Rolex Charles, el haitiano que se recibió en la UNCuyo

Llegó a Mendoza con una mano atrás y otra, adelante. Nada le ha resultado fácil, pero nada hubiera logrado sin el apoyo que recibió. Se casó con una mendocina, tiene un hijo y se recibió de Licenciado en una carrera de la UNCuyo. Aquí, nos cuenta su historia. 

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Rolex Charles

Pachy Reynoso/MDZ

Rolex es uno de esos tipos optimistas a rajatablas y no se le cae la sonrisa mientras habla, ni siquiera cuando recuerda todo lo que dejó atrás.

Ahora, la vida lo imita y le sonríe: tiene 37 años y se ha recibido de Licenciado en Higiene y Seguridad, una carrera de dos años de cursado que brinda la Facultad de Ciencias Médicas, de la Universidad Nacional de Cuyo.

Vamos hacia atrás. Hace 9 años, Rolex Charles dejó su Haití en ruinas, luego de un terremoto; partió junto a su mejor amigo, Jules Wikemby. Recalaron primero en Brasil, donde el corazón le dictó a Jules enamorarse de una mendocina. Las cosas no iban especialmente bien y, además, llegado el punto, Jules le contó a Rolex que su asunto con la mendocina venía en serio y que la chica se volvía a Mendoza y que le gustaría seguirla, jugarse esa corazonada. También le dijo, a su querido amigo Rolex, que si le gustaría acompañarlo. Y Rolex lo hizo.

Rolex Charles

Llegaron los dos haitianos a la Terminal de Mendoza sin nada: sin plata, sin idioma, sin lugar donde vivir. Sin embargo, la vida fue generosa con ellos, pues una familia de Coquimbito -la de Mónica Godoy y Eduardo Heras-, sin conocerlos, se ofreció a alojarlos y darles de comer.

- Ellos son sagrados para mí, dirá Rolex, el que siempre sonríe, sin sonreír.

El tiempo traería, en su momento, a Jules casado con su novia mendocina (ya tienen tres hijos) y a Rolex, en tanto, remando para vivir: trabajó en un Sushi Club, en una empresa de cartuchos de impresión, pero, bueno, ya saben, le pagaban muy poco y trabajaba muy mucho y quedó atrapado en la consabida lógica perversa que aprisiona a los proletarios.

Rolex recibido, junto a sus "padres mendocinos", Mónica y Eduardo.

Entonces, apareció en sus días la fundación Fonbec -Fondo de Becas para Estudiantes-, una ejemplar entidad que promueve donaciones de particulares, que se convierten en “padrinos” de niños y jóvenes de escasos recursos, a partir de aportes mensuales de $1000. Pues bien, su padrino, desde hace 5 años es Mario González, gerente de Montemar, quien no lo abandonó en su camino hacia la titulación y, por eso, se ha ganado que lo citemos.

Así, gracias a su esfuerzo, pero también a la familia que se lo llevó a vivir a su casa de Coquimbito y a su padrino Fonbec, Rolex pudo salir adelante. Los años fueron venturosos para el muchacho: empezó a estudiar, aprendió muy bien el castellano, consiguió empleo en una estación de servicio (hace seis años ya), pudo mudarse a vivir solo y, luego, se puso de novio con la enfermera Paola Leontes, con quien se casó y tienen un hijo, Gael Isaías Charles, de dos añitos.

Rolex, con Paola y Gael.

No salió de la nada: su papá es ingeniero y su madre, comerciantes de ropa y, en su país Rolex, era Profesor de Literatura y Ciencias Sociales, un título no revalidado aquí. “He leído el Martín Fierro, un gran libro; pero yo no me siento autorizado para dar clases de Literatura aquí, pero sí del título que obtuve en la UNCuyo”.

En Haití, quedó su madre y a Estados Unidos se fue a vivir su padre ingeniero, junto su hermano. “Hace unos años, fuimos a EEUU a visitarlos; por suerte, hicimos ese viaje con el dólar a $16, ahora sería imposible”, dice Rolex, quien recibió nombre, tal vez porque sus padres buscaron asocialo al prestigio de la marca de relojes suiza.

