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Potus de interior: el truco para que saque hojas grandes y no se "estire" sin fuerza

Con buena luz indirecta, riego medido y una poda a tiempo, el potus puede crecer fuerte, frondoso y lleno de flores.


El potus o pothos (Epipremnum aureum) es uno de los clásicos de interior por una razón simple: se adapta casi a cualquier casa y pide poco a cambio. Su verde intenso queda bien en estantes, macetas colgantes o rincones sin demasiada vuelta estética.

Además, es una planta resistente, ideal para quienes recién empiezan. Pertenece a la familia Araceae, es trepadora, perenne y se originó en zonas tropicales como Malasia, Indonesia y Nueva Guinea. Entre sus datos más citados aparece uno curioso: la NASA la incluyó en una investigación de 1989 sobre plantas capaces de reducir contaminantes del aire, donde se mencionó su capacidad para disminuir formaldehído, benceno y xileno en ambientes interiores.

Luz: el factor que más cambia el crecimiento del potus

El primer acierto con un potus suele ser el lugar. Esta planta necesita mucha claridad, pero no tolera bien el sol directo pegándole de frente durante horas. La fórmula que mejor funciona es luz natural indirecta, por ejemplo cerca de una ventana con cortina o en un ambiente luminoso sin rayos fuertes. Cuando recibe buena iluminación, el potus crece con más vigor y produce hojas más firmes. En espacios demasiado oscuros puede sobrevivir, pero suele estirarse, volverse más ralo y perder esa apariencia frondosa que la hace tan decorativa.

Por su origen tropical, el potus se lleva mejor con ambientes cálidos, en un rango aproximado de 17 °C a 30 °C. Aunque esté dentro de casa, conviene alejarlo de corrientes frías del invierno y de fuentes de calor directo que resequen el aire. En cuanto al agua, acá se define buena parte del éxito: tolera la sequía mejor que el exceso de riego. Lo recomendable es regar una vez por semana como referencia, pero siempre mirando primero el sustrato. Si la tierra todavía está húmeda, es preferible esperar. Cuando la capa superior se siente seca, ahí sí. En verano, si el ambiente es seco, se puede pulverizar agua de vez en cuando porque agradece cierta humedad ambiental.

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Poda: cuándo conviene y cómo hacerlo bien

El potus crece rápido y, con el tiempo, puede alargar ramas, perder fuerza en algunos tramos o desordenarse. Por eso la poda no es solo estética: también sirve para renovar la planta. La idea es cortar ramas dañadas y las que se ven más débiles, además de recortar las que se fueron demasiado largas. Un detalle clave es hacerlo en un momento de menor actividad, cuando no esté en pleno crecimiento sostenido. Y siempre con una tijera limpia y desinfectada para no transmitir enfermedades.

Al podar, los cortes deben ser prolijos y conviene hacerlos justo por encima de los nudos, que son los puntos del tallo desde donde salen hojas y raíces aéreas. Ese gesto ayuda a que la planta rebrote con más fuerza y, con el tiempo, se vea más tupida. Si el objetivo es conseguir hojas más grandes y una planta más robusta, la combinación suele ser siempre la misma: buena luz indirecta, riego medido y poda estratégica. Con esos tres pilares, el potus vuelve a responder y se convierte en esa planta “fácil” que, bien llevada, parece de revista.