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"Tu bebé es Down": la historia de Cecilia y cómo el síndrome de Down transformó a toda una familia

Cuando nació Santos, el miedo y la incertidumbre atravesaron a toda la familia. Doce años después, el síndrome de Down cambió su mirada del mundo.


La noticia llegó mientras Cecilia todavía estaba en la camilla del parto. Una enfermera se acercó a su hijo recién nacido y le dijo: “Tu bebé es Down”. El impacto fue inmediato: llanto, miedo e incertidumbre atravesaron a toda la familia tras recibir el diagnóstico de síndrome de Down y enfrentar un futuro imposible de imaginar en ese momento. “No entendíamos nada”, dice hoy, doce años después.

Durante las primeras horas, todo fue confusión. Santos tenía hipotonía y alimentarlo resultaba difícil. Las puericultoras intentaban ayudar mientras Cecilia trataba de entender qué significaba realmente el diagnóstico. Cuando el obstetra intentó explicarle la situación, el desconcierto fue todavía mayor. “Me dijo: ‘Es como si fuera vegetariano, algo que toca’. Nunca más vi a ese obstetra”, recuerda.

Con el tiempo entendió que muchas familias reciben la noticia sin contención ni información clara sobre lo que significa realmente criar a un hijo con síndrome de Down. “Hoy lo pienso y espero que los médicos, enfermeras y parteras estén más preparados para comunicar la noticia, para contener, para explicar sobre el bebé que de repente tenés en tus brazos”, reflexiona.

En medio de ese desconcierto, mandó un mensaje general a familiares y amigos informando que había nacido Santos y que tenía Síndrome de Down. Prefirió que cada uno reaccionara en su casa y que, con la cabeza más despejada, fueran a conocerlo. El papá reaccionó distinto. Intentaba transmitir tranquilidad todo el tiempo y repetía que no pasaba nada, que era su bebé y que todo iba a estar bien. Cecilia reconoce que quizás había algo de negación, pero también era exactamente lo que necesitaba escuchar en ese momento. Aun así, desde el primer día apareció el miedo por el futuro y empezaron a hacer planes en su cabeza para intentar calmar la incertidumbre. Con el paso del tiempo, aquella angustia inicial empezó a transformarse en otra cosa: aprendizaje, paciencia y una nueva manera de vivir.

Santos Sindrome de down

El papá de Santos

El síndrome de Down cambió las prioridades de toda la familia

Antes de la llegada de Santos, Cecilia reconoce que muchas de las preocupaciones familiares pasaban por el rendimiento académico, los idiomas o determinados mandatos sociales. Después, todo cambió. La familia empezó a enfocarse en cuestiones mucho más simples y profundas: que sus hijos fueran felices, amorosos y crecieran rodeados de buenas personas. “Creo que Santos me hizo mejor madre”, admite.

Santos hoy tiene 12 años, ama los Minions, es fanático de Mario Bros y disfruta pasar tiempo con sus amigos, sus terapias y sus hermanas. En su casa no existe un trato diferente: levanta la mesa, ordena, apaga las luces y participa de la rutina familiar como cualquiera.

Santos Sindrome de down

Santos con sus personajes favoritos.

Santos Sindrome de down

Lo que más emociona hoy a Cecilia es la perseverancia de su hijo. Nada llegó de un día para el otro. Cada pequeño avance implicó meses y meses de trabajo, frustración, paciencia y constancia. Desde aprender a agarrar un lápiz hasta ponerse las medias solo, todo requirió tiempo.

Detrás de cada logro hubo años de terapia ocupacional, motricidad fina y sesiones de kinesiología. Incluso comunicarse sigue siendo un desafío cotidiano: Santos muchas veces busca palabras que ya conoce, mezcla señas, mímicas y pictogramas para hacerse entender, mientras toda la familia intenta descifrar qué quiere decir. “Es agotador para él y tu cerebro procesa a mil tratando de entenderlo. Pero cuando finalmente lo lográs, es una fiesta”, cuenta.

Pero en la familia aprendieron algo fundamental: esperar. Esperar sus tiempos. Darle espacio para intentar. No resolverle todo de inmediato. Y cada logro terminó convirtiéndose en una celebración enorme.

A pesar de todo eso, Santos mantiene una alegría permanente. Va a terapias desde el primer mes de vida y siempre llega con una sonrisa. Tiene médicos especialistas en distintas áreas, controles constantes, análisis, oculistas, dentistas y kinesiólogos, pero logró construir vínculos muy fuertes con quienes lo acompañan desde chico. “Las terapeutas lo aman y él a ellas”, resume.

Santos Sindrome de down

La familia de Santos.