En Mendoza, hay alrededor de 25 haitianos: “Los padres en Haití venden todo, venden hasta terrenos para que sus hijos se vayan a estudiar al extranjero. Acá esto no se ve, pero allá muchos padres lo hacen”. Por cierto, Rolex organizó y administra un grupo de Whatsapp, que reúne a los “haitianos mendocinos”.

Rolex Charles

“En Haití, hay dos extremos: mucha gente muy pobre y muy poca gente rica. Allí, terminar la secundaria es ya algo gigante. Por eso, cuando tuvimos el terremoto en 2010, decidí que debía buscar otra salida. Hay que cambiar mi país y los jóvenes tienen que hacerlo. Allí, para ser presidente, tienes que tener más de 50 años, exigen eso, pero no le exigen estudiar a nadie, para llegar a los cargos. Por eso, hemos empezado una campaña para cambiar a Haití”.

- Mira, Punta Cana es muy lindo, van muchos turistas allí, pero yo te aseguro que Haití es mucho más lindo, pero no tenemos buena seguridad y nos falta desarrollo. Además, los ricos ni siquiera viven allí, viven en Estados Unidos y en Francia. Los ex presidentes, cuando terminan los mandatos, se van todos a vivir a esos países.

- Acá no es mucho mejor... 

- Bueno, es verdad, pero yo ya tengo un hijo mendocino y me gusta mucho la Argentina. Gael ya tiene dos años, pero ahora viajar se nos hace imposible. Ya lo conocerá mi madre, si Dios lo permite.

- Creés mucho en Dios…

- Sí. Llegué hasta acá gracias a Él. Tengo que estar muy agradecido. Yo no conocía a nadie. No sabía ni hablar y una familia mendocina nos abrió su casa a Jules y a mí y nos dieron de comer a los dos. Hasta una pieza con vista a la montaña nos dieron y no quisieron que mi familia enviara plata para pagarles. Y nunca pusieron llaves y sus hijos nos aceptaron, sus amigos fueron nuestros amigos. Ellos tomaron un riesgo altísimo y nos dieron lugar y nos pusieron límites para marcarnos el camino… Con ellos estuvimos dos años, hasta que pudimos salir adelante.

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- Tenés que estar agradecido…

- Lo estoy. Siempre se los agradezco y también a Dios. A Mónica Godoy y Eduardo Heras los quiero como a mis padres. Y también a mi padrino de Fonbec. Ahora, vivo con mi familia en San José, Guaymallén y trabajo en el minimarket de la YPF, frente al Área Fundacional

- Sos famoso allí…

- Sí, todos me dicen, ‘Eh, qué hacés, Negro!’ y ‘Hola, Rolex, amigo’.Todos me felicitan por mi atención. No me puedo quejar, los mendocinos me tratan muy bien y mi entorno de trabajo, también.

Como se ve, Rolex está muy feliz, no obstante, tiene que seguir luchando, como todos. Ahora, busca empleo con su título y no lo consigue. Sabe hablar francés, creole (la lengua criolla haitiana, muy parecido el francés), inglés y castellano. Su vida mendocina lo ha llenado de responsabilidades y ya no tiene tiempo ni para ir a la Alianza Francesa a hacer sociales y cultivarse. Por cierto, te dará excelentes clases de francés, si se lo pedís (su número es 2615982540).

Debe quedarnos en claro que Rolex salió adelante gracias a su tesón, pero también a dos grandes oportunidades que recibió al llegar a nuestras tierras: vivir en un hogar de clase media sin que nada le faltare y una beca mensual para apoyarlo en sus estudios, dos beneficios que la inmensísima mayoría de niños y jóvenes humildes no tienen en Mendoza.

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Por eso, si algún lector se ha sentido conmovido con su testimonio, no hace falta salir a buscar haitianos errantes por la Terminal: en Mendoza, hay cientos de miles de niñas, niños y adolescentes dispuestos a intentarlo, si se los apoya de manera determinante.

Pues bien, finalizamos la nota y hacemos algunas fotos con el simpático muchacho. Antes de que se marche, intercambiamos números telefónicos, porque quiere estar en contacto. Ah, ¿saben qué dice su mensaje de Whatsapp?: “Gael sos mi orgullo, mi alma, el aire que respiro”. La vida ha sido justa en no defraudar a este hermoso muchacho.

Ulises Naranjo.

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