Qué es la chinche del arce y por qué cada vez aparece más en Mendoza
El insecto, detectado por primera vez en Mendoza en 2023, se expandió en el Gran Mendoza y Uspallata, pero no representa un riesgo para personas ni mascotas.
La chinche del arce empieza a buscar refugio en casas y construcciones cuando bajan las temperaturas, por eso el Iscamen recomienda reforzar la prevención en otoño.
ShutterstockCuando empiezan a aparecer de a decenas en troncos, paredes, veredas o cerca de las ventanas, la escena inquieta. Pasa en distintos puntos de Mendoza y cada vez con más frecuencia. La protagonista de esa imagen es la chinche del arce, una especie originaria de América del Norte.
En poco tiempo logró instalarse en la provincia y multiplicarse en departamentos del Gran Mendoza como Godoy Cruz, Luján y la Ciudad. También fue reportada en Uspallata. Aunque su aspecto puede generar alarma, sobre todo por cierta semejanza con otros insectos más problemáticos, los especialistas insisten en algo: no es peligrosa para la salud humana ni para las mascotas.
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Un insecto que se hizo visible en muy poco tiempo
Su nombre científico es Boisea trivitatta y en Mendoza fue registrada por primera vez en 2023. Desde entonces, su presencia se volvió cada vez más notoria. El crecimiento de su población no pasa inadvertido y eso explica la preocupación que empezó a instalarse en distintos barrios. No porque cause daños severos ni por un riesgo sanitario, sino por la rapidez con la que se dispersa y por su costumbre de reunirse en grandes cantidades, especialmente en determinadas épocas del año.
Los ejemplares adultos son negros, de tono opaco, con líneas rojizas o anaranjadas que cruzan el cuerpo. Miden en promedio 1,3 centímetros. Las ninfas, es decir, las formas inmaduras, son rojas y rondan 1 centímetro. Los huevos, en tanto, son pequeños y de color marrón oscuro. A diferencia de otras chinches, esta especie no despide mal olor ni libera secreciones molestas. Sin embargo, su sola presencia masiva alcanza para generar rechazo o preocupación en quienes la encuentran dentro o alrededor de sus casas.
Dónde aparece y de qué se alimenta
La chinche del arce tiene una preferencia bastante clara. Se alimenta de los frutos del acer o arce (Acer negundo) y también del fresno (Fraxinus spp.), a los que perfora para llegar a las semillas. Allí desarrolla todo su ciclo biológico: huevo, ninfa y adulto. En primavera y verano suele verse en cantidades llamativas cerca de los arces, favorecida por su comportamiento de agregación. También puede aparecer sobre distintas superficies cuando se desplaza de un árbol a otro, aunque fuera de esas especies su presencia suele ser más ocasional.
Esa asociación con los árboles hizo que en Mendoza se la observe sobre todo en zonas urbanas y residenciales donde estas especies forman parte del arbolado. La expansión, además, parece estar vinculada a otro dato clave: en la región prácticamente no tiene depredadores naturales que ayuden a frenar su avance. Esa ausencia facilita la proliferación y vuelve más difícil cualquier estrategia de control rápido o definitivo.
Qué recomiendan los especialistas
Desde el Laboratorio de Plagas Agrícolas y Ambiente del INTA advirtieron que, por ahora, no se recomienda el uso de pesticidas. La razón es doble: por un lado, no hay estudios específicos suficientes sobre esta especie en el contexto local; por otro, una aplicación indiscriminada puede generar impactos ambientales innecesarios. La salida, entonces, va por otro lado.
Las medidas sugeridas son preventivas y bastante domésticas: sellar grietas, revisar aberturas y mantener limpios jardines, acequias y sectores donde se acumulen hojas secas. Ese punto no es menor, porque durante el invierno la chinche del arce suele buscar refugio en las viviendas. Ahí es donde se vuelve más molesta para los vecinos, aunque sin transformarse en una amenaza real. Los especialistas también remarcan que no daña seriamente al arbolado ni a otros vegetales. El problema, en rigor, no es tanto el daño que provoca, sino la incomodidad que genera su presencia cada vez más extendida.
En Mendoza, la chinche del arce ya dejó de ser una rareza. Hoy forma parte de una escena que se repite en varias zonas y que seguramente seguirá dando que hablar. Su avance preocupa, sí, pero conviene ponerlo en contexto. No es una vinchuca, no transmite enfermedades y no implica un peligro para animales domésticos ni personas. Lo que sí exige es atención, sobre todo para evitar que encuentre refugio en las casas y para acompañar con medidas simples un fenómeno que, por ahora, parece estar lejos de frenarse solo.