Verónica Dobronich: "Cuando tenés depresión, tu voluntad está limitada"
En una nueva entrevista MDZ, Verónica Dobronich, coach y fundadora de Hub de emociones, habló sobre la depresión y el estigma de la salud mental.
Verónica Dobronich es fundadora de Hub de emociones.
Agustín Tubio/MDZLa depresión es una de las principales problemáticas de salud mental en la actualidad y, sin embargo, sigue siendo tabú. Muchas personas enfrentan prejuicios y estigmas al recibir un diagnóstico. En diálogo con MDZ, Verónica Dobronich compartió cómo atravesó esta experiencia y por qué considera vital hablar abiertamente sobre el tema.
Más allá de su recorrido personal, Dobronich se dedica hoy a acompañar a otros a través de su trabajo en Hub de emociones, un espacio que busca promover la educación emocional. Desde allí sostiene que comprender y poner en palabras lo que sentimos es clave para aprender a gestionarlo y dejar de ocultarlo bajo etiquetas negativas.
Las cifras internacionales respaldan su planteo: según la Organización Mundial de la Salud, gran parte de las licencias laborales actuales tienen su origen en trastornos de salud mental como la depresión y la ansiedad. Sin embargo, en muchos ámbitos todavía se oculta o se minimiza, lo que retrasa la búsqueda de ayuda y prolonga el sufrimiento.
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—En MDZ escribís sobre emociones y situaciones psicológicas, como puede ser la depresión. Lo escribís con mucha claridad, no solo por tu profesión, sino también por tu experiencia personal. ¿Cómo fue ese momento en el que te diste cuenta de que no estabas atravesando una tristeza normal, sino que era algo más profundo?
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—Bueno, excelente pregunta, porque muchas veces en la vorágine de nuestro día a día, de nuestras agendas, no nos permitimos el detenernos a reflexionar sobre cómo nos sentimos. Así que te voy a decir que las primeras dos veces que tuve depresión, la primera directamente no lo registré de esa manera y, de hecho, cuando fui atendida en un hospital, bueno, fue una crisis nerviosa y eso fue lo que diagnosticaron. Por lo tanto, si bien yo me sentía con angustia, tristeza, ansiedad, o sea, era todo junto, no pasó nada en ese momento y tampoco hice nada, sino que fui a una guardia, pasó eso y lo tomé como que es parte de la vida. Había algunos episodios que podrían haber desencadenado eso, así que lo tomé como una respuesta a eso que pasaba.
Y ya después, a los 30 años, bueno, ahí sí el diagnóstico vino desde la psiquiatría. Pero tampoco llegué a esa instancia siendo consciente de que era tristeza; yo volvía con el tema de la ansiedad. Por lo tanto, en algún momento también se dudó de cuál era el diagnóstico. ¿Será depresión? ¿Será ansiedad? ¿Será un trastorno de personalidad? ¿Qué era lo que podía llegar a tener? Y nuevamente en pandemia tuve ahí sí la conciencia de darme cuenta de que ya había algo raro en cómo yo me sentía, más allá de la pandemia, sino algo interno. Y ahí enseguida consulté al psiquiatra. Pero era que yo ya estaba mucho más consciente de esta tristeza profunda, de esta angustia profunda y que ya sabía que tenía que recurrir a un especialista; como si te doliera la panza siete días seguidos, seguramente consultarías.
—¿Y qué fue lo más difícil de aceptar al principio, cuando te dijeron: "Tenés depresión"?
—Bueno, el diagnóstico en realidad te da cierto alivio. Depende qué diagnóstico, pero ponerle nombre a lo que tenés te ayuda. De hecho, igual fue un poco chocante cuando el psiquiatra manifestaba varios diagnósticos. Primero no me quería decir el diagnóstico, lo cual me preocupaba aún más. Me decía: "Puede llegar a ser estigmatizante —me dice—, te vas a quedar con esa etiqueta, empecemos el tratamiento". Bueno, soy muy insistidora con algunas cuestiones y ahí lo que se barajó era, bueno, justamente un trastorno límite de personalidad, que me llevaba de este estado de ansiedad a depresión en tiempos muy acotados.
Y ese sí, fue como un shock, o sea, de todo lo que había leído, decir: "Tengo esto", porque por mi formación tenía esa información y yo decía: "Me parece que es un montón". Porque tampoco tenemos educación emocional, no sabemos mucho de las enfermedades y estigmatizamos. Entonces creo que cualquier trastorno que te dicen es como que decís: "Uy, ¿esto es grave? ¿En qué me puedo convertir? ¿Se cura? ¿No se cura?".
