Virgen de Lourdes: más allá de los milagros
Cada 11 de febrero la Iglesia Católica recuerda a Nuestra Señora de Lourdes: milagros, peregrinación y una esperanza que no niega el dolor, lo abraza.
La fe se expresa muchas veces en silencio
ArchivoHoy 11 de febrero la Iglesia católica celebra la fiesta de la Virgen de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo. Las apariciones de Lourdes, ocurridas el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 en el sur de Francia, forman parte de la historia religiosa europea y mundial.
Según los testimonios recogidos entonces, Bernadette Soubirous, una joven de origen humilde, afirmó haber visto a una “Señora” en una gruta cercana al pueblo. Con el paso del tiempo, Lourdes se transformó en un lugar de peregrinación internacional, especialmente asociado a los enfermos, a raíz del manantial de agua donde se registraron 7.000 casos de curación en el santuario y se reconocieron 72 milagros atribuidos a la intercesión de María. Desde sus inicios, Lourdes atrajo a personas con enfermedades graves y terminales, muchas de ellas sin expectativa de curación. Pero más allá de eso, Lourdes ofrece acompañamiento, contención y sentido a quienes atraviesan el límite de la enfermedad, y también a sus familias.
11 de febrero día de la Virgen de Lourdes
La intención del Papa para el mes de febrero invita a rezar por los niños que padecen enfermedades incurables y por sus familias, para que reciban el acompañamiento necesario sin perder la esperanza. Esta intención no propone una negación del dolor ni una promesa de milagros, sino una esperanza más profunda: la de no quedar solos, la de ser sostenidos por una comunidad y la de encontrar sentido incluso en medio de lo que no tiene solución médica. En lo personal, esta mirada es la que me motiva cada semana a ayudar en el Hospice El Buen Samaritano, donde se trabaja en contacto permanente con personas en estado terminal. Allí, la cercanía de la muerte genera transformaciones profundas. Muchos pacientes, al saberse en el tramo final, revisan su vida, buscan reconciliaciones pendientes y redescubren el valor de gestos simples: un llamado, una charla, mirar una foto, escribir una carta. En los niños enfermos, esa verdad se manifiesta de manera aún más conmovedora, y obliga a los adultos a replantearse certezas y prioridades.
Las familias también atraviesan un proceso intenso
El dolor convive con el amor, el miedo con la gratitud, y muchas veces aparece una espiritualidad inesperada, incluso en quienes no se consideran creyentes. La experiencia del final de la vida revela que la esperanza no siempre está ligada a la curación, sino a la posibilidad de acompañar y ser acompañados hasta el último momento. En este contexto, la fe no aparece como una respuesta fácil ni como una garantía de curación, sino como una forma de permanecer. Creer no significa negar la gravedad de la enfermedad ni el dolor de la pérdida, sino confiar en que cada vida tiene valor hasta el último instante. En Lourdes, en los hospitales, en el hospice y en cada habitación donde alguien se despide, la fe se expresa muchas veces en silencio: en la cercanía, el acompañamiento y en la certeza de que nadie debería enfrentar el final de su vida sin ser mirado y amado.
La fe se expresa muchas veces en silencio
Tal vez la oración más honesta frente a la enfermedad terminal no sea pedir un milagro, sino pedir aprender a acompañar. Pedir un corazón atento para no huir del dolor ajeno, manos disponibles para sostener y palabras verdaderas para despedirse. Una fe que no promete escapar de la muerte, pero sí atravesarla juntos, con dignidad, amor y esperanza. En ese cruce entre fe, esperanza y amor, se abre un espacio donde el sufrimiento no tiene la última palabra.
Información adicional obtenida de ACI prensa: La red Hozana, invita a personas de todo el mundo a enviar sus intenciones de oración para ser llevadas al Santuario de Lourdes. Los interesados pueden escribir sus intenciones a través de un formulario disponible haciendo click aqui.
* Fabiana Gómez Sabio, es comunicadora, traductora pública y docente.



