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Arqueólogos se sorprendieron por un descubrimiento en una fortaleza de Europa: no esperaban encontrarlo ahí

El descubrimiento se produjo en la fortaleza de Belgrado y aporta nuevos datos sobre la presencia de camellos en la zona entre los siglos XV y XVII.

El hallazgo en la fortaleza de Belgrado reveló la presencia de camellos entre los siglos XV y XVII, algo inusual para esa parte de Europa.

El hallazgo en la fortaleza de Belgrado reveló la presencia de camellos entre los siglos XV y XVII, algo inusual para esa parte de Europa.

MDZ

Un descubrimiento reciente en Serbia abre una nueva mirada sobre cómo era la vida cotidiana y el movimiento de mercancías en los Balcanes medievales. En la fortaleza de Belgrado, un icónico castillo del país, arqueólogos identificaron huesos de camello en capas fechadas entre los siglos XV y XVII, una presencia inesperada para una región donde estos animales no formaban parte de la ganadería habitual.

Descubrimiento inesperado en la fortaleza de Belgrado

Los restos fueron recuperados durante excavaciones realizadas en 2014 frente a la Puerta Este de la Ciudad Baja. Ahora, tras un nuevo análisis, los especialistas concluyeron que se trata de la primera evidencia osteológica de camellos del período medieval en los Balcanes centrales y occidentales.

El hallazgo resulta importante porque no habla solo de un animal raro, sino también de las conexiones de Belgrado con territorios mucho más amplios. La fortaleza ocupaba una posición estratégica en la confluencia de los ríos Sava y Danubio, un punto clave para las rutas fluviales, los caminos terrestres y las zonas de frontera del sudeste europeo.

Los huesos hallados en Belgrado sugieren que la ciudad medieval formó parte de rutas más amplias de comercio, transporte y circulación en los Balcanes.

Los huesos hallados en Belgrado sugieren que la ciudad medieval formó parte de rutas más amplias de comercio, transporte y circulación en los Balcanes.

Durante siglos, ese lugar funcionó como centro militar, administrativo y de paso. Por eso, para los investigadores, la aparición de huesos de camello encaja con una idea más amplia: que la fortaleza no era un espacio aislado, sino un punto de contacto dentro de redes de comercio, transporte y circulación.

El estudio comparó huesos animales de época romana con otros del período bajomedieval. En las capas más antiguas predominaban vacas, ovejas, cabras y algunos cerdos. En cambio, en las medievales el conjunto fue más diverso y, además de ovejas, cabras, vacas y équidos, aparecieron los camellos.

Para confirmar la identificación, los especialistas usaron un método conocido como ZooMS, que analiza proteínas conservadas en el colágeno de los huesos. Esta técnica permite reconocer especies incluso cuando los restos están muy fragmentados o cuando su forma no alcanza por sí sola para distinguirlos con seguridad.

Los investigadores aclaran que este hallazgo no demuestra que en la Serbia medieval existiera una tradición local de cría de camellos. La interpretación más prudente es otra: que esos animales llegaron a Belgrado a través de movimientos de larga distancia, probablemente ligados al comercio, la logística militar o el transporte de cargas.

En Eurasia medieval y moderna, los camellos eran muy valorados como animales de carga por su capacidad para recorrer trayectos largos con peso. En ese contexto, su presencia dentro de una fortaleza como la de Belgrado sugiere el paso de caravanas, mercaderes, suministros militares o tráfico administrativo.

El valor del hallazgo también está en lo que aporta a la historia económica. Los documentos escritos pueden hablar de rutas o ejércitos, pero los huesos muestran qué animales estuvieron realmente presentes en un sitio y permiten reconstruir cómo se usaban.

Si bien los investigadores advierten que el conjunto analizado es pequeño y que el contexto arqueológico exige cautela, consideran que los restos de camello ofrecen una señal valiosa. Indican que Belgrado estaba integrada a redes más amplias que iban mucho más allá de la producción ganadera local o del consumo cotidiano.

Por eso, este hallazgo no solo suma un dato curioso sobre la fortaleza de Belgrado. También revela que, entre murallas, ríos y fronteras, la ciudad medieval estaba conectada con un mundo mucho más grande de lo que podría suponerse a simple vista.