Pero bueno, no me sorprendió igual el diagnóstico de depresión o de ansiedad como trastorno. La verdad que viéndome y sobre todo ya más madura emocionalmente, viéndome decía: "Y no me es de extrañar esta situación". Sí, no deja de ser muchas veces un shock, pero más que nada creo que uno piensa en el impacto que tiene en los demás y eso también te termina condicionando.
La importancia del entorno cuando tenés depresión
—¿Y sentiste justamente cierta incomprensión por parte de tu entorno?
—Sí, ahora que me va a escuchar el entorno. Sí, bastante. Por lo general, se juzga como si fuera una enfermedad elegida. Entonces eso también me pasaba bastante, que me dijeran: "Bueno, pero si vos estás así, entonces los demás cómo tienen que estar, y qué es lo que te falta, y pero qué injusta que te sientas de esta manera". Y en realidad no elegís porque, la verdad, te sentís pésimo.
Yo creo que ninguna enfermedad se elige y, realmente, si alguien estuviera padeciendo esa enfermedad, sabrías que tu voluntad está limitada y la verdad que enjuiciar una enfermedad es muy injusto. Entonces ahí es cuando uno también, y con ayuda del psiquiatra, estuvo muy bueno eso, que me dijo que forme un entorno para atravesar el tratamiento, que no me juzgue. Bueno, se limitaba un montón ese entorno, así que quedó pequeñito, pequeñito y sobre todo mis mascotas, que no juzgan.
—¿Cómo el entorno puede ayudar en el proceso sin invadir?
—Excelente. Justamente, ayudar sin invadir significa que le tenés que preguntar a la persona qué tipo de ayuda necesita, si es que necesita ayuda, pero a mí, por ejemplo, me hubiese gustado que me ayuden desde lo que yo no podía hacer. No sé, salir. Primero estábamos en pandemia, así que era bastante complicada la situación en general, pero tener que hacer las compras o tener que asistir a un turno médico, que alguien a lo mejor me acompañe en eso, me hubiese servido mucho más que a lo mejor la crítica o que te quieran sacar. No sé, a mí en ese momento no me surgía, no sé, que vayamos a cenar o que organicen una reunión cuando ya se podía, se flexibilizó más la pandemia, el encierro que teníamos. Me acuerdo que me decían: "Bueno, salgamos, bañate, vestite y vamos a salir". Y eso es como que a alguien con las piernas fracturadas le digas que vamos a correr. Entonces, para mí, preguntar qué es lo que necesita el otro es un signo de empatía.
Influencia de la experiencia personal en la profesión
—¿Cómo influye tu experiencia personal en tu profesión como coach?
—Bueno, me gustaría, ahí lo dirán mis clientes, pero me gustaría que se pueda transmitir más la conexión desde la comprensión y no desde el juicio de por qué alguien puede estar pasando por cualquier situación. Yo siempre digo que un buen indicador de empatía es que tengas un bajo nivel de prejuicio y sería raro que una persona prejuiciosa sea empática.
Entonces creo que desde esa mirada, no siendo autorreferencial, salvo que me pregunten puntualmente por mi paso por la enfermedad, pero cada uno lo transita seguramente de una manera diferente, pero creo que más por el lado de la comprensión y el acompañamiento y sobre todo esto de no juzgar por lo que está pasando el otro. Me puede parecer, no sé, simple, compleja la situación del otro, pero yo no aporto desde ese lado, sino que tengo que aprender a acompañar a las personas en lo que la persona siente y eso no lo puedo juzgar.
Por qué no se habla de salud mental
—¿Y por qué crees que todavía hay tanto estigma sobre la salud mental, sobre la depresión, sobre la ansiedad?
—Sí, creo que no tenemos educación emocional, estoy segura, pero es mi opinión. Al no tener educación emocional, bueno, todo lo que tenga que ver con nuestra salud mental, nuestra salud emocional, nuestro bienestar. Bueno, puede ser algo ignorado y entonces lo que ignoramos a veces nos genera miedo, nos parece que es tabú, nos parece que es peligroso.
Obviamente, habrá enfermedades más peligrosas que otras; con el tratamiento adecuado se debería solucionar. De hecho, me han desvinculado por tener depresión. Cuando trabajaba en relación de dependencia, volví de la licencia y me echaron. Y yo trabajando en recursos humanos. Esto fue hace muchos años y la verdad es que hoy sigue pasando.
Por eso las estadísticas parecen que no acompañan la realidad. Porque el 75% de las bajas laborales, según la Organización Mundial de la Salud, para este año, son por temas de salud y enfermedad mental. Y en las organizaciones no lo ves o te dicen: "No, acá no pasa eso". El tema es que seguramente no lo dicen. Por eso recuperarse de una enfermedad mental o de un trastorno lleva mucho más tiempo que de uno físico, por el tiempo que tardás en decirlo, en buscar ayuda. Entonces eso prolonga, que muchas veces es el triple de tiempo.
