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Carlos Alonso y Zuhair Jury y una despedida de una Mendoza perdida

Pocas horas de diferencia marcaron la muerte de Carlos Alonso y Zuhair Jury para evidenciar una Mendoza que fue, que existió y que nos distinguió.


Tanto al pintor y escultor Carlos Alonso, como al escritor, guionista y director de cine Zuhair Jury, los protegió el cielo de Mendoza en sus primeros años, aunque luego ambos artistas tomaron caminos diferentes pero con una coincidencia: se alejaron muy rápido de la escena mendocina.

Mendoza en un momento de mayor gravitación en Argentina tenía artistas que estaban más que a la altura de una dirigencia con ambiciones. Mendoza en un momento de mayor gravitación en Argentina tenía artistas que estaban más que a la altura de una dirigencia con ambiciones.

El impacto de ambos artistas en la identidad y el patrimonio mendocino cada vez es más claro y, extrañamente, también lejano y remoto en nuestros saberes y aprendizajes.

Carlos Alonso en Unquillo, en la sierra cordobesa. Su patria adoptiva.

Carlos Alonso

Carlos Alonso murió en Córdoba. Tenía 97 años. Y su vida es extraordinaria en todo sentido. No era necesaria su muerte para apreciarlo como un Maestro. Es dueño de una obra descomunal. Y la historia lo cobija como un hombre de compromiso con las cuestiones sociales.

Allá en Tunuyán amaneció al mundo. Hizo estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo en 1944. En el 51 se alzó con Premio del Salón de Pintura de San Rafael, y el del Norte (Santiago del Estero) y un premio de dibujo en el Salón del Norte de Tucumán.

Fue el año de la revelación en su carrera como artista: 1951. Fue el año de la revelación en su carrera como artista: 1951.

A los 7 años la familia dejó Tunuyán, el campo, la vida rural, el agro del campo del oeste argentino.Pero siempre el Maestro volvió a esa infancia. Podría decirse que su aislamiento de los centros urbanos en Unquillo, en Córdoba, cerró esa vida tal como había comenzado en una suerte de círculo.

Comenzó en el dibujo como autodidacta. Aquello le brotaba, no lo podía sujetar, se trataba de un fuego invisible. Comenzó en el dibujo como autodidacta. Aquello le brotaba, no lo podía sujetar, se trataba de un fuego invisible.

Ya en 1953 expuso en la galería Viau, de Buenos Aires. Juntó dinero y se fue al extranjero un año después. Soñana con mostrar ese fuego que lo excedía, en París y Madrid. Lo logró. El Maestro cumplió sus sueños.

Cuando regresó a la Argentina, Carlos Alonso dedicó un año para estudiar con Lino Spilimbergo, en Tucumán. Y como fue una iluminación, destinó otro año en Santiago del Estero. No era con Spilimbergo, su estudio, sino "a" Spilimbergo.

En 1957, Alonso ganó un concurso organizado por la editorial Emecé que lo llevaría a ilustrar la segunda parte de "Don Quijote". Dos años después se entreveró con otro clásico: el "Martín Fierro". Y una década después de aquel 1951 ineludible en su vida, Alonso obtuvo el Premio Chantal del Salón de Acuarelistas y Grabadores de Buenos Aires.

Alonso viajó a Florencia en 1968 para trabajar en las ilustraciones de una edición de "La Divina Comedia". Al año siguiente inició "Lección de anatomía", inspirada en Rembrandt en la que aparecía el ruido de la política, como el Che Guevara.

Un mes después de instaurado el golpe militar de 1976, el artista inauguró "El ganado y lo perdido" en una galería de arte porteña de la calle Florida. Allí lució 45 obras, datadas entre 1972 y 1976. Con ese don premonitorio del arte, Alonso mostró allí imágenes de víctimas con ojos vendados, personas ausentes.

Una amenaza de bomba obligó a evacuar la galería en 1976, un año fulero. Una amenaza de bomba obligó a evacuar la galería en 1976, un año fulero.

La dictadura le jugó horrible y desleal con la desaparición de su hija Paloma. La situación obligó a Alonso al exilió, en Italia, luego a Madrid.

Regresó a Argentina dos años más tarde y se estableció en Córdoba. Pasó mucha historia. Más sucesos que eventos. Murió este lunes, el Maestro.

Zuhair Jury

Un día antes murio otro mendocino fuera de lo doméstico. También parte de una Mendoza que se animaba a dialogar con las grandes ideas, los proyectos inusuales, las expresiones fuera de lo establecido. En ese grupo perfectamente se alista Zuhair Jury, nacido en Luján de Cuyo, a diferencia de su hermano, el célebre Leonardo Favio.

Alonso, Jury y hasta Favio, son voces de vidas nacidas en una tierra, en un cielo, que intentaba epopeyas, que soñaba a lo grande, como ha sido el legado de Mendoza. Alonso, Jury y hasta Favio, son voces de vidas nacidas en una tierra, en un cielo, que intentaba epopeyas, que soñaba a lo grande, como ha sido el legado de Mendoza.

La faceta como escritor, director y narrador de la Argentina profunda, rescatando tipos humanos, la marginación y la sensibilidad de barrio, ha sido compañía en la obra de Zuhair Jury.

Se lo comparaba por el tenor de sus cuentos con algunos escritores rusos, a lo que el lujanino anteponía siempre una suerte de credo pagano: "Siendo yo cuyano y habiéndome nutrido de las telurias más profundas del ser cuyano; al leer a Draghi he quedado en inmenso asombro ante la vastedad de sus giros antañosos, del trazado de sus reacciones pintando personajes a los que colorea desde las entrañas afuera, y desde afuera hacia las entrañas. Además, ha sido el recopilador de leyendas fantásticas que, de no haber sido por él se hubiesen perdido para siempre".

Estos tipos que acaban de morir no eran seres nostálgicos, anclados en el pasado, sino que recogían esa experiencia para nutrirla y explotarla, intuyendo que la antorcha de fuego no debía apagarse, pero sí, en cambio, actualizarse.

En otras palabras no eran artistas del pasado y ni siquiera del presente: estos seres fueron creadores de futuros, de perspectivas, de nuevos paradigmas. En otras palabras no eran artistas del pasado y ni siquiera del presente: estos seres fueron creadores de futuros, de perspectivas, de nuevos paradigmas.

Jury participó en 17 películas, en distintos roles. Como guionista pasará a la inmortalidad por ser el verdadero núcleo de las mejores películas firmadas por su hermano: "Crónica de un niño solo", (1965), "Juan Moreira", (1973), "El dependiente", (1969), "Nazareno Cruz y el lobo", (1975), y, claro, "Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más...", (1967).

Mendoza

Siempre es una buena ocasión en Mendoza honrar lo innovador, lo distinto, las conductas disruptivas. Son elementos que han hecho el ADN de lo mendocino. Es la actitud de los hombres y mujeres aquí en su lucha incesante contra el desierto, la imposibilidad.

En Mendoza soñar en grande no es una veleidad, sino una necesidad, una obligación para doblegar la hostilidad de la geografía. En Mendoza soñar en grande no es una veleidad, sino una necesidad, una obligación para doblegar la hostilidad de la geografía.

Han muerto en paz el Maestro Carlos Alonso y el misterioso Zuhair Jury: hicieron su parte. Se les agradece. Y hasta se entiende que el factor disruptivo, el carácter innovador, hayan sido ignorados en su tierra. Pero nunca es tarde. Y tampoco ha sido en vano. Y el camino está lleno de recompensas.