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Runaway Train: el videoclip que buscó chicos desaparecidos antes de que existieran las redes sociales

Antes de las redes sociales, un videoclip de Soul Asylum convirtió a MTV en una herramienta inesperada para buscar chicos desaparecidos


Hay canciones que uno recuerda por un estribillo, por una película, por una novia, por un verano o por algún momento particular de la vida. Y después está Runaway Train, de Soul Asylum, que muchos de los que crecimos en los 90 probablemente recordemos primero por otra cosa: las caras de chicos desaparecidos que aparecían de golpe en la pantalla de MTV.

Yo era uno de esos que podía pasar horas mirando MTV

No había YouTube, no había Spotify, no había redes sociales y mucho menos un teléfono en la mano que nos permitiera elegir exactamente qué queríamos ver. Si un videoclip entraba en alta rotación, lo terminábamos viendo cinco, diez, veinte veces. Y Runaway Train era imposible de mirar sin detenerse en esas caras de chicos que recién en la tercera o vista te dabas cuenta de que eran chicos perdidos.. Antes de seguir, mirá el videoclip y viajá a los 90, si es que tuviste la suerte de ser joven en esa época. Eran fotografías reales. Debajo aparecían nombres, edades y fechas. Chicos que faltaban de sus casas. Personas que alguien estaba buscando.

Runaway Train era imposible de mirar sin detenerse en esas caras de chicos que recién en la tercera o vista te dabas cuenta de que eran chicos perdidos.

La canción había sido publicada por Soul Asylum en 1992, dentro del disco Grave Dancers Union, y terminó convirtiéndose en el mayor éxito de una banda que llevaba prácticamente una década recorriendo el circuito alternativo estadounidense. Llegó al número 5 del Billboard Hot 100, el álbum fue multiplatino y en 1994 Runaway Train ganó el Grammy a Mejor Canción de Rock. Soul Asylum tuvo otros buenos temas —Somebody to Shove, Black Gold, Misery—, así que definirlos como un one hit wonder sería un poco injusto. Pero para buena parte del planeta quedaron asociados para siempre a esa canción y, sobre todo, a ese videoclip. Lo curioso es que la canción no hablaba de chicos desaparecidos.

Dave Pirner, cantante y compositor del grupo, atravesaba por entonces un momento personal muy oscuro. Temía estar perdiendo la audición, estaba cerca de un colapso nervioso y se había refugiado cada vez más en la guitarra acústica. Ese tren fuera de control del título era, en realidad, una metáfora de su propia depresión: la sensación de seguir avanzando sin saber hacia dónde y sin encontrar la forma de regresar. Hasta el comienzo del tema, cuando habla de llamar a alguien en medio de la noche, tenía una raíz autobiográfica. Pirner solía comunicarse con un amigo de Nueva York cuando se sentía particularmente mal. Runaway Train era, entonces, una canción acerca de estar perdido. Pero perdido emocionalmente.

Y apareció Tony Kaye.

El director británico —que algunos años después dirigiría American History X— tuvo una idea tan sencilla como brillante. En Estados Unidos era habitual encontrar fotografías de chicos desaparecidos impresas en cartones de leche y otros objetos cotidianos. Kaye pensó que un videoclip visto por millones de personas podía convertirse en una enorme vidriera para esas búsquedas. Así fue como la canción cambió para siempre de significado. El video alternaba imágenes de la banda con pequeñas historias ficcionadas sobre chicos que escapaban de sus casas, violencia familiar, abuso y secuestros. Pero de pronto la ficción se detenía y aparecía una fotografía real, acompañada por un nombre y una fecha de desaparición. En algunas versiones, al final del clip el propio Pirner invitaba a comunicarse si alguien reconocía a alguno de ellos. Era un aviso de servicio público escondido dentro de uno de los formatos más populares de la cultura juvenil de aquellos años.

Y hubo algo todavía más extraordinario: no existió una única versión de Runaway Train.

En Estados Unidos se hicieron tres versiones que, en conjunto, mostraban 36 chicos desaparecidos. Las imágenes podían cambiar según la región donde se emitiera el videoclip y también se realizaron adaptaciones internacionales utilizando casos locales. Hoy eso podría parecernos casi normal. Las plataformas saben dónde estamos, qué miramos y qué contenidos ofrecernos. Pero estamos hablando de 1993. Cuando alguien decía 'personalización', seguramente estaba hablando de bordar un nombre en una toalla. Años después, Tony Kaye aseguró que 21 de los chicos que habían aparecido en el video fueron encontrados o que sus casos pudieron resolverse después de la difusión. Algunas fuentes de la época mencionaron cifras incluso mayores. No todos los desenlaces fueron felices: detrás de varias desapariciones había hogares violentos, abusos y situaciones mucho más oscuras. Por eso quizá sea exagerado decir que Runaway Train “salvó a 21 chicos”, pero sí puede afirmarse algo que sigue siendo impresionante: un videoclip ayudó a resolver casos reales de personas desaparecidas. Si vas a los mensajes del video clip oficial se te caen las lágrimas desde el primer comentario.

No todos los desenlaces fueron felices: detrás de varias desapariciones había hogares violentos, abusos y situaciones mucho más oscuras.

Hoy, cuando algo necesita difusión, pensamos automáticamente en redes sociales. Pedimos que compartan una publicación, etiquetamos a alguien conocido, esperamos que un influencer levante el tema y rezamos para que el algoritmo haga lo suyo. En 1993 nada de eso existía

Existía MTV

En 1993 nada de eso existía, si estaba MTV.

Y para los que crecimos en aquellos años, MTV podía ser muchas cosas al mismo tiempo: radio con imágenes, revista musical, lugar de descubrimiento, moda, televisión y una especie de enorme amigo canchero que parecía saber antes que nosotros qué banda había que escuchar. Cuando decidía pasar un videoclip una y otra vez, millones de chicos de distintos países terminábamos mirando lo mismo. Con Runaway Train, esa capacidad sirvió para algo que excedía por completo a la música. Las caras de esos chicos dejaron de estar solamente en un cartel, una comisaría, un diario o un cartón de leche. Entraron en los livings y dormitorios de millones de hogares. No había un botón de compartir. MTV compartía por todos nosotros.

Más de treinta años después, Runaway Train sigue siendo un temazo. Pero también quedó como el ejemplo extraño y maravilloso de una canción que empezó hablando de un hombre que se sentía perdido y terminó ayudando a buscar a personas que literalmente lo estaban. Quizás por eso el video todavía emociona tanto. Porque durante cuatro minutos una canción dejó de ser solamente una canción. Y porque mucho antes de que aprendiéramos palabras como viral, influencer o algoritmo, una buena idea ya podía conseguir exactamente lo mismo: hacer que millones de personas miraran hacia un mismo lugar.

Más de treinta años después, Runaway Train sigue siendo un temazo.

*Diego Villanueva es autor de "Casi 30 artistas para antes de dormir".

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