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Therians: el "regreso a lo animal" que reabre una vieja pregunta sobre lo humano

Entre Diógenes, Nietzsche y Lacan, la identificación animal aparece como síntoma: una forma de decir lo que el lenguaje no termina de soportar.

No es que el hombre quiera ser un animal.

No es que el hombre quiera ser un animal.

Shutterstock.

En redes sociales, en la tele y en cada vez más espacios urbanos, comienzan a hacerse visible los therians: personas que se identifican (en un plano simbólico, espiritual o existencial) con un animal no humano. No se trata de cosplay ni perfomance estética, ni “juegan” a ser animales, sino que afirman serlo en algún nivel de su identidad.

Este fenómeno adolescente (y no tanto) provoca curiosidad, burla o alarma. Sin embargo, leído desde una perspectiva histórica y filosófica, no es tan novedoso como parece. Este movimiento señalado como una excentricidad digital, puede leerse como una nueva escena de un viejo conflicto. La tensión entre cultura y animalidad; entre el ideal humano y el cuerpo que insiste.

Los therians se identifican con un animal no humano

El término therian –abreviatura de therianthropy- comienza a circular en comunidades online anglosajonas a comienzos de los años 90, en foros, listas de correo y espacios vinculados a espiritualidades alternativas, neopaganismo y culturas furry. A diferencia del licántropo del imaginario clásico, no se trata de una transformación física, sino de una identificación subjetiva persistente con un animal. En sus primeras formulaciones, muchos therians describían su vivencia en clave espiritual: “alma animal”; “animal tótem”; “recuerdos de otra vida”. Con el tiempo y especialmente con la expansión de plataformas como Tumblr, Reddit, Tik Tok y Discord, el fenómeno se seculariza y además psicologiza. La narrativa mística cede lugar a un lenguaje identitario. Ya no es una creencia espiritual sino una forma de nombrarse, de presentarse y pertenecer.

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En redes sociales, en la tele y en cada vez más espacios urbanos, comienzan a hacerse visible los therians.

En redes sociales, en la tele y en cada vez más espacios urbanos, comienzan a hacerse visible los therians.

Esto resulta decisivo. Lo que antes podía permanecer como experiencia privada o marginal se convierte en público sumando etiquetas, pedagogías, rituales de validación y comunidades de reconocimiento. La animalidad deja de ser metáfora y pasa a funcionar como identidad comunicable. Este retorno a lo animal tiene un antecedente filosófico clásico en la corriente cínica cuyo representante, Diógenes de Sínope, hizo de la animalidad un método. Vivir como un perro no era una pose pintoresca sino una crítica radical a las convenciones y artificios de la polis. Diógenes comía, dormía y vivía como un perro. No lo hacía por provocación gratuita sino para demostrar que la civilización había convertido lo natural en vergüenza y lo artificial en virtud. Su animalidad denunciaba a través del cuerpo y la impostura, el exceso de normas y la ficción de una racionalidad.

La animalidad deja de ser metáfora

Los therians pueden leerse (incluso aunque ellos mismos no lo sepan) como herederos lejanos del gesto cínico que se identifican con un animal y cuestiona el ideal civilizatorio. Para otro filósofo, Nietzche, el ser humano es un animal que ha aprendido a despreciar su propia animalidad. El afirma que el hombre es un animal que se vuelve contra sí mismo, que interioriza la violencia y convierte al cuerpo en campo de castigo.

Los therians, ¿tratan de una resistencia al ideal humano contemporáneo o de una retirada? ¿es un gesto subversivo o una solución sectorizada pública frente a una crisis colectiva? Algo señalan claramente: no está claro qué significa “ser humano” entre inteligencia artificial, biotecnologías, narrativas identitarias, pandemias que han llevado la muerte a la plena conciencia. Lo humano deja de ser dato para pasar a ser un problema.

TJERIANS
Este fenómeno adolescente provoca curiosidad, burla o alarma.

Este fenómeno adolescente provoca curiosidad, burla o alarma.

Para Jacques Lacan, el punto no reside en la animalidad sino en la marca del lenguaje. El humano es un animal atravesado por el significante y esa marca lo desnaturaliza para siempre. No hay retorno posible puesto que donde había necesidad, hay demanda. Donde había cuerpo, hay cuerpo hablado. Donde había naturaleza en estado puro, hay pulsión. El therian inventa un animal para poder decir algo de lo imposible de soportar, un punto donde el cuerpo no alcanza a ser dicho pero tampoco puede ser vivido sin palabras. Por eso no estamos ante un regreso a la naturaleza, sino ante un síntoma contemporáneo. Allí donde las identificaciones declinan, el sujeto fabrica nuevas máscaras para sostener algo de su propia humanidad.

No es que el hombre quiera ser un animal

Es que al no saber qué es ser humano, inventa un animal para poder decir algo de su propia mortificación. No es zoología, es clínica. Y ese aullido identitario, lo que se escucha no es la selva, sino el eco del significante buscando un cuerpo para que la sociedad lo acepte.

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta. Pueden ver su programa Megapsinepolis por YouTube

IG @carlosgustavomotta