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San Martín: el gran hombre que no tuvo niñez y sufrió acoso antes de que se hable de bullying

José Francisco de San Martín nació el 25 de febrero de 1778. Los orígenes, las polémicas y una certeza: no tuvo una niñez convencional y en vez de jugar, enfrentaba una guerra.


Una leyenda urbana muy instalada entre nosotros sostiene que José Francisco de San Martín, nacido el 25 de febrero de 1778, fue hijo de una mujer cuyos orígenes étnicos eran guaraníes, y habría sido concebido tras una relación clandestina con Diego de Alvear y Ponce de León, brigadier de la Armada Española quien, para evitar el bochorno social que implicaría tal situación, lo habría concedido en adopción a Juan de San Martín y Gregoria Matorras.

Y si bien, el rumor resulta improbable, el General tendrá que cargar desde sus primeros años de la infancia (en casos, hasta nuestros días) con el señalamiento peyorativamente de ser maliciosamente llamado: “el hijo de la india”. El hijo de Rosa Guarú. ¿Y qué? Como si eso en caso de haber sido comprobado hubiera generado algún problema o hubiera afectado los extraordinarios méritos sanmartinianos, aunque historiográficamente no existen evidencias para justificar tal aseveración.

Tal mote lo acompañará en toda su formación militar. Desde su ingreso al Regimiento de Murcia a los 11 años cuando para sus camaradas era burlonamente “el indiano”. Triste momento debió haber pasado San Marín, pues a la edad que en la actualidad vigente nuestros niños afortunadamente juegan en los patios de nuestras escuelas, en las plazas o en los clubes deportivos, él estaba en plena guerra contra los moros en el norte de África, siendo considerado paralelamente entre sus pares (lo que agudiza el cuadro anímico), en medio de la guerra, el miedo y la muerte, como alguien inferior.

Por ese tiempo el apelativo había mutado por otro tan cruel como el primero. Ahora era “el cholo”; por aquellos que vienen de lejos y con algún rasgo de origen que siempre lo hará sentir un forastero. Despectivamente, San Martín formaba parte de aquel colectivo de “los que llegaron con una mano atrás y otra adelante”. Los que no tienen ni donde caerse muerto, dirá el ofensivo dicho popular. Así, en el marco de encontrar sinónimos contemporáneos, podemos sostener que el “cholo” de ayer, será el “sudaca” de hoy. Y en la guerra: los prescindibles, “los cholos”, “la carne de cañón”.

Evolución Aspecto De San Martín Según La IA

El sueño de un pibe que nación grande

Siempre me intrigó esa faceta infantil que la gloria del héroe disimuló. La historia nos mostró poco de ese tiempo sanmartiniano. Seguro estuvo eclipsada por el hombre gigante que permanentemente fue y claramente, el prócer que merecidamente nuestra memoria y la patria reconoce, se terminó devorando al pibe que también supo ser.

Así, al poco tiempo de haber llegado al mundo dejará su lugar de nacimiento. Es poco probable que haya tenido amiguitos de barrio. Es más, San Martín no tuvo nunca un barrio fijo hasta que fue un hombre viejo.

Esa cálida mesopotamia de su nacimiento lo verá partir con sus cuatro hermanitos mayores. Cambiará de hábitat; se mudará de casa; abordará un barco; ingresará a una escuela con perfil de seminario; se hará cadete militar y a los once años (como ya habíamos expresado) estará preparándose para meterse de lleno a un frente de guerra.

Sin “amigos de la esquina", ni barrio identificativo. Una infancia prácticamente inexistente; trotando mundos y surcando mares, en tiempos donde el concepto “adolescencia” (tal como lo entendemos hoy) era nulo, irreal, ilusorio. Eras niño, y súbitamente eras “hombre” (lo mismo cabía para la mujer; eras niñas y repentinamente: mujer, casada o novicia). Sin medias tintas, ni medios tiempos, "De golpe y porrazo", San Martín, “el hijo de la india”, se hizo un hombre grande y un soldado. Tenía solo once años. Reitero. Foto lejana para cualquier pibe de esa edad que en el presente estaría empezando sexto grado.

Y así fue su vida. Nació en la popular y conocida Yapeyú (la tierra del "fruto maduro", para los nativos guaraníes). Hoy harían 248 años de aquel histórico nacimiento.

