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El árbol tropical que se cultiva en septiembre en macetas y da frutos que son una bomba de vitamina C

Este árbol tropical, conocido como acerola, se adapta al norte argentino y ofrece frutos repletos de vitamina C, perfectos para cultivar en macetas.


Existe un árbol tropical que se adapta perfectamente al clima de Argentina, especialmente en la región del Norte (Jujuy, Formosa, Salta y Misiones). Su principal particularidad es que produce unos frutos pequeños que suelen confundirse a simple vista con las cerezas, pero son totalmente diferentes y poseen una concentración extraordinaria de vitamina C.

Se trata de la acerola, un arbusto o pequeño árbol que aún no es tan común en las verdulerías comerciales del país. Sin embargo, mediante el cultivo casero en el jardín o en macetas, te asegurás una cosecha constante de esta "superfruta" durante la época de altas temperaturas.

¿Cómo es la acerola y a qué sabe?

La acerola es una baya de entre 1 y 4 centímetros de diámetro. Al madurar por completo, alcanza un color rojo escarlata intenso y una pulpa amarilla sumamente jugosa. Su sabor ofrece una combinación equilibrada entre lo ácido y lo dulce, el cual se vuelve más suave y agradable a medida que el fruto completa su maduración en la planta.

La cerola necesita una maceta de al menos 40 litros para desarrollar correctamente sus raíces.

La acerola es reconocida a nivel mundial por ser una de las fuentes naturales más ricas en vitamina C del planeta. Entre sus principales propiedades destacan los carotenoides y los bioflavonoides, compuestos orgánicos que protegen las células contra el estrés oxidativo y el envejecimiento prematuro; y sus vitaminas que fomentan la producción natural de colágeno en el organismo, lo que se traduce en una piel más firme, elástica y una mejor salud articular.

Cuidados clave para cultivarla en casa

  • Luz y protección del frío: la planta necesita recibir varias horas de sol directo al día para crecer con fuerza, florecer y dar frutos. Durante el invierno o en zonas de heladas, requiere protección extra ante las bajas temperaturas.

  • Riego medido: necesita agua de forma frecuente durante su etapa joven. Una vez adulta, tolera breves períodos de sequía, aunque exige humedad constante en las fases de floración y fructificación (siempre evitando el encharcamiento).

  • Sustrato fértil: prospera en suelos ricos en materia orgánica, bien drenados y con un pH ligeramente ácido.