Aprende a preparar mermelada de tomate en casa sin conservantes
Esta receta de mermelada de tomate casera te permitirá transformar tomates maduros en un dulce exquisito, ideal para acompañar desayunos, quesos o carnes. Su sabor equilibrado entre dulzor y acidez la convierte en una opción versátil y sorprendente. Además, es muy fácil de preparar en casa, sin aditivos ni conservantes.
La mermelada de tomate no es tan popular como otras versiones más comunes (como la de durazno o frutilla), pero quienes la prueban suelen enamorarse de su sabor único. Es ideal para aprovechar tomates de estación, especialmente cuando hay exceso de cosecha o se consiguen a buen precio en el mercado. Además, esta preparación permite personalizarla según el gusto: algunos prefieren una versión bien dulce, otros la aromatizan con canela, clavo o incluso la combinan con un toque de picante para acompañar platos salados.
No se necesita experiencia avanzada en cocina para hacerla. Con paciencia y atención, en unas pocas horas podés tener varios frascos de mermelada lista para disfrutar o regalar. ¡Vamos a la receta!
Ingredientes
1 kg de tomates maduros, 500 g de azúcar, jugo de 1 limón, 1 ramita de canela (opcional), 2 clavos de olor (opcional), 1 pizca de sal.
Procedimiento
- Selecciona tomates bien maduros, firmes pero jugosos. Los tomates perita o redondos funcionan muy bien. Lava los tomates, retírales los cabitos y realizales un corte en cruz en la base. Llévalos a una olla con agua hirviendo durante 1 minuto para facilitar el pelado. Luego pásalos a un recipiente con agua fría (puede ser con hielo) y retírales la piel con facilidad. Quita también las semillas en lo posible, aunque si quedan algunas no es problema.
- Pica los tomates pelados en cubos pequeños y colócalos en un bol grande. Añade el azúcar (500 g) y el jugo de un limón exprimido. Si se deseas una mermelada con aroma especiado, agrega también la ramita de canela y los clavos de olor en este punto. Mezcla bien todos los ingredientes y deja reposar durante al menos 1 hora para que el azúcar comience a disolver el líquido natural del tomate.
- Vuelca la mezcla en una olla amplia (preferentemente de fondo grueso para evitar que se queme). Cocina a fuego medio-bajo, revolviendo con cuchara de madera de vez en cuando. La mezcla empezará a soltar líquido y burbujear. Continua la cocción durante aproximadamente 45 a 60 minutos, retirando la espuma que se forma en la superficie con una cuchara si es necesario. Revuelve más seguido hacia el final para evitar que se pegue. La mermelada estará lista cuando tenga una textura espesa y brillante, y al pasar la cuchara por el fondo se forme un surco que tarde en cerrarse.
- Para comprobar que la mermelada alcanzó el punto deseado, se puede usar el “truco del plato frío”: coloca un platito en el freezer unos minutos, vuelca sobre él una pequeña cucharada de mermelada y espera unos segundos. Si al inclinar el plato, la mermelada no corre rápido y tiene consistencia espesa, está lista. Si aún está muy líquida, continua la cocción unos minutos más.
- Esteriliza frascos de vidrio con tapa (hervidos durante 10 minutos o lavados con agua caliente y secados en horno bajo). Vierte la mermelada caliente en los frascos usando un embudo o cuchara con cuidado. Cierra bien las tapas mientras aún esté caliente y coloca los frascos boca abajo durante unos minutos para crear vacío. Luego da vuelta y deja enfriar por completo. Almacena en lugar fresco y oscuro, o en heladera si se van a consumir en poco tiempo.
La mermelada de tomate casera es una preparación sencilla y deliciosa que convierte ingredientes básicos en una conserva única y llena de sabor. Ideal para acompañar tostadas, quesos o platos salados, ofrece una alternativa diferente a las mermeladas tradicionales. Prepararla en casa permite ajustar el dulzor y los aromas, y garantiza un producto sin aditivos ni conservantes. Además, es una excelente forma de aprovechar tomates maduros que, de otro modo, podrían desperdiciarse. Su textura espesa y su color rojizo intenso hacen que también sea un regalo perfecto, hecho con dedicación y sabor casero. ¡Y a disfrutar!

