Después del verano: el pueblo mendocino que en otoño sorprende con sus paisajes
Entre el calor del verano y los tonos dorados del otoño, el pueblo del sur mendocino cambia por completo su postal.
La menor afluencia turística tras el verano permite disfrutarlo con mayor calma. Foto: San Rafael Turismo
Cuando termina el verano y baja la intensidad del turismo, hay un rincón del sur mendocino que cambia por completo su postal. Con menos visitantes, temperaturas más agradables y una paleta de colores que tiñe el paisaje de tonos ocres y dorados, este pequeño pueblo histórico se convierte en una escapada ideal para quienes buscan naturaleza y tranquilidad.
Ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de San Rafael, este destino combina historia, río y montaña en un entorno que en otoño adquiere un encanto especial. Se trata de Villa 25 de Mayo, uno de los asentamientos más antiguos de la provincia y puerta de entrada a escenarios naturales únicos.
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Un paisaje que cambia con la estación
En otoño, los álamos y sauces que rodean al pueblo se vuelven de un amarillo intenso con tonos anaranjados. Esto hace que la Villa 25 de Mayo, antiguo centro de San Rafael, se convierta ideal para caminatas, amantes de la fotografía o simplemente para disfrutar del aire libre.
Historia y tradición de San Rafael
Villa 25 de Mayo tiene un fuerte valor histórico: fue uno de los primeros núcleos poblacionales del sur mendocino y está ubicada a unos 25 kilómetros de la ciudad de San Rafael. A comienzos del siglo XIX se asentaron allí los primeros habitantes de la zona, militares, exconvictos y un capellán, con el objetivo de instalar un fuerte de avanzada como parte de la expansión territorial de la época.
Sus calles tranquilas, muchas todavía de traza original y sin pavimentar, están enmarcadas por extensas alamedas de árboles añosos que refuerzan su identidad de “pueblo museo”. Las casas conservan estructuras de adobe y detalles típicos de las construcciones del siglo XIX, lo que permite apreciar el estilo arquitectónico de entonces. No es extraño cruzarse con vecinos que aún se movilizan a caballo, en un entorno donde el ritmo cotidiano parece ir más lento.