Factores para que una persona tenga depresión
—¿Y creés que hay ciertos factores juntos que hacen que una persona desarrolle depresión?
—A ver, yo creo que, bueno, en esto yo no soy ni psicóloga ni psiquiatra, pero por lo que fui aprendiendo, es multicausal. Y también tiene que ver con cómo te tomás la vida. Y bueno, justamente esto que decía, tu ritmo de vida, tus elecciones, las decisiones que fuiste tomando, todo eso va teniendo consecuencias. Y por eso te digo que en algún momento dije: "No me extraña haber estado por esta situación respecto a, por ejemplo, cómo es mi ritmo de trabajo o, bueno, ni hablar de algunas decisiones que he tomado en mi vida que creo que me han llevado a sentirme con una profunda angustia, tristeza". No culpo al entorno porque siempre está la posibilidad de uno elegir qué piensa de las cosas que nos pasan. Bueno, creo que cuando aprendí a pensar diferente, ahí también sentí un impacto en mi salud mental.
—Y volviendo al entorno que recién también lo mencionaste, ¿sentís que hay ciertas frases o actitudes dañinas cuando alguien ya tiene el diagnóstico de depresión?
—Sí, bueno, todas estas que digo como estigmatizantes, como si estuvieras eligiendo sentirte así. Bueno, creo que ahí es donde marcan la incomprensión a una enfermedad que, como cualquier otra, en este caso, es invisible a los ojos de los demás, pero creo que a nadie se le ocurriría a una persona que está teniendo, no sé, cáncer, decirle: "Lo elegiste" o "Estás así porque querés".
Entonces creo que todas esas frases, bueno, justamente invalidan que uno también tenga ganas de, no sé, ser acompañado por alguien que todo el tiempo te está marcando, que estás así porque tenés ganas de estar así. Entonces creo que ahí la parte de saber acompañar a un paciente psiquiátrico es muy importante. También cuando uno a veces sugiere, no damos consejos, pero sugerís porque ves en otra persona ciertos síntomas y decís: "¿Por qué no consultás a un psicólogo o podés, no sé, ver un psiquiatra?", porque notás que hay ciertos factores que se están dando, síntomas, te dicen: "No, pará, no es para tanto". Todavía, o sea, también la persona que se siente mal le cuesta decir: "Bueno, sí sería bueno consultar".
Por eso digo a veces: "¿Cuánto tiempo dejás que te duela una parte física?" Y cuando te sentís con emociones displacenteras tanto tiempo, no es natural, deberíamos hacer una consulta. Y entonces creo que ahí también todos esos mensajes que recibimos, de que es tabú o que somos exagerados, son los que inhiben que pidamos ayuda a tiempo y capaz que cuando pedís ayuda ya estás con el agua a punto de taparte.
Cuáles son los síntomas de la depresión
—¿Y cuáles son esos síntomas o esas señales tempranas para darte cuenta de que estás pasando por un proceso de depresión o un tercero está pasando por ese proceso?
—A ver, puede ser, pero muchísimas. Te puedo hablar por mí, que era lo que sentía; era cuando ya, por ejemplo, por sobrecargarme muchas veces de tareas, bueno, la pérdida de energía, que está bien, uno en ese momento lo asocia, que si hago tantas cosas, es natural que esté cansado.
Pero también cuando empezaba a perder la capacidad de disfrute por algo que antes sí me daba placer y lo disfrutaba hacer. Entonces, ya cuando me costaba hacer lo que me gustaba, para mí eso ya era un signo de alarma, que lo entendí después, porque sino, te obligás a hacer cosas. Pero era esto de como no poder levantarme, como si hubiera una barrera invisible, pero me llevaba mucho esfuerzo, mucha energía, hacer lo que antes fluía.
Y en algunas personas, bueno, he notado los problemas en conciliar el sueño o dormir de día y, por ende, no dormir de noche. El desgano, la falta de motivación interna, de no saber para qué hace lo que hace. Entonces ahí es como que varias cosas y, obviamente, la tristeza en evidencia, pero sobre todo yo creo que cuando perdemos las ganas de hacer lo que antes nos apasionaba, pero que a su vez nos sentimos tristes. Porque puede ser que por gusto ya no elijas la carrera o la profesión, pero acá es cuando va acompañado de angustia, tristeza y desmotivación. Bueno, me parece que sería interesante saber por un especialista qué te puede estar pasando.
Cómo salir de la depresión
—¿Y qué les dirías a quienes piensan que es cuestión de voluntad salir de una depresión?
