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"No es autopercepción": una psicóloga explica qué significa ser therian y por qué se confunde

La licenciada en Psicología Aldana Ferreira analizó para MDZ el auge de los therians, la confusión de conceptos y el riesgo de etiquetar sin entender.

Therian es un fenómeno que cada vez está creciendo más en los jóvenes de todo el mundo.

Therian es un fenómeno que cada vez está creciendo más en los jóvenes de todo el mundo.

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Los therians pasaron de ser un contenido de nicho a un tema de conversación masiva. Videos, memes, debates televisivos y opiniones rápidas se mezclan con algo más complejo: adolescentes que se reúnen, se visten, ensayan gestos y dicen sentirse cerca de un animal.

Para la licenciada en Psicología Aldana Ferreira (matrícula 4047), el punto de partida es ordenar el vocabulario y bajar el volumen de la burla. “Lo primero es separar términos, porque en redes se usan mal y eso termina armando un juicio injusto”, sostuvo en diálogo con MDZ.

Cuando la palabra confunde más que ayuda

Aldana Ferreira remarcó que, en muchos casos, no se trata de “ser” otra especie, sino de un modo de identificación. “No hablamos de cambiar de cuerpo ni de abandonar lo humano; hablamos de un vínculo simbólico con rasgos de un animal”, explicó. Y agregó un matiz clave para entender el fenómeno sin caricaturas: “Pueden tomar conductas o movimientos en ciertos momentos, pero eso no significa que su vida cotidiana se convierta en la de un perro o un zorro”. En esa práctica aparece lo lúdico, el ensayo de roles y la búsqueda de un lugar propio, con códigos compartidos y lenguaje interno.

Una adolescente therian en Mendoza

Una adolescente therian en Mendoza

Para la psicóloga Aldana Ferreira los therian son un modelo de identificación.

La psicóloga lo relacionó con procesos típicos de la adolescencia. No como una moda vacía, sino como una forma contemporánea de pertenencia. “Funciona como un grupo identitario: te reconocen por cómo te mostrás, por lo que hacés y por el sentido de comunidad”, señaló. En esa lógica, el “therian” no necesariamente es una etiqueta fija. Puede ser una etapa, una exploración o una manera de expresar emociones que aún no encuentran otras vías. “En la juventud, muchas veces se proyecta lo que duele o lo que falta en símbolos. Esa es una lectura posible”, indicó.

¿Tribus urbanas versión 2026?

Ferreira propuso una comparación que ayuda a poner el tema en perspectiva histórica. “A otras generaciones nos pasó con las tribus urbanas: el look, la música, la forma de hablar y de moverse marcaban pertenencia”, recordó. En ese espejo aparecen nombres como floggers, emos o estilos que, en su momento, también fueron motivo de estigmatización. “Hoy cambia el formato, no la necesidad de identidad”, resumió. Por eso pidió cautela con la tendencia a patologizar. “Que sea llamativo no lo vuelve enfermedad”, advirtió.

Eso no significa negar matices. La psicóloga reconoció que siempre existe una zona sensible que requiere mirada clínica, caso por caso. “Hay situaciones particulares donde puede haber confusión con la realidad, pero no es correcto generalizar ni convertirlo en diagnóstico automático”, planteó. En otras palabras: la rareza social no es un criterio de patología. Y el recorte de un video viral tampoco alcanza para definir qué le pasa a una persona.

Sirenismo: parecido en redes, distinto en sentido

En el mismo análisis, Aldana Ferreira diferenció el mundo therian de otra práctica que suele aparecer en el mismo paquete: el sirenismo. “En varios países se vive como disciplina acuática, con entrenamiento y competencia; se le suma lo artístico de ‘parecer sirena’”, describió. Según su mirada, allí predomina lo deportivo y recreativo. “No es una identidad en el mismo plano; es una actividad, un pasatiempo, una práctica con reglas”, puntualizó.

Para la especialista, el desafío está en cómo se conversa públicamente sobre estos temas. “Falta ponerle conocimiento y precisión, no opinar por impulso”, reclamó. Y cerró con una advertencia que vale para cualquier tendencia adolescente: “Si usamos palabras incorrectas, terminamos alimentando la burla, el miedo y el prejuicio; y eso lastima más que el fenómeno en sí”.