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Hallazgo en los Pirineos de España: descubren una cueva con más de 6.000 años de ocupación humana

El hallazgo en los Pirineos cambió una idea repetida durante años: que las zonas de alta montaña eran espacios marginales y apenas visitados en la prehistoria.


Arqueólogos hicieron en España un hallazgo clave para entender mejor la vida en la prehistoria al encontrar evidencias de ocupación humana repetida en una cueva situada a 2.235 metros de altura. El sitio, conocido como Cova 338, está en el valle de Núria, cerca de Queralbs, en los Pirineos orientales, y hoy es considerado la cueva prehistórica más alta de esa cadena montañosa.

Las excavaciones se realizaron entre 2021 y 2023 por un equipo internacional encabezado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona y del IPHES-CERCA. A partir de ese trabajo, los especialistas concluyeron que grupos humanos volvieron a usar esa cueva muchas veces entre comienzos del quinto milenio antes de Cristo y fines del primer milenio antes de Cristo.

El hallazgo resulta importante porque durante mucho tiempo los arqueólogos pensaron que las zonas de montaña por encima de los 2.000 metros eran lugares secundarios, visitados solo de manera ocasional por comunidades prehistóricas. Cova 338 muestra otra cosa. En el interior aparecieron capas arqueológicas densas, con distintas etapas de ocupación separadas por momentos de poca o ninguna actividad, algo que sugiere un uso estacional planificado durante miles de años.

Dentro de la cueva encontraron una gran cantidad de fogones, huesos de animales, fragmentos de cerámica, herramientas de piedra y también piezas verdes de un mineral que sería malaquita, rica en cobre. Según los investigadores, ese material habría sido llevado hasta la cueva y trabajado allí, lo que convierte al sitio en uno de los ejemplos más antiguos conocidos en Europa de aprovechamiento de minerales en alta montaña.

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En el interior de la cueva, el hallazgo dejó al descubierto fogones, huesos, cerámicas, herramientas y restos de un mineral verde vinculado con el cobre.

Los restos también mostraron señales de actividades cotidianas. Los huesos indican consumo de alimentos, mientras que ciertas estructuras excavadas y rastros de mantenimiento de herramientas sugieren que las personas no pasaban por allí de forma rápida, sino que permanecían el tiempo suficiente como para realizar distintas tareas. Además, el análisis del espacio interno mostró una organización clara, con sectores probablemente destinados a funciones diferentes.

Para los especialistas, la cueva habría funcionado como un campamento logístico dentro de un sistema de movilidad estacional. En otras palabras, los grupos humanos subían a la montaña en determinados momentos del año para aprovechar recursos locales, como minerales, leña y posiblemente animales silvestres.

El hallazgo sumó también objetos personales que ayudan a imaginar mejor a quienes usaron ese refugio. Entre ellos aparecieron un colgante hecho con una concha marina del género Glycimeris y otro fabricado con un diente de oso pardo. Esas piezas muestran que no solo llevaban herramientas o recursos útiles, sino también objetos con valor simbólico o decorativo.

Otro dato importante es que en el sitio se hallaron restos humanos, incluidos los de al menos un niño. Eso abre la posibilidad de que la cueva no haya tenido solo funciones domésticas o económicas, sino también un uso funerario en alguna de sus etapas de ocupación.

Cova 338 se destaca además por su estado de conservación. Otros sitios de altura en los Pirineos suelen ser pequeños abrigos rocosos o espacios al aire libre con pocos sedimentos, lo que deja menos materiales y peor preservados. En cambio, esta cueva conservó una secuencia profunda y estratificada, con restos mucho más ricos para estudiar.

Trabajar allí no fue sencillo. El lugar solo se puede alcanzar a pie desde el valle de Núria y no se permite transporte motorizado. Por eso, los arqueólogos tuvieron que cargar a mano tanto el equipo como los sedimentos extraídos, mientras aplicaban métodos modernos de registro en 3D, muestreo y recuperación fina de materiales.

Los investigadores planean seguir con las excavaciones en los próximos años. La idea es analizar polen, carbón, semillas y restos animales para reconstruir mejor cómo era el ambiente de montaña cuando la cueva estaba en uso. También buscarán precisar de dónde salió el mineral verde y cómo era procesado por esas comunidades.

Por eso, este hallazgo no solo agrega una nueva cueva al mapa arqueológico de España. También obliga a revisar la idea de que la alta montaña era un espacio lejano y poco importante para las sociedades prehistóricas. Todo indica que, durante miles de años, esos paisajes formaron parte de estrategias bien organizadas de movilidad, trabajo y ocupación humana.