—Es como que a alguien con una enfermedad física grave le digas que si se va a visualizar sano, va a pasar. El pensamiento positivo, optimista, es necesario, obviamente, no suficiente. Después hay que hacer un montón de otras cosas y sobre todo la acción que vas a hacer. Un pensamiento negativo, pesimista, te arruina la vida, pero no creería que con el poder de la mente nos vamos a sentir mejor o a curar.
Y me parece que esos mensajes a veces son peligrosos. Para mí, ayuda que uno tenga otras creencias, pero yo no dejaría la psiquiatría en un caso de depresión, como no dejaría al oncólogo en un caso de cáncer y decir: "Te podés curar visualizándote sano". Entonces me parece que en trastornos de salud mental es clave el acompañamiento del psiquiatra, del psicólogo o de lo que te recomiende un profesional, que para eso se formó, pero lamentablemente son los que más se les discute todo: se les discute el tratamiento, se discute la medicación, los familiares discuten sobre el tratamiento. Es como un "hablemos sin saber".
—Y más allá del tratamiento psiquiátrico, ¿qué herramientas o recursos te ayudan hasta el día de hoy?
—Bueno, en ese momento estaba haciendo yo una maestría en educación emocional, así que para mí fui mi conejillo de indias mientras iba transitando esas materias. La inteligencia emocional me ayudó muchísimo y es lo que hoy también me genera que esté mucho más atenta a cómo yo me siento internamente. Hasta puede ser desde un síntoma físico, pero que detecto que son emociones que se están alojando ahí, que yo no las que estoy gestionando.
Así que la inteligencia emocional, el autoconocimiento, el saber qué era lo que me motivaba intrínsecamente a mí, tener habilidades sociales como, por ejemplo, ser asertivo, poner límites, saber decir que no, aprender a regular las emociones, a ponerles nombre y transformar esa energía que son las emociones. Me ayudó muchísimo y, bueno, la empatía, que si bien siempre hablamos de la empatía de uno hacia los demás, pero también con uno mismo, de tener más compasión y desde dónde yo me hablaba, cómo era mi diálogo interno. Así que la inteligencia emocional fue y es una gran herramienta para mí.
—¿Y cómo cambió tu estilo de vida a partir de todo esto?
—Ahora me van a decir que soy un hipócrita. No sé si cambió mucho mi estilo de vida porque, a ver, cambié en el formato que trabajo. Dejé la relación de dependencia hace ya ocho años y trabajo por mi cuenta, pero sí, la verdad que te diría que me apasiona lo que hago, entonces la verdad que muchas veces me cuesta poner límites o no quiero poner límites. En realidad, no es que me cueste. Algo que me gusta es como que no digo que no, entonces a veces la sobrecarga me pasa cierta factura, pero no hice grandes cambios en ese sentido, tal vez de agenda no lo he hecho, pero sí trabajo internamente en mí, en ser una mejor versión también para mí, no solamente para los demás, pero de dedicarme tiempo, que no es egoísmo, sino que es autocuidado. En eso sí le voy prestando más atención.
—¿Y qué le dirías a alguien que está en este momento en un tratamiento pero piensa que nunca va a salir adelante?
—Yo creo que siga el tratamiento. Uno de los errores que se comete es el de dejar la medicación porque te empezás a sentir bien. Ahí también te das cuenta: te sentís bien porque estás tomando la medicación, por lo tanto la necesitás, no es que te sanaste, no es que te curaste. Entonces seguramente a los tres meses las personas —hay un gran porcentaje que deja la medicación por sentirse bien—que continúe, que le haga caso a ese profesional que estudió para ayudarnos desde ese lado. Y como todas, hay variables en las enfermedades, pero también podés tener un tratamiento acotado en el tiempo, o tal vez es algo crónico, pero hoy en día hay un montón de enfermedades crónicas con las cuales, con el tratamiento adecuado, podés tener una vida estándar y poder hacer lo que te haga bien.
—Y para ir finalizando, ¿qué le dirías a las personas que nunca lo padecieron, pero sí que conviven con alguien que sí?
—Bueno, a ver, ahí parte de lo que decíamos de los entornos, saber acompañar, no invadir o no creer que lo que a mí me gustaría al otro le va a gustar. Entonces, siempre preguntar, porque a veces intercambiamos y creemos: "Bueno, yo te estoy ayudando con lo que a mí me gustaría como ayuda". Entonces creo que las conversaciones efectivas, honestas, y hacer preguntas y respetar que tal vez el otro no tenga ganas de contestar, no quiera hacer nada de lo que proponés. Y bueno, justamente es acompañar, pero no controlar. Acompañás en el camino y estás ahí presente.


