Una mirada crítica sobre cómo se presentó al Aconcagua en un medio chileno
El principal símbolo natural de la provincia fue citado en una cobertura internacional que genera ruido y hasta malestar.
En Mendoza, el Aconcagua no necesita presentación. No es solo una montaña ni un atractivo turístico de alta montaña: es parte de la identidad provincial, un símbolo que atraviesa la historia, la geografía y la proyección internacional de la provincia. Por eso, cuando se lo nombra livianamente, el ruido no es político: es periodístico.
Una reciente de Emol, la versión digital del diario chileno El Mercurio, informó sobre la muerte de un montañista ruso durante una expedición en el Aconcagua. El hecho, lamentable y sensible, fue abordado con un título que llama la atención: “Montañista ruso muere en cerro ubicado en la frontera de Chile y Argentina”.
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Sin menospreciar la tragedia, que es el foco de la nota y es lamentable, la frase que se usa en el título puede parecer menor, casi una formalidad geográfica y descriptiva, pero no lo es. En el ecosistema digital actual, donde el título muchas veces es lo único que se lee, no lo es. Definir al Aconcagua sin nombrarlo como “un cerro” y, además, ubicarlo genéricamente “en la frontera”, no solo introduce una imprecisión técnica: reduce la dimensión real de uno de los grandes emblemas mendocinos.
El Aconcagua no es un cerro más dentro de la Cordillera de los Andes. Es el punto más alto de América, una referencia mundial del montañismo, un ícono natural que posiciona a Mendoza en el mapa internacional desde hace más de un siglo. Llamarlo “un cerro” es, como mínimo, emparejar hacia abajo algo que tiene nombre propio, historia propia y peso simbólico propio.
La paradoja aparece cuando se avanza en la lectura. En el cuerpo de la nota, el mismo medio aclara que el Aconcagua se encuentra en territorio argentino, dentro de la provincia de Mendoza, a unos 15 kilómetros del límite con Chile. Es decir, el dato correcto está. Pero llega tarde. El título ya hizo su trabajo: simplificó, achicó y desdibujó.
En Mendoza, esa diferencia no es menor. Porque el Aconcagua no es solo una postal o una cifra de altura. Es parte de un entramado que incluye el Parque Provincial Aconcagua, la actividad turística, la logística de alta montaña, la historia del andinismo y una marca territorial que la provincia construyó durante décadas.
No se trata de abrir discusiones con Chile ni de buscar lecturas nacionalistas donde no las hay. Tampoco de cuestionar la cobertura del hecho en sí. El punto es que el rigor periodístico también se expresa en las palabras que se eligen.
En tiempos de titulares pensados para captar clics rápidos, el riesgo de caer en fórmulas genéricas es alto. Pero no todo puede reducirse a una etiqueta liviana. Cuando se habla del Aconcagua, hablar con precisión no es una exageración, es una obligación profesional.
Decir que está “cerca de la frontera” es correcto. Decir que es “un cerro ubicado en la frontera” no lo es. Y, sobre todo, decir “un cerro” cuando se habla del techo de América es perder de vista la jerarquía real del lugar que ocupa ese macizo en la geografía continental y en la identidad mendocina.
Tal vez no hubo intención. Probablemente no. Pero el periodismo también se mide por sus efectos, no solo por sus intenciones. Y cuando el título achica la montaña más alta del continente, el problema no es de banderas: es de rigor.
En mi caso duele más, porque nací del otro lado de la cordillera, pero siento Mendoza como mi tierra porque formé una familia y mi hijo es mendocino. Por eso ver ese título dispara una necesidad de adecuar ciertos conceptos. Además, estoy seguro que muchos chilenos, especialmente los que hacen montañismo y que están hoy preparando quizás un ascenso para esta temporada, también sienten el golpe de una nota que quizás para muchos pasa como un título, pero para otros es -por lo menos- un desconocimiento a un símbolo mendocino.


