Tito Garabal: "Espero que la visita de León XIV sea para la Argentina un momento de gracia y alegría"
El periodista vaticanista recuerda sus encuentros con Juan Pablo II, Benedicto y Francisco y analiza qué mensaje puede dejar León XIV en su visita a Argentina.
Tito Garabal en Entrevistas MDZ.
La llegada de León XIV a la Argentina tendrá un significado especial para un país que lleva casi cuatro décadas sin recibir la visita de un Papa. Para Tito Garabal, periodista especializado en temas del Vaticano, el viaje no debe reducirse al impacto de las imágenes o a la cercanía que los argentinos puedan tener con el pontífice: se trata de un proceso que comienza mucho antes de su llegada y que continúa después de su partida.
Garabal conoce de cerca esa experiencia. En 1987 tuvo el privilegio de viajar junto a Juan Pablo II durante una gira que incluyó Uruguay, Chile y Argentina. También conoció a Benedicto XVI cuando todavía era el cardenal Joseph Ratzinger y tuvo una relación previa con Jorge Bergoglio. En Entrevistas MDZ, repasó sus recuerdos de aquellos encuentros, describió la particular experiencia de compartir un vuelo papal y analizó qué puede significar para la Argentina la llegada de León XIV.

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Entrevista completa a Tito Garabal
-¿Qué significa para la Argentina la visita de un Papa después de casi 40 años?
-Yo creo que los viajes papales tienen como tres momentos: la preparación, el momento en que el Papa está y el post viaje. En el 87 hubo casi un año largo de preparación y hubo una misión importante para prepararse para el viaje. Después está el momento en que el Papa está, que es un momento más afectivo, más emotivo. Uno va a verlo, se pregunta si lo saluda, si él lo ve más de cerca, menos de cerca, a dónde voy, a dónde no voy. Y después viene el post viaje, que es dondeal de gún modo podemos decantar todo lo que los Papas dicen en un país. No hay que olvidarse de que la visita de un Papa siempre, fundamentalmente, va a confirmar en la fe a su pueblo y también a generar un proceso de comunión en el país que visita. Por eso creo que hay que mirar la visita en su conjunto y no solamente quedarse con el momento de la llegada o con la imagen del Papa.
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-¿Qué mensaje puede llegar a dejar León XIV cuando termine su visita?
-Yo creo que va a tomar un poco los temas que él viene desarrollando ya en su breve todavía, pero importante pontificado. Son los que tienen que ver con la construcción de la paz, la concreción de las comunidades y el tema de la juventud, que le preocupa fuertemente. De hecho, siempre, ya previamente, se encargaba de todo el tema de los jóvenes. Eso lo mantiene León XIV. También está el tema de lo que significa la problemática de la discapacidad y después toda esta nueva revolución industrial, que es la inteligencia artificial. Toda esa revolución de la inteligencia artificial seguramente va a estar presente. Y después, en cada sector va a tener una palabra particular: cuando se encuentre con los discapacitados hablará sobre el acompañamiento a la discapacidad; cuando se encuentre con los dirigentes, hablará de la realidad nacional; y seguramente con el presidente, en una audiencia más privada, se hablarán de distintos temas.
La visita de Juan Pablo II del 82 se preparó en un mes
-¿Qué importancia tendrán los distintos lugares y encuentros previstos durante la visita?
-Hay muchos encuentros que tienen un significado particular. En Córdoba va a tener varios encuentros y la misa central, y también un encuentro con seminaristas y sacerdotes en la Catedral de Córdoba. Después está Luján, donde va a ser realmente multitudinario y donde va a haber una fuerte impronta mariana, con todo lo que significa Luján para la Argentina y para los jóvenes de la Argentina. También entiendo que después del encuentro podría haber una reunión con los voluntarios en la Villa Marista. Y no hay que olvidarse de Devoto. Había mucho interés en que fuera, porque el Papa ha ido en los viajes anteriores, como hacía Francisco, también a visitar cárceles. Es un tema fuerte, además, porque hemos llegado a tener a un encargado a nivel pontificio de la pastoral carcelaria. Todavía no se ha confirmado, por lo menos yo no lo he visto en ningún programa, un encuentro con el mundo de la cultura. Y me parece que sería importante, sobre todo porque se viene hablando mucho de toda la impronta cultural y de cómo hacer frente a estos procesos culturales. Me hubiera gustado que hubiera un encuentro con el mundo de la cultura, como hubo con Juan Pablo II, que se hizo nada menos que en el Teatro Colón.
-Vos viviste de cerca la visita de Juan Pablo II a la Argentina. ¿Qué recuerdos tenés de aquel momento?
-La visita del 82 fue realmente muy intensa. Él tenía previsto un viaje a Inglaterra muy importante, que tenía que ver con la relación con la Iglesia inglesa y la Iglesia de Inglaterra, y la verdad es que no lo quería suspender. Entonces, si bien el Papa se declara por la paz, invita a los cardenales de Argentina y de Inglaterra a una misa conjunta. Cuando se hace esta misa dice: “Bueno, voy a ir a la Argentina”. Fue una corrida fenomenal, porque se armó en un mes y medio prácticamente. Fueron pocas horas, pero muy intensas, y sobre todo por el momento que vivía la Argentina. Los que tenemos algunos años podemos acordarnos de esa famosa Avenida Rivadavia, que iba hasta Morón, y de todas las llegadas. Fue muy imponente porque vino por autopista, por debajo de la 9 de Julio, pasó por Plaza de Mayo, fue a la Casa de Gobierno. Fue un viaje impactante, sobre todo porque era la primera vez que venía un Papa.
