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Tras la captura de Maduro, la película de Netflix que expone cómo opera EE.UU. en misiones secretas

El interés por las operaciones encubiertas volvió a crecer y una película de Netflix aparece como la referencia inevitable.

Esta película de Netflix deja mucho que pensar sobre ciertas acciones de Estados Unidos.

Esta película de Netflix deja mucho que pensar sobre ciertas acciones de Estados Unidos.

La captura del exmandatario venezolano Nicolás Maduro, en el marco de un operativo que terminó con su traslado a Nueva York, reactivó el foco sobre cómo se planifican y ejecutan las misiones militares de alto riesgo. En ese clima, muchos volvieron a buscar en Netflix una película que se mete, sin maquillaje, en los engranajes de una cacería real.

La misma se llama La noche más oscura (Zero Dark Thirty), dirigida por Kathryn Bigelow. El film no se limita al tiroteo final. Se queda, sobre todo, en la espera. En las oficinas. En los pasillos. En las decisiones pequeñas que después pesan como una roca.

Una película que entra a la cocina del poder

Bigelow construye un relato tenso, casi clínico, sobre la búsqueda de Osama bin Laden. La historia sigue años de rastreo, cruces de información y obsesión institucional, hasta llegar a la incursión en Abbottabad, Pakistán, donde actuó un comando SEAL. La película se apoya en el detalle: jerarquías, procedimientos, comunicaciones y presión política. Esa mirada “por dentro” es lo que la vuelve tan magnética. También lo que la hace incómoda. Y es, en buena medida, la razón por la que se la sigue recomendando cuando se habla de operaciones secretas en el exterior.

LA NOCHE MAS OSCURA (ZERO DARK THIRTY)

LA NOCHE MAS OSCURA (ZERO DARK THIRTY)

La protagonista es Jessica Chastain, que sostiene el relato con una investigadora decidida a no soltar la pista, incluso cuando el propio sistema se desgasta. A su alrededor aparecen nombres conocidos que funcionan como piezas de un tablero: Joel Edgerton, Kyle Chandler, Mark Strong, Chris Pratt y James Gandolfini, entre otros. La película combina escenas de oficina con momentos de acción, pero nunca cae en el heroísmo fácil. La tensión se arma con silencios, llamadas cortas y discusiones internas. Esa construcción, más cercana a una crónica que a una fantasía bélica, fue parte de su impacto cultural.

En premios, también dejó huella. Compitió en categorías importantes y, en los Oscar, terminó llevándose el galardón a Mejor Edición de Sonido en un empate poco común con Skyfall. Ese reconocimiento técnico no es menor: el film trabaja el sonido como un sensor de amenaza. Un portazo, un helicóptero, un radio mal sintonizado. Todo empuja. Todo alerta. Con el tiempo, además, quedó como una de las grandes piezas del cine de guerra moderno, más por su método que por su espectáculo.

La polémica: tortura, ética y el costo de la victoria

El punto más discutido fue la representación de interrogatorios y prácticas abusivas. La película no pasa por arriba esa parte del camino. La muestra. Y ahí se abrió la grieta: para algunos, era una denuncia; para otros, una normalización peligrosa. Bigelow respondió de manera explícita y defendió la necesidad de no esconder lo que ocurrió. En un texto público, planteó que no se trató de “superhéroes”, sino de gente común, y admitió que “a veces” se cruzaron “límites morales”. La frase quedó pegada al film como una marca: el éxito no borra el costo.

Un dato práctico: la disponibilidad en Netflix puede cambiar según el país y el calendario de licencias. En el caso de Estados Unidos, la propia plataforma informó que Zero Dark Thirty salía del catálogo el 2 de enero de 2026. En otros territorios puede seguir activa o rotar entre servicios. Más allá de eso, la película vuelve cada vez que la realidad empuja el tema al centro. Porque no solo narra un operativo. Expone una lógica. Y deja una pregunta abierta: qué se está dispuesto a justificar cuando el objetivo es “ganar”.