Tres estrellas y una cultura: por qué Las Leonas siguen llegando a lo más alto siendo semiprofesionales
Las Leonas volvieron a ser campeonas del mundo y abrieron un debate sobre talento, cultura deportiva, profesionalización e inversión.
Las Leonas son campeonas del mundo.
EFELas Leonas son campeonas del mundo. El sábado, en Amstelveen, empataron 1-1 con Países Bajos y se impusieron 3-1 en los shoot-outs para conquistar su tercera estrella, 16 años después de Rosario 2010. Este lunes regresaron a Ezeiza con la Copa y fueron recibidas por una multitud.
La capitana María José Granatto, con el trofeo en las manos, dejó un mensaje que trasciende el festejo: “El deporte es muy importante para el país. Hay que invertir en el deporte, como foco”. Detrás del título hay una pregunta que excede al hockey: ¿cómo se construye excelencia cuando los recursos todavía no alcanzan? No hay contratos millonarios para la mayoría de las jugadoras ni una industria global comparable con la del fútbol. El sistema tampoco permite que todas vivan exclusivamente de su actividad deportiva. Algunas estudian, otras trabajan y muchas combinan esas obligaciones con entrenamientos y competencias de alto nivel. Eso es lo que permite hablar de una estructura todavía semiprofesional. No porque el alto rendimiento sea improvisado, sino porque la profesionalización económica no alcanza todavía a todo el sistema.
Una cultura que sostiene el talento
La respuesta al éxito argentino no parece estar solamente en el talento individual. Hay una cultura deportiva construida durante décadas, con formación desde edades tempranas, competencia interna, sentido de pertenencia y una idea del seleccionado que trasciende a cada generación. Las jugadoras llegan y se van, pero buena parte de lo construido permanece. Ese es uno de los mayores activos de cualquier organización deportiva. Puede haber recursos, instalaciones, tecnología y profesionales capacitados. Pero si el conocimiento no se transmite, si no se detecta talento y si cada generación debe empezar de cero, los resultados difícilmente puedan sostenerse. El hockey argentino parece haber construido esa base antes de alcanzar una profesionalización plena.
Cuando el alto rendimiento también nace lejos
La renovación del plantel ofrece otra pista. Entre las convocadas aparecen jugadoras que muestran que el talento no necesariamente nace en los centros deportivos más tradicionales. Milagros Alastra, la mendocina surgida de la Universidad Nacional de Cuyo, representa esa expansión. Con apenas 20 años, después de ser reconocida como la mejor jugadora joven del Mundial Junior 2025, formó parte del equipo que conquistó la tercera estrella. Su recorrido demuestra que el alto rendimiento también puede construirse lejos de los grandes centros, incluso en lugares donde todavía no existe una estructura profesional completa. Eso no ocurre por casualidad. Detrás de cada jugadora hay clubes, entrenadores, universidades, competencias, familias y estructuras que permiten que una deportista avance. Cuando ese entramado funciona, el seleccionado recibe algo mucho más valioso que una jugadora talentosa: recibe una nueva generación preparada para competir.
La profesionalización no lo explica todo
La profesionalización es importante. Los recursos son importantes. Las mejores condiciones de entrenamiento también lo son. Pero ninguna de esas herramientas funciona por sí sola. Antes de que exista un sistema profesional consolidado tiene que existir una base capaz de sostenerlo: una cultura que forme, que exija, que detecte talento, que transmita conocimiento y que consiga que una generación entregue a la siguiente algo más que una camiseta. Las Leonas volvieron a ser campeonas del mundo y el título será la parte más visible de la historia. Pero detrás de esos 60 minutos y de la definición por shoot-outs hay algo mucho más difícil de construir y mucho más fácil de perder: una forma de competir que lleva décadas formándose.
Tal vez esa sea la verdadera lección del hockey argentino
La excelencia no siempre empieza cuando llega el dinero. A veces empieza mucho antes, cuando una organización consigue construir una cultura capaz de formar talento, sostener estándares y transmitir conocimiento. Y justamente por eso el pedido de Granatto importa.
La cultura explica cómo Las Leonas llegaron hasta acá. La inversión puede ayudar a decidir hasta dónde pueden llegar.
* Eduardo Muñoz. Criminólogo. Creador del Teorema de la Omisión Preventiva. Autor de La doble cara del gol (2026), un análisis criminológico del fútbol y el poder.
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