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Para qué sirve mezclar romero con aceite de oliva: la fórmula infalible que gana terreno

Las propiedades antioxidantes del romero, potenciadas por el aceite de oliva, crean una fórmula casera ideal para recuperar la luminosidad y firmeza de la piel.


En la búsqueda constante de opciones libres de químicos sintéticos, los tratamientos de origen natural ganan terreno. Dentro de este fenómeno, una fórmula viene sumando seguidores gracias a su profunda capacidad de nutrición: la infusión de romero en aceite de oliva.

Aceite de oliva y romero para la piel

Este óleo compuesto no es una novedad, su uso se remonta a antiguas tradiciones cosméticas que aprovechaban la sinergia de ambas plantas para resguardar la piel de los daños ambientales y revitalizar su tejido de manera orgánica.

La efectividad de este preparado radica en el choque de dos perfiles antioxidantes. El aceite de oliva virgen extra actúa como una base sumamente rica en ácidos grasos esenciales, polifenoles y vitamina E, componentes clave para sellar la humedad interna de la dermis y restaurar la barrera lipídica.

El aceite de oliva tiene componentes para sellar la dermis.

Por su parte, el romero no es un simple aromatizante, aporta ácido rosmarínico y potentes flavonoides que detienen la acción de los radicales libres, las moléculas inestables causadas por el sol y la contaminación que aceleran el quiebre del colágeno y aceleran la aparición de arrugas.

Al unirse, ambos ingredientes potencian sus virtudes, logrando devolver la elasticidad, el brillo y una notable frescura a las pieles apagadas o maduras.

Quienes incorporan de manera sostenida este elixir natural en sus hábitos de cuidado corporal y facial suelen remarcar múltiples mejoras en la calidad de la piel como la mitigación del aspecto opaco, evita la pérdida de agua transdérmica, los antioxidantes ayudan a mantener la firmeza y la flexibilidad del tejido cutáneo y refuerza las defensa de las células superficiales frente al estrés oxidativo cotidiano.

Paso a paso

Ingredientes

  • 200 ml de aceite de oliva (preferentemente extra virgen para conservar intactas sus propiedades).
  • 2 ramitas de romero fresco (bien limpias y secas)

En primer lugar, verter el aceite de oliva dentro de un frasco de vidrio previamente higienizado. Añadir el romero asegurándose de que quede completamente sumergido.

Luego sellar el frasco y almacenarlo en un rincón oscuro, fresco y seco durante un período de entre 7 y 14 días. Este lapso permite que el aceite absorba los principios activos de la planta. Pasar la mezcla por un colador fino o un lienzo para remover los restos vegetales.