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Murió Carlos Alonso: las historias desconocidas del maestro que marcó a generaciones

Antonio y Rebeca Sarelli y Fernando Rosas reconstruyen al artista Carlos Alonso: sus visitas, su presencia y el impacto de su obra.

Este 21 de septiembre, Día Mundial del Artista Plástico, falleció el maestro Carlos Alonso. Foto: @macuunquillo en Instagram.  

Este 21 de septiembre, Día Mundial del Artista Plástico, falleció el maestro Carlos Alonso. Foto: @macuunquillo en Instagram.

 

“Se ha muerto un grande”. La frase del maestro Antonio Sarelli resume el sentimiento que atravesó al ambiente artístico mendocino tras conocerse la muerte de Carlos Alonso, ocurrida este 21 de septiembre, a los 97 años. La noticia llegó, además, el mismo día en que se conmemora el Día Mundial del Artista Plástico.

Los reconocimientos, las exposiciones y los premios permiten dimensionar la trayectoria pública de Alonso. Sin embargo, hay otra parte de su legado que no aparece en los catálogos: la impresión que causaba al entrar en una habitación, su capacidad para escuchar y el efecto que su obra produjo en quienes comenzaban a descubrir el arte.

Los recuerdos de Antonio Sarelli, Rebeca Sarelli y de Fernando Rosas permiten acercarse a ese Carlos Alonso que existió fuera de los museos.

Carlos Alonso había nacido hace 97 años en Mendoza. Foto @macuunquillo en Instagram.

Carlos Alonso había nacido hace 97 años en Mendoza. Foto @macuunquillo en Instagram.

El joven que ya parecía destinado a ser uno de los grandes

Antonio Sarelli (90) comenzó a escuchar su nombre durante la década de 1950, cuando daba sus primeros pasos en la Escuela de Bellas Artes. Alonso ya era señalado como un artista excepcional. Junto con Orlando Pardo y Enrique Sobisch integraba un grupo de jóvenes creadores mendocinos que viajaron a Tucumán para continuar su formación bajo la influencia de Lino Enea Spilimbergo.

“Formaban una especie de trío mimado de la sociedad mendocina. Ya se veía que Carlos estaba destinado a ser uno de los grandes de las artes visuales argentinas”, recordó Sarelli.

"El amor propio". Mayo de 2020. Foto: @carlosalonso.oficial en Instagram.

También comenzaba a destacarse como ilustrador. Su trabajo sobre Don Quijote de la Mancha revelaba una de las habilidades que lo acompañaría durante toda su carrera: una extraordinaria capacidad para el dibujo.

Aunque mantuvieron un contacto personal breve, Sarelli siguió con atención su recorrido artístico. Alonso se instaló en Buenos Aires, viajó por Europa y construyó una obra que excedió las fronteras argentinas.

“A mí siempre me gustó más como dibujante, pero tenía la suerte de hacer todo bien. Dibujaba que era un demonio y pintaba extraordinariamente. Hacía todo bien”, afirmó.

La exposición que produjo un antes y un después

La escultora Rebeca Sarelli conoció primero las obras de Alonso y recién después al hombre. Tenía unos 11 o 12 años cuando visitó con una amiga "El pintor caminante", la muestra presentada en el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú-Casa Fader en 1990.

La exposición, concebida como un homenaje a Vincent van Gogh, la enfrentó con una manera de pintar que no se parecía a nada de lo que había observado hasta entonces. “Hubo un antes y un después para mí en la pintura con eso. A mí me impactó increíblemente”, recordó.

Años más tarde lo encontró en reuniones organizadas durante las visitas de Alonso a Mendoza. Una de ellas tuvo lugar en la casa y taller del escultor Roberto Rosas. Allí descubrió un rasgo que todavía conserva en la memoria.

“A mí me sorprende cuando los grandes escuchan. Carlos escuchaba lo que tenían para decir los demás. No era una persona que llegara y comenzara a hablar solamente de su carrera”, señaló.

Su presencia, sin embargo, resultaba imposible de ignorar. “Era un tipo que impactaba. Tenía una presencia muy fuerte y no pasaba inadvertido”, describió Rebeca.

"El pintor caminante". Carlos Alonso, 1991. Óleo sobre tela, 200 × 200cm.

Los pasteles y una casa convertida en sala de arte

El escultor Fernando Rosas también conserva una historia vinculada con aquellas reuniones. Su padre, Roberto Rosas, había levantado su casa y taller con la intención de abrir parte del espacio a exposiciones de otros artistas. La experiencia inaugural estuvo dedicada precisamente a Alonso.

“Mi viejo le pidió que mandara algunas obras. Carlos envió unos pasteles grandes, enmarcados, de aproximadamente un metro por 70 centímetros. La primera exposición de otro artista en la casa de mi padre fue la de Carlos Alonso”, contó.

Alonso no pudo asistir a la inauguración, pero años después visitó el lugar. Desde entonces, cada vez que regresaba a Mendoza procuraba pasar por la casa.

Desde la cuenta de Instagram de La Casa del Escultor Roberto Rosas recordaron a Carlos Alonso con una imagen de su visita al taller en 2005. En la foto junto al maestro José Bermúdez y Roberto Rosas con su hija Paloma en brazos.

Desde la cuenta de Instagram de La Casa del Escultor Roberto Rosas recordaron a Carlos Alonso con una imagen de su visita al taller en 2005. En la foto junto al maestro José Bermúdez y Roberto Rosas con su hija Paloma en brazos.

Fernando también era adolescente cuando vio El pintor caminante. Estudiaba Bellas Artes y recorrió la exposición en varias oportunidades. “Para mí fue como un despertar”, aseguró.

Lo que todavía lo fascina es la tensión presente en las imágenes de Alonso: una figuración precisa atravesada por trazos, manchas y gestos de enorme libertad. “Para mí es el maestro de la pintura figurativa del siglo XX. Su obra tiene algo que no encuentro en ninguna otra: una abstracción dentro de la figuración”, explicó.

Nacido en Tunuyán en 1929 y formado artísticamente en Mendoza, Alonso fue pintor, dibujante, grabador e ilustrador. Su producción estuvo marcada por la memoria, el compromiso social y una mirada crítica sobre la violencia y la historia argentina.

Su influencia, sin embargo, también sobrevive en un gesto sencillo. Fernando Rosas todavía abre sus libros para estudiar sus líneas: “Cada tanto me meto en alguno y copio, copio y copio. Dibujás para saber cómo es la verdad. Bueno, eso me pasa con los libros de Carlos Alonso”.

Así permanece el maestro: no solamente en las paredes de los museos, sino también en la mirada y en las manos de los artistas que todavía aprenden de él.