Una infancia rodeada de amor, terapias y pertenencia

Santos creció acompañado por sus tres hermanas: Juana, Manuela y Francisca. Con cada una construyó vínculos distintos, atravesados por juegos, peleas, besos y complicidad. Las hermanas mayores lo malcrían y lo llenan de besos, pero también son las primeras en dejar a sus padres en jaque cuando sienten que le dejan pasar cosas y no lo retan. “Nos mantienen en perspectiva todo el tiempo”, dice Cecilia. Por otro lado, la más chica le recuerda constantemente que debe seguir avanzando “porque es el hermano mayor”. Esa dinámica ayudó a que la discapacidad nunca ocupará el centro absoluto de la vida familiar.

Santos Sindrome de down

Las tres hermanas de Santos.

Puertas adentro, la inclusión no ocupa un lugar discursivo porque simplemente forma parte de la dinámica cotidiana. Santos tiene responsabilidades, rutinas y obligaciones como cualquiera de sus hermanas. Y aunque cada tanto aparece la conversación inevitable sobre qué pasará cuando ellos ya no estén, Cecilia encuentra tranquilidad en saber que sus hijas siempre estarán presentes.

La familia empezó incluso a organizar cuestiones económicas para que eso no representará un peso para ellas en el futuro. Pero sabe que, llegado el momento, serán sus hermanas quienes decidirán cómo acompañarlo. “Por suerte son tres y la decisión estaría compartida”, reflexiona.

Con el tiempo, Cecilia entendió que Santos también transformó profundamente a sus hermanas y a todo el entorno que creció cerca de él. Cree que sus hijas tienen una mirada mucho más amplia, inclusiva y empática gracias a convivir con la discapacidad desde chicas. “Que conozcan la discapacidad, que la vivan y vean que no pasa nada, es muy valioso para el futuro de la sociedad”, asegura. Lo mismo ocurrió con amigas, familiares y personas cercanas, que empezaron a naturalizar un mundo que antes les resultaba ajeno. En su casa, hablar sobre discapacidad nunca fue un tabú.

En ese recorrido también apareció una red fundamental: otras madres que atravesaban experiencias similares. El grupo “Down is Up” apareció cuando Santos era bebé y terminó convirtiéndose en refugio. Le permitió compartir miedos, dudas y aprendizajes en un momento donde todo parecía incierto. “Ellas estaban pasando exactamente por lo mismo que yo. Hace 12 años que somos amigas y hoy son mi brújula para todo”. Con los años, Cecilia entendió que no solo cambió la vida de Santos: cambió la mirada de todos los que crecieron cerca de él.

El futuro del síndrome de Down y una inclusión más real

Aunque reconoce que todavía existen prejuicios y palabras que duelen, Cecilia siente que la sociedad empezó lentamente a cambiar su manera de mirar la discapacidad. Durante mucho tiempo le costó soportar las miradas en la calle o en la playa: “Sentía que lo miraban destino en la playa o en el cochecito. En ese momento me lastimaba. Hoy entiendo que yo tampoco estaba acostumbrada a la discapacidad antes de Santos”. Hoy, en cambio, siente orgullo al ver a su hijo desenvolverse con naturalidad.

El momento más duro, reconoce, fue recibir el diagnóstico. El más feliz, la primera sonrisa de Santos. Una sonrisa que hoy, doce años después, sigue derritiendo a todos los que lo conocen. También cree que la verdadera inclusión todavía sigue siendo una deuda pendiente, especialmente dentro del sistema educativo: “La palabra ‘mogolico’ me sigue atravesando. En nuestro entorno ya casi ni se escucha, pero cuando aparece me hierve la sangre”.

Para ella, cuantos más chicos con discapacidad compartan espacios con otros niños, más empatía y naturalidad existirán en el futuro. No como un acto de caridad, sino como parte lógica de la vida. Sueña con escuelas que realmente incluyan y con generaciones que crezcan conviviendo naturalmente con la discapacidad. Está convencida de que los compañeros que compartieron jardín y primaria con Santos seguramente lo recuerden con alegría y que, de alguna manera, él dejó una marca imborrable en cada uno de ellos.

Doce años después del nacimiento de Santos, la familia sigue atravesando desafíos, límites y preguntas sobre el futuro. Pero hay algo que ya no está en discusión: la llegada de su hijo les modificó para siempre la manera de entender la felicidad. Si pudiera hablar con la mujer que era hace doce años, Cecilia le diría solo una cosa: "Nada va a ser igual. Solo mejor".

Santos Sindrome de down

Cecilia, la mamá de Santos.

Santos Síndome de Down

Llanto, miedo e incertidumbre de toda la familia tras recibir el diagnóstico de síndrome de Down.