León XIV tiene cosas de Francisco con otro estilo
-¿Y qué significó para vos poder viajar con Juan Pablo II en el vuelo papal?
-La verdad es que fue mi primer vuelo papal. Después tuve otro, pero este fue el primero. Y fueron muchos días, casi 22 días en total entre la llegada a Roma y la vuelta. Nosotros tuvimos que ir a embarcar a Roma porque no nos podíamos quedar acá. Hicimos todo el periplo de Uruguay, Chile completo y Argentina completo y después tuvimos que volver a Roma. Y cuando subimos al avión, a la hora y media el Papa va a pasar a saludarnos. Juan Pablo II no hacía rueda de prensa, sino que iba pasando, iba saludando y se quedaba hablando con cada uno. Cada uno le hacía alguna pregunta y así que era impactante tenerlo ahí, en el pasillo del avión, charlando con vos. Después llegamos a Montevideo, de ahí nos fuimos a Chile y pasé mi cumpleaños número 33 en el vuelo entre Montevideo y Santiago. Me acuerdo que el Papa me iba a recibir y después, como el avión se movía mucho, vino un secretario, compañero mío, a recibirme, pero me dijo: “Reza por usted”. La verdad es que fue una experiencia impresionante.
-¿Qué tenía Juan Pablo II que te quedó grabado de esos encuentros?
-Mirarlo a Juan Pablo II cara a cara era una experiencia demoledora, porque sentía que te perdías adentro de él. Vos lo mirabas y sentías que vos te perdías adentro. Eso, la verdad, nunca me pasó con nadie. Estar cara a cara con San Juan Pablo II era una experiencia muy particular. Yo lo había visto por primera vez de cerca en el 82, cuando el Papa llega a Casa de Gobierno. A mí me habían autorizado a estar en el balcón que da a Plaza de Mayo del Arzobispado para mirar. En un momento se abre la puerta y aparece Juan Pablo II. Yo le digo: “Soy periodista”, y me da la bendición. Después, en el viaje del 82 a Luján, estábamos a unos seis metros de él. El Papa le dio la Rosa de Oro a la Virgen. Pero había que estar ahí parado, a las tres de la mañana de la celebración, bajo la lluvia, como estaba toda la gente. Era un lugar fantástico y una experiencia que quedó grabada.
-También conociste a Benedicto XVI y a Francisco. ¿Cómo fueron esos encuentros y qué diferencias encontraste?
-A Benedicto lo conocí cuando todavía era Ratzinger, en la casa del cardenal Pironio. Estábamos tomando el té y en un momento vino el secretario y le dijo al cardenal: “Está el cardenal Ratzinger, que vino a tomar el té con usted”. Yo dije: “Bueno, me voy”. Y me dijo: “No, no, quedate, decile que estoy con un amigo argentino, que pase”. Y ahí estuvimos tomando el té con Ratzinger. La verdad que fue también un privilegio. Y a Francisco lo conocí cuando era Jorge Mario. Era el mismo. Yo creo que la Argentina no aprovechó suficientemente, en el buen sentido, la dimensión de su pontificado. Nos quedamos más con él: por qué no vino, por qué tal foto, por qué hizo tal cosa. Y bueno, era el estilo de Francisco. León tiene cosas de Francisco. Doctrinalmente tiene la continuidad de Francisco, indudablemente que sí. Creo que tiene un estilo distinto, más protocolar, más ceremonial, más sereno en algunas cosas, más ordenado en otras. Pero también asume una impronta muy fuerte en un mundo que realmente está muy convulsionado.
El tema de la IA va a estar presente en su mensaje
-¿Qué características ves en León XIV y qué esperás de su llegada a la Argentina?
-Yo creo que es un hombre con una enorme capacidad de escucha. Toda la gente que lo conoce bien te lo dice rápidamente. Es muy inteligente. Y me parece que los pontífices modernos tienen, en este caso, una preparación muy importante para ser Papa. León llega a esta responsabilidad después de una carrera y de una escalera que le permitió ir generando peldaños que lo han preparado para esta enorme responsabilidad. Fue prior agustino, recorrió tres veces el mundo, volvió a Roma, después llegó a Perú, lo hicieron obispo, lo llevaron a Roma y lo nombraron en la Pontificia Comisión para el Clero. Eso le daba un hándicap importante en la elección, porque la mayoría de los cardenales lo conocían. Por eso espero que para la Argentina sea un momento de gracia, un momento de alegría. Ojalá que lo aprovechemos en el buen sentido y que también entendamos lo que nos dice, más allá de los apasionamientos, más allá de los títulos que leamos. Todo lo que nos diga, que lo analicemos y que lo pongamos en práctica, que es lo más importante.



