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Una fundación ofrece hogar y amor a pacientes sin recursos: "¿Voy a comer otra vez, doctor?"

La Fundación Argentina de Trasplante Hepático brinda un refugio esencial y apoyo integral a pacientes de bajos recursos provenientes de otras provincias.

La Fundación Argentina de Trasplante Hepático acompaña a las personas que deben atravesar por esta duro procedimiento.

La Fundación Argentina de Trasplante Hepático acompaña a las personas que deben atravesar por esta duro procedimiento.

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El doctor Horacio Aziz cuenta esta historia y hace una pausa. Le tiembla la voz por primera vez desde que nos saludamos: "¿Vos te das cuenta de lo que te digo?", dice. No es una pregunta retórica, sino más bien una constatación de que habitamos la misma realidad.

El rol de la Fundación Argentina de Trasplante Hepático

El caso de este niño, se enmarca en un sinfín de otras historias, siempre parecidas. Un alma con una enfermedad grave que llega a Buenos Aires desde el interior, generalmente alguna provincia del Norte. Con la ropa puesta, a veces sin alguna muda extra que le permita cambiarse, si le toca permanecer en la capital más de una semana. Sin trabajo, ahorros o subsidios. A veces, incluso, con signos de no haber comido en los últimos dos días. Algunos niños llegan descalzos, y en este caso también, sin saber que en algún lugar del mundo, existían los inodoros con cisternas.

En la nebulosa de la memoria, logramos ubicar el año 1996, tal vez 1997. Los trasplantes de hígado comenzaban a realizarse en hospitales públicos de Buenos Aires. Con el progreso de la ciencia, no sólo llegó la salud, llegaron también cientos de pacientes del interior del país que necesitaban tratamiento de alta complejidad pero no tenían familia en la ciudad, ni obra social, ni forma de costear alguno de los tantos gastos que implicaba la capital. Muchos dormían en los pasillos del hospital, y tantos otros terminaban en la calle.

El Dr. Aziz recuerda encontrárselos en el Parque Lezama cuando volvía a su casa desde el Hospital Argerich. Enfermos graves, solos, en una ciudad que no conocían. Ahí entendió que hacía falta algo que hasta ese momento no existía: un hogar, lejos del hogar. Un lugar con cama, comida, baño, contención. Y lo repite muchas veces, pero en ninguna suena trillado: un lugar con amor.

Así es como en 1997 nació la Fundación Argentina de Trasplante Hepático, con sede actualmente en Av. Benito Pérez Galdós 9. Desde 2003, sus puertas están abiertas a cualquier persona con una enfermedad grave y sin recursos, no solo trasplantados: pacientes oncológicos, chicos pequeños en etapa de diagnóstico y tratamiento, pacientes en estado terminal que necesitan un refugio para pasar sus últimos momentos.

Actualmente, la fundación no solo da alojamiento y comida. Provee remedios, ropa, y sostén educativo. Adentro funciona una escuela pública oficial para los chicos en edad escolar. Incluso hay talleres de lecto-escritura donde muchos padres aprenden a leer y escribir por primera vez. Otros, cuenta Aziz: “me los esconden, los meten debajo de la cama, cuando viene la maestra. Para ellos, no tiene ningún valor que los chicos vayan a la escuela. Pero vos les decís que cuando se curen, tienen que poder tener una vida normal; y te dicen “cuando se cure, volverá a trabajar”. Y es un chico de 8 o 9 años”.

A la fundación también le toca luchar contra eso. El Dr. Aziz lo llama “el tema cultural”. Desde que los chicos se eduquen, hasta convencer a una familia de que los yuyos como remedios, a veces, le costaron al chico un tiempo que no tenía.

Con 120 camas disponibles en la fundación, hoy muchas están vacías. No porque haya menos enfermos, sino porque muchos ya no pueden pagar el pasaje para llegar. Aziz elige las palabras con cuidado al responder. "No sé si eso se llama ajuste en salud", dice: "No sé qué nombre darle". Desde que la Fundación se creó, la realidad social no mejoró, pero hoy se encuentran con que personas que antes recibían pasajes subsidiados para venir a sus controles médicos en Buenos Aires ya no los reciben. Entonces no vienen, y los diagnósticos se demoran y las enfermedades avanzan.

A eso ha de sumarse que la fundación tiene nueve personas en relación de dependencia: las trabajadoras de maestranza que limpian, cocinan y cuidan. Aunque sus sueldos no superan los 1,2 millones de pesos mensuales, en conjunto, la masa salarial ronda los 15 o 16 millones por mes. No es tanto, pero para Aziz es una fortuna. "Cada mes, no sé cómo lo voy a cubrir", la preocupación se le escapa y se abre una ventana a las dificultades de un médico con mucha vocación de servicio. Cuenta que esta semana, los temporales taparon los desagües del edificio de cuatro mil metros cubiertos. Debió contratar albañiles para arreglar los techos. Al final del día, todo suma.

Pero a pesar de todo, cuando alguien le dice que después de 29 años quizás es momento de cerrar, que ya ayudó "demasiado", Aziz se apasiona. Relata la situación como quien la ha vivido muchas veces. Dice que les ofrece la llave y les señala la puerta. Les dice que primero saquen a las 50 personas que están adentro y las manden a la calle. "Cerramos, pero hacelo vos", les dice. Y el otro siempre retrocede: "¡No, bueno! ¿Cómo me va a pedir que saquemos a la gente?". Aziz se ríe incrédulo mientras lo recuerda: "Pero, ¿no es eso lo que me estaba diciendo?".

No es todo gris, aclara sin parar. La firmeza viene dada en su forma de entender el mundo, “Es hacer por el otro lo que uno esperaría que hicieran por uno, en una circunstancia similar. Es tan sencillo como eso”, dice. Aziz habla y se emociona. Lleva 29 años emocionándose. Y cada mes, sin saber cómo, vuelve a cubrir los sueldos.

La Fundación Argentina de Trasplante Hepático recibe donaciones y colaboraciones. Por transferencia al CBU 0170003920000000914253, por Mercado Pago o tarjeta a través de [email protected]. Más información en Instagram: @fund.arg.trasplantehepatico.