Según Caeme, en 2025, se aprobaron 290 nuevos estudios clínicos en Argentina
En 2025 se aprobaron 290 nuevos estudios clínicos en el país, un 8% más que el año anterior mostrando una contundente expansión.
En 2025 se aprobaron 290 nuevos estudios clínicos en el país, un 8% más que el año anterior.
Actualmente, Argentina cuenta con más de mil estudios clínicos en desarrollo y más de 50 mil participantes. Según datos difundidos por la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe), esta actividad no sólo permite anticipar el acceso a terapias innovadoras y vacunas, sino que además genera ingresos superiores a los 700 millones de dólares anuales.
De esta forma, se consolidó como uno de los sectores más dinámicos de la economía del conocimiento. En el marco del Día Mundial de la Investigación Clínica, desde CAEMe destacaron el crecimiento sostenido de esta disciplina y el rol estratégico que ocupa Argentina dentro del escenario regional de innovación biomédica.
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Carolina Martinenghi, directora de Comunicaciones de la entidad, aseguró que la investigación clínica “tiene capacidad para atraer crecientes inversiones internacionales y aportar divisas exportando servicios de alto valor agregado, además de generar empleo calificado y contribuir a mejorar la atención de la salud”.
Desafío de los estudios clínicos
La especialista también señaló que el país enfrenta todavía dos desafíos centrales para expandir el sector: federalizar la actividad y aumentar la participación de hospitales y centros públicos. Actualmente, la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires concentran cerca del 70% de los estudios clínicos desarrollados en el país.
Las principales áreas terapéuticas investigadas en Argentina son oncología, que representa el 25% de los estudios; enfermedades respiratorias, inmunológicas y metabólicas; además de investigaciones vinculadas al sistema nervioso central, patologías cardiovasculares, digestivas e infectológicas.
A nivel global, la impulsada por la incorporación de herramientas digitales, inteligencia artificial y nuevas metodologías de trabajo. Estas innovaciones permiten desarrollar medicamentos y vacunas con mayor velocidad, mejorar la calidad de los datos y optimizar la experiencia de los pacientes que participan de los estudios.
Cambio de paradigma
“Estamos ante un cambio de paradigma sobre cómo se investiga. La tecnología permite optimizar procesos que antes eran largos y complejos, mejorando la calidad de la evidencia y la experiencia de los participantes”, explicó Carolina Sian, directora de Asuntos Regulatorios de CAEMe.
Uno de los cambios más importantes son los llamados ensayos clínicos descentralizados, que trasladan parte de las actividades fuera de hospitales y centros médicos tradicionales mediante herramientas digitales y monitoreo remoto.
A través de dispositivos portátiles y sistemas de seguimiento en tiempo real, muchos pacientes ya no necesitan trasladarse para realizar controles médicos frecuentes. Esto facilita la participación de personas que viven en zonas alejadas o tienen movilidad reducida, mejora la representatividad de los estudios y reduce costos operativos.
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) acompaña esta tendencia con regulaciones específicas enfocadas en la protección y seguridad de los participantes.
La digitalización también transformó la gestión de los ensayos clínicos mediante plataformas que organizan datos, procesos y seguimiento de resultados. Además, bases públicas internacionales como ClinicalTrials.gov permiten acceder a información de cientos de miles de estudios desarrollados en más de 200 países. En Argentina, la ANMAT también dispone de una base pública de investigaciones clínicas.
Base pública de estudios clínicos de ANMAT
Otra de las tendencias que gana terreno es el uso de “gemelos digitales”, modelos computacionales que integran datos biológicos y clínicos para simular cómo respondería un paciente frente a distintos tratamientos o dosis.
En paralelo, la inteligencia artificial comenzó a ocupar un rol clave dentro del sector. Actualmente se utiliza para automatizar procesos, identificar pacientes aptos para determinados estudios y analizar grandes volúmenes de datos en menos tiempo.
“La inteligencia artificial potencia esta disciplina. No reemplaza al investigador, pero amplía enormemente su capacidad de análisis y precisión”, sostuvo Rosana Felice, asesora médica de CAEMe.
Además, crece el uso de evidencia obtenida del “mundo real”, es decir, información proveniente de historias clínicas electrónicas, registros sanitarios y dispositivos digitales que complementan los ensayos clínicos tradicionales. Incluso organismos internacionales como la Food and Drug Administration (FDA) ya utilizan este tipo de evidencia para respaldar decisiones regulatorias sobre medicamentos y productos médicos.
El crecimiento global del sector confirma esta tendencia. Según datos difundidos por CAEMe, la investigación clínica superó los 92.700 millones de dólares a nivel mundial durante 2025 y continúa expandiéndose con un modelo cada vez más digital, colaborativo y tecnológico.