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La rutina de lo extraordinario, a pesar de todo

El seleccionado femenino de hockey sobre césped volvió a consagrarse campeón del mundo después de 16 años. Lo que se ha transformado en un legado indestructible contrasta con una precariedad estructural que convierte al deporte argentino en un verdadero milagro.

Las Leonas cortaron la hegemonía Naranja y se consagraron campeonas del mundo.

Las Leonas cortaron la hegemonía Naranja y se consagraron campeonas del mundo.

EFE

Las Leonas, el seleccionado argentino de hockey sobre césped, salieron campeonas del mundo por tercera vez en su historia. Quizás sea una noticia que a pocos les sorprenda, porque es un equipo que en los últimos 26 años ha (mal) acostumbrado a los fanáticos del deporte a una excelencia que que ya escapa a toda lógica y análisis.

Como si ser campeón del mundo no fuera una épica suficiente -en el ámbito que sea-, este título tiene un sabor especial. No solo se venció a Países Bajos -u Holanda, como estamos acostumbrados a llamar al equipo Naranja-, el gran verdugo de Argentina y máximo rival en el último cuarto de siglo, sino que se hizo en su casa y frente a todo su público. También se dio en el mismo escenario donde aquella primera camada de Leonas ganó su primer título mundial a solo dos años de su nacimiento, en Sidney 2000.

Para entender la dimensión de este triunfo solo basta con mencionar el palmarés con el que las neerlandesas llegaron a esta final: un equipo que iba por su cuarto título ecuménico consecutivo y que viene de ser bicampeón olímpico. También ostenta el número uno del ranking mundial y es tetracampeón de la Pro League, el torneo anual que organiza la Federación Internacional de Hockey (FIH).

Sí, suena mucho. Pero, para ser honestos, la vitrina de Países Bajos es totalmente coherente con la importancia que tiene este deporte en aquellas tierras. No solo es la disciplina más popular del país, son dueños de la liga más competitiva del mundo y uno de los lugares con mayor infraestructura para el deporte (la final se dio en un estadio repleto con 10.000 espectadores en las gradas), se trata de una nación donde el hockey es profesional.

Las Leonas cortaron se consagraron campeonas del mundo.

Las Leonas cortaron se consagraron campeonas del mundo.

Entonces, quedarse con la foto de la copa y la medalla y las mieles de este triunfo que hoy llena de orgullo a cada amante de este deporte y de la bandera argentina es un tanto reduccionista. Si bien Las Leonas también tienen lo suyo -número dos del ranking de la FIH, sub campeonas del mundo y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024-, la realidad de esas 20 mujeres que hoy alcanzaron la gloria máxima es bien diferente a las de sus pares holandesas.

Pese a ser el deporte más practicado por mujeres en Argentina, el hockey todavía es amateur. Acá, ni siquiera Las Leonas saben lo que es que te paguen por hacer lo que más te gusta. Todo lo contrario. Con suerte, los contratos con sponsors las alivia de los gastos de palos, botines o indumentaria, pero con una beca que les aporta el Cenard -que para ser completa tienen que haber formado parte de los planteles que disputan JJOO, Mundial y Panamericanos, algo que no todas cumplen- lejos están de poder vivir del hockey.

Pese a eso, la dedicación y la preparación es de profesionales. Con estrictos horarios, entrenamientos invisibles, viajes y otros tantos compromisos que hacen que más de una postergue otros objetivos como los estudios, una carrera académica y otras metas en la vida.

Ni hablemos de la infraestructura. La realidad argentina marca que apenas en Buenos Aires los clubes cuentan con su propia cancha de sintético de agua -la superficie donde se juega a nivel internacional-, mientras que en el interior, como en Mendoza, una de las provincias protagonistas del deporte con Milagros Alastra como nuestra gran representante, recién por estos años algunos clubes han podido ilusionarse con su primera cancha de agua.

Y aún así, hace 26 años este equipo nos tiene acostumbrado a la rutina de lo extraordinario. Porque quizás lo único que cambió de aquel grupo de jugadoras que dirigidas por Sergio “Cachito” Vigil que consiguió una medalla de plata en Sidney 2000 es la visibilidad y la cantidad de mujeres que se animaron a soñar de la mano de la magia de Luciana Aymar, Cecilia Rogoni, Magdalena Aicega, Mercedes Margalot, Soledad García y tantas otras que vinieron después.

Perdón si suena un poco pesimista este análisis en medio de tanta euforia, pero realmente no se debería obviar el milagro que representan este grupo de mujeres. Porque pasan los nombres y legado sigue intacto. Porque se retiró la mejor jugadora del mundo y leyenda del hockey mundial, Lucha, y contra todo pronóstico Argentina siguió siendo protagonista -y campeona-. Porque una vez más, como hace 26 años se volvió a despertar la ilusión en cada niña que hoy se emocionó frente a la tele queriendo ser Zoe Díaz, “la China” Cosentino, alguna de las hermanas Granatto, Agos Alonso, Gorze, Janku y por qué no -nuestra- Mili, así como todas ellas algunas vez se vieron queriendo ser una Leona.