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Netflix: si te gustó Peaky Blinders, esta historia de 1814 te va a atrapar por completo

Una producción de época firmada por el creador de Peaky Blinders encuentra nuevos espectadores con su thriller político y su clima asfixiante en Netflix.

Esta serie de Netflix está siendo tendencia a poco tiempo del estreno de la película de Peaky Blinders.

Esta serie de Netflix está siendo tendencia a poco tiempo del estreno de la película de Peaky Blinders.

A veces una serie no falla: simplemente llega a Netflix cuando uno no está para ese ritmo. Con el tiempo, sin ruido de estreno y sin expectativas infladas, ciertas historias se vuelven más fáciles de apreciar. Eso parece estar pasando con Taboo, la miniserie creada por Steven Knight, responsable también de Peaky Blinders.

Tras aterrizar en Netflix años después de su lanzamiento original, la ficción empezó a circular con fuerza entre quienes buscan un drama histórico menos decorativo y más incómodo.

Un Londres de 1814 donde todo se compra en esta serie

La trama se instala en Londres, en 1814, en un escenario marcado por disputas comerciales, tensiones imperiales y una ciudad que se siente densa, áspera y desigual. Ese contexto no funciona como simple ambientación: es el motor de una historia donde la política se mezcla con negocios y el barro con la ambición. En medio de ese clima vuelve James Delaney, un hombre que estuvo fuera durante diez años y al que su entorno daba por perdido. Regresa justo para el funeral de su padre, y ese hecho, en apariencia privado, se convierte en un disparador de problemas mucho más grandes.

taboo

Lo que comienza como una herencia con preguntas se transforma rápido en un pulso contra fuerzas enormes. Delaney no llega para encajar: llega para incomodar. Su presencia modifica lealtades, abre heridas y pone a prueba a figuras que se mueven con soltura en salones de poder. La serie no se apura en explicar todo; elige sembrar pistas y dejar que la tensión suba escena por escena. Ese “paso lento” es parte de su identidad: obliga a mirar, a escuchar lo que se calla y a seguir un juego donde cada decisión tiene costo.

Un protagonista que intimida, incluso cuando guarda silencio

El personaje central se apoya en el trabajo de Tom Hardy, que construye a Delaney como un hombre opaco, imprevisible y físicamente intimidante. La sensación es clara: siempre sabe más de lo que dice. Alrededor suyo, el elenco sostiene la intriga con presencia y matices: Oona Chaplin, Stephen Graham, Jessie Buckley y Jonathan Pryce empujan una trama coral donde nadie parece completamente confiable y las alianzas pueden cambiar en un suspiro.

Más allá de su estética, la miniserie apunta a un lugar incómodo. Debajo del vestuario y los modales de época aparece una mirada crítica sobre el colonialismo europeo, la explotación de pueblos originarios y las estructuras de violencia que sostuvieron imperios y fortunas. No hay héroes puros. Tampoco soluciones limpias. La narrativa prefiere la ambigüedad moral, y esa elección hace que varias escenas se sientan ásperas, incluso cuando están filmadas con belleza.

En ese sentido, su relectura actual tiene lógica. Sin la presión del “evento” y con espectadores más dispuestos a una ficción exigente, la serie se disfruta como una rareza dentro del streaming: oscura, absorbente y con un misterio que se arma con paciencia. No es para tener de fondo. Tampoco para apurarla sin atención. Pero si uno entra en su clima, esos ocho episodios alcanzan para dejar huella y para recordar que el mejor momento para ver una serie, a veces, es mucho después de su estreno.