Me equivoqué de conversación en Whatsapp y me cambió la vida
La tentación vive en tu móvil y te vas a sentir representado con esta historia.
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"Todas las parejas felices se parecen, sin embargo, las "no tan felices" lo son cada una a su manera. Esta pareja era muy feliz así que supongo que deben de parecerse a tantas otras alrededor del mundo. O al menos hasta ayer mismo debían de parecerse, cuando todo iba sobre ruedas… hasta que la novia abrió Whatsapp."
De esta manera lo cuenta...
La tragedia
Se acercaba la hora de salir. El tecleo frenético en la oficina había empezado a disminuir y, de repente, me había dado un antojo brutal de comida japonesa. Sin embargo, la última vez ya había sido yo la encargada de elegir dónde íbamos a cenar y ahora le tocaba a él.
Pero igual me decidí, agarré el teléfono celular y le mandé un Whatsapp:
“¿Dónde cenamos esta noche? Y si después... ”
Sabía que él no era muy fan del sushi pero, mientras esperaba respuesta, se me ocurrió que podía convencerlo... esperaba ansiosa por su respuesta cuando la realidad se convirtió en una pesadilla:
La última conversación que aparecía en la lista no era con “Amorcito”, sino con “Alberto”, compañero de trabajo de mi novio.
Un golpe de calor me recorrió el cuerpo extendiéndose lentamente de mi cabeza a los pies: acababa de escribirle al compañero de trabajo de mi novio un mensaje que en realidad solo tenía que leer mi pareja. El calor se intensificó al ver aquellas dos rayas grises volverse azules delante de mis ojos. No lo podía creer...
¡Dios mío! No solo habían pasado ya dos minutos desde que había enviado equivocadamente aquel mensaje sino que ahora Alberto estaba viendo que yo estaba en linea y no había rectificado. Creo que cada segundo que pasaba la empeoraba aún más. Empecé a sudar a pesar de que en la oficina teníamos el aire acondicionado en modo cool. Pero ya era demasiado tarde para decir nada: Alberto estaba “escribiendo"…
“Donde tú quieras”
“Hace tiempo que no nos vemos”
“Así nos ponemos al día”
Su respuesta me sorprendió. No solo por la naturalidad con la que se lo había tomado sino porque nosotros no eramos más que un par de conocidos que habían compartido alguna cena entre amigos y alguna que otra cerveza de viernes después del trabajo con mi novio por supuesto.
Estaba a punto de darle largas con alguna excusa para salir del paso cuando me llegó otro mensaje, esta vez de mi novio:
“ Cari, hoy no puedo cenar contigo. Tengo reunión hasta tarde. Lo siento mucho :(“
Fue entonces que le escribí a Alberto y le dije que saliéramos. Sí, me animé.
Hay algo que no he contado sobre Alberto y es que para mí él es una de una de esas personas por las que uno siente una atracción dormida. Alguien con quien sabes que si no tuvieras pareja te gustaría tener una cita y ver qué pasa.
Aunque aquello no era una cita. Bajo ningún concepto. Solo era una inocente reunión de dos personas pero me sentía nerviosa como uno se siente nervioso en una primera cita.
Hacía tanto tiempo que no quedaba a solas con un hombre que no fuera ni mi novio, ni hermano.... Me maquillé para ir a la cena y quiero pensar que también lo habría hecho con una amiga
Cuando llegué a casa, mi novio aún no había vuelto. ¡Menos mal! No me apetecía verle, me sentía rara y algo culpable. Aunque, ¿por qué? Si no había hecho nada malo... Como mucho, ocultarle información. Pero eso no cuenta, ¿no? Me desmaquillé lo más deprisa que es humanamente posible y me di una ducha a contrarreloj. Estaba ya terminando de ponerme el pijama cuando escuché abrirse la puerta del ascensor y un tintineo familiar de llaves acercándose hacia nuestro piso... ¡Era él!
A veces, después de dormir, parece como si las cosas que te pasaron el día anterior le hubieran pasado a otra persona. Yo tenía la esperanza de que ese fuera mi caso, pero no ha sido así... Cuando he abierto los ojos, esta culpa extraña seguía aquí tal y como la había dejado anoche. Así como el recuerdo de la sonrisa perfecta de aparato dental de Alberto.
Por suerte, entro a trabajar antes que mi novio y he podido escaparme de casa sin tener que hablar con él pero, en cuanto se despertó, me envió un Whatsapp:
“Anoche estabas muy rara”
“Estás enfadada, ¿verdad?”
“Siento haberte dejado tirada”
“Fue culpa de Alberto”
“Le salió un plan repentino para cenar con una chica que le gusta mucho”
“Y me pidió sustituirle” “Te lo compensaré”
¿Cómo? Mis sosprechas estaban confirmadas: le gusto a su amigo. Un galán resultó ser...
Ahora se acerca el mediodía y hay una pregunta que tengo que volver a hacer: “¿Dónde comemos hoy?”
El problema es que no sé a quién enviársela. Por eso se lo pregunto a los lectores de Geek Data para que decidan el final de esta historia Geek...
Fuente: PlayGround