.

Tras culminado el decimoprimer asalto, la esquina mendocina comandada por Pablo Chacón ya tenía en mente que Carrasco no saliera a pelear la última vuelta, aunque por pedido del boxeador le dieron una chance más, la cual quedó anulada en una refriega en el centro del ring donde ya no mostró reacción ante tres potentes manos del excampeón silver CMB de la divisional.

Juan Carrasco dejó una dignísima imagen ante Abdullaev. Foto: Juan Ignacio Blanco/MDZ

Lo que vino después fue un papelón. La esquina rusa subió al ring y uno de los acompañantes de Abdullaev comenzó a hacer ademanes hacia el público que, caldeado y extasiado por el fragor de la pelea, respondió tirando botellas y otros objetos contundentes hacia la tarima. 10 años pasaron para que una velada de este calibre volviera a Mendoza y los inadaptados de siempre mostraron la hilacha. Increíble.

Tras la victoria del ruso, volaron todo tipo de objetos sobre el cuadrilátero. Foto: Juan Ignacio Blanco/MDZ

Más allá del resultado, porque esto tiene tres opciones posibles, Juan Carrasco puede leer estas líneas tranquilo en cuanto a lo deportivo. Nada que reprocharle. Con lo que tuvo, y pudo, dejó vida y alma ante su público y la gente que lo quiere y sobre todo le cree, que no es poca. Seguramente, ahora aparecerán los dedos acusadores. Será cuestión de enfrentarlos y demostrarles, como hizo con Abdullaev.