No es la heladera: el electrodoméstico que más energía consume y del que nadie sospecha
Todos culpan a la heladera y al lavarropas, sin embargo hay un electrodoméstico que gasta más energía. Recomendaciones para gastar menos.
No es la heladera la que más energía consume.
Al momento de revisar la factura de la luz, el dedo acusador suele apuntar casi siempre al mismo electrodoméstico: la heladera. Sin embargo, existe un artefacto silencioso y de bajo perfil que genera el mayor impacto en el resumen mensual sin que nadie lo note.
Se trata del termotanque eléctrico (o calefón eléctrico). Aunque no emite ruidos ni exige interactuar con él constantemente, trabaja sin pausa en segundo plano para calentar el agua y mantenerla a temperatura estable, convirtiéndose en el principal devorador de energía del hogar.

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Por qué gasta tanta energía
A diferencia de un lavarropas o un horno que solo consumen cuando se los enciende, el termotanque opera bajo un ciclo continuo.
Cada vez que el agua acumulada pierde temperatura, el sistema se activa automáticamente para recuperar el calor, incluso si nadie está usando la canilla.
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Esta reactivación constante a lo largo del día genera un consumo invisible pero ininterrumpido. En promedio, el agua caliente puede representar entre el 20% y el 30% del gasto eléctrico total de una vivienda, superando por amplio margen a otros artefactos:
- Heladera moderna: consume entre 100 y 250 kWh al año.
- Lavavajillas: mantiene registros similares a la heladera.
- Termotanque eléctrico: encabeza la lista anual por su funcionamiento diario y constante.
Errores comunes
Existen factores de instalación y elección que disparan el consumo sin que el usuario lo perciba. Un depósito demasiado grande obliga a calentar litros de agua de más que jamás se utilizan. Por el contrario, un tanque muy chico se vacía rápido y fuerza al sistema a trabajar al límite a cada rato.
Colocar el equipo en un lavadero exterior, un garaje frío o una pared sin aislamiento acelera la pérdida de calor.
En tanto, si los caños de distribución son largos y no tienen aislamiento térmico, el agua se enfría en el trayecto hacia la canilla, obligando a usar más energía.
Cómo bajar el consumo sin perder confort
No hace falta cambiar el equipo para reducir el impacto en la factura. Basta con aplicar pequeños ajustes prácticos como fijar la temperatura entre 55°C y 60°C es suficiente para el uso sanitario diario y evita un sobreesfuerzo innecesario del artefacto.
La acumulación de sarro en las resistencias crea una capa aislante que obliga al motor a consumir más electricidad para calentar lo mismo. Limpiarlo con frecuencia optimiza su rendimiento.
A eso se suma la optimización de hábitos. Reducir el tiempo en la ducha, evitar dejar correr el agua caliente y colocar aireadores o reductores de caudal en las canillas permite ahorrar agua y, en consecuencia, la luz que se usa para calentarla.

