5 errores que cometes cuando limpias con lavandina o lejía
El uso de lavandina, lejía o cloro a la hora de limpiar un hogar es muy importante para garantizar una correcta desinfección de todo tipo de superficie, pero se debe tener cuidado de no estar cometiendo algunos clásicos errores que pueden provocar que esta tarea sea en vano.
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La lavandina es básicamente hipoclorito de sodio, un compuesto con una gran capacidad desinfectante, pero al entrar en contacto con otras sustancias produce gases tóxicos.
Esta información es importante porque uno de los errores más comunes es creer que, al incorporar este líquido a algún otro producto de limpieza estaremos realizando una desinfección más profunda.
Sin embargo, se trata de una sustancia que debe usarse siempre diluida en agua. Creer que porque la utilizamos pura es más eficaz es incorrecto. Cada fabricante establece en su etiqueta la proporción adecuada según la superficie y los litros de agua que se vayan a usar. Estos datos deben respetarse.
Desinfectar sin limpiar. Antes de colocar lavandina en alguna superficie se debe remover toda la suciedad que hay en ella, esto nos permitirá una buena desinfección. Si no se realiza esta tarea previa con agua y jabón, es probable que las bacterias vuelvan a poblar rápidamente la zona.
Diluirla y almacenarla. El periodo de efectividad una vez que se ha diluido es menor a 24 horas. Si utilizamos un recipiente en spray para rociar en determinados lugares se debe tener en cuenta que el sobrante no guardará su capacidad más allá de este periodo.
No dejarla actuar. Una vez que se ha limpiado la suciedad y se ha colocado el producto desinfectante se debe procurar darle un tiempo para que actúe, si inmediatamente enjuagamos, no le permitiremos que haga su trabajo de forma eficaz y toda la tarea no habrá valido la pena.