Yapeyú, Corrientes, 1778

Juan de San Martín, su padre, por ese 1778 era el gobernador de Yapeyú. Esta "reducción" (concentración de nativos en una aldea) había sido fundada en 1627 por los jesuitas con el nombre de "Nuestra Señora de los Santos Reyes Magos de Yapeyú" o "Nuestra Señora de los Tres Reyes de Yapeyú". Era un centro agropecuario y ganadero, productor de algodón y tabaco en la amplia zona que comprendieron las misiones jesuitas, y que tras decisiones de la corona (expulsión de la orden jesuita) había pasado a los dominicos.

Don Juan, nacido en Cervato de la Cueza. Español. Había llegado a América del Sur en 1764 buscando ascensos y mejores sueldos, creyendo que las colonias españolas americanas brindarían más oportunidades que la metrópoli europea.

Yapeyú será una de las sedes de las actividades sanmartinianas Foto: Wikipedia

Yapeyú, el lugar de nacimiento de San Martín.

Luego de haber estado un tiempo en Colonia del Sacramento, fue destinado a la estancia y calera de Las Vacas, uno de los tantos establecimientos que los jesuitas tuvieron que dejar luego de su expulsión en 1767.

Un hecho curioso fue como se casaron los padres de José de San Martín. Don Juan había conocido a Doña Gregoria en España. El viaje de éste hacia América los había separado y tuvo que casarse "por correspondencia", extendiéndole un poder por el correo oficial ultramarino a los capitanes Juan Francisco Sumalo y Juan Vázquez, como también al teniente Nicolás García Hermete, para que desposasen a Doña Gregoria en su nombre (1 de octubre de 1770). Y en un viaje que el primo hermano de Gregoria, Gerónimo Matorras hizo a Tucumán, para asumir como gobernador y capitán general, acompañó a ella (Gregoria) para reencontrarse con Juan. Así comenzaron los padres del General una vida juntos que los asentó en Yapeyú. En ese contexto llegará al mundo el libertador San Martín.

Una rebelión nativa contra Don Juan tras un castigo a un jefe indio, el asesinato de indígenas de la aldea, la pérdida de ganado, los conflictos internos en las misiones, fueron circunstancias que minaron la gestión y su reputación. El final estaba cantado. Los San Martín indefectiblemente dejarán Yapeyú.

El viaje interminable

De esa selva correntina a las incipientes luces de Buenos Aires. Desde la porteña casa sobre la actual calle Piedras, a cuadras del cabildo bonaerense cuando tenía cuatro años, hasta emprender el viaje en la fragata Santa Balbina a tierras europeas donde revoluciones políticas y transformaciones sociales e industriales lo recibirán en España para llevarlo a la guerra en el continente africano.

Llegará hasta Argelia tras ser convocado para defender la plaza de Orán (que había sido sitiada por décima vez por los ejércitos árabes de Mohamed Ben Osman desde su toma en 1732 por los españoles) con el Regimiento de Infantería de Línea Murcia, escuadrón "El Leal", cuyo batallón militar tenía uniforme blanco, con cuello y botamangas azul celeste. Vaya paradoja, como sí premonitoriamente esos colores (blanco y celeste) lo estuvieran marcando para siempre.

Ahí se hará "Granadero", a pesar de no corresponderle por su edad, y tendrá la temeraria misión de desactivar minas y granadas que el ejército moro había colocado para volar los muros del fuerte español. Era un "chaval" de Málaga, pero ya había tenido escaramuzas bélicas un año antes en Melilla, otro enclave español sobre las costas marroquí del Mediterráneo, pero será Orán su bautismo de fuego (25 de junio de 1791). Era otro mundo; “el indiano” tenía apenas 13 años.

josé de san martín memorial bandera ejército de los andes-10

La historia oficial, tan cruel como la clandestina, nos dirá que probablemente de mayorcito rodeado de sus nietas, y lamentablemente lejos de su patria, debió haber tenido recién ahí un “feliz cumpleaños”. En vida, San Martín, nunca fue “el santo de la espada”, “el padre de la patria”, “el cóndor de Los Andes” o “el libertador de América”, por citar expresiones que los discursos exaltaron, pero luego de fallecido.

Murió cancelado, quien cuando niño creció con el apodo de “indiano”. En esencia, durante su vida, todo le resultó muy duro a San Martín. Nadie le regaló nada. Otra buena lección de un raso cadete, que tras su paso por Mendoza llegó a General. Merito exclusivo de los hombres que tienen pasión y convicciones. Patrimonio de los grandes, más allá de si naciste en una cuna de oro o fuiste el hijo de una india.