René Goscinny, argentino de corazón: la infancia porteña del autor francés que creó Astérix
Durante 17 años, el creador de Astérix y el Pequeño Nicolás vivió en Buenos Aires. A partir de entonces, marcaría generaciones con su obra. El recuerdo de quienes leen, enseñan y editan a René Goscinny.
René Goscinny creó Astérix el Galo (en francés: Astérix le Gaulois) en 1959.
X/ CanvaDurante años, René Goscinny fue presentado -y leído- como un autor estrictamente francés. Sin embargo, su biografía guarda un pasaje muy poco conocido de su historia: Goscinny fue un artista formado en la Ciudad de Buenos Aires. Un niño y adolescente con acento porteño, atravesado por la capital, sus lecturas, su cultura popular y su manera particular de entender el humor.
Goscinny fue la mente maestra detrás de las historietas Astérix el Galo, El Pequeño Nicolás, Lucky Luke o Iznogud, que marcaron a varias generaciones a lo largo del mundo. Pero, mucho antes de ser ese aclamado autor, experimentó la vida en la gran ciudad argentina, donde nació su amor por el humor y el dibujo.
Te Podría Interesar
Mirá el video de René Goscinny en Argentina
La llegada de René Goscinny a la Argentina
El artista nació el 14 de agosto de 1926 en París, en el seno de una familia polaca de origen judío. Cuando René tenía apenas dos años, su padre, Stanisaw Gocinny, consiguió trabajo como ingeniero químico en la Argentina y la familia se mudó inmediatamente a Buenos Aires.
Ese traslado no solo marcó su infancia, sino que terminó siendo decisivo para su destino: la mudanza los salvó de la persecución y el exterminio que sufrirían muchos de sus familiares judíos que permanecieron en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Al arribar a la ciudad porteña, la familia francesa se instaló en una vivienda ubicada en la calle Sargento Cabral 845, muy cerca de Plaza San Martín, en el barrio porteño de Retiro. Allí mismo, actualmente se puede apreciar una placa de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en homenaje al autor francés que residió en la zona durante 17 años. “Aquí vivió René Goscinny, autor de las historietas Astérix el galo, Lucky Luke y El Pequeño Nicolás, entre otras”, reza el reconocimiento en la fachada del edificio.
Goscinny vivió en la capital argentina entre 1928 y 1945, donde tuvo una infancia y adolescencia tranquilas. Asistió al Liceo Franco Argentino Jean Mermoz, una experiencia escolar que décadas más tarde reaparecería transformada en literatura. En esa institución, comenzaría a ganarse la “fama” del “clown” del curso, haciendo reír a sus compañeros con sus ocurrencias.
En 1943, recibió su diploma de bachiller, finalizando así sus estudios secundarios con formación en Bellas Artes. Pero la muerte de su padre, al poco tiempo, cambiaría el rumbo de su vida. Goscinny tuvo que salir a buscar trabajo para poder mantener a su familia y lo primero que consiguió fue un puesto como ayudante contable en una empresa reparadora de neumáticos, lo cual no le hacía la mínima gracia.
Sin embargo, su amor por el arte lo harían buscar incansablemente otras alternativas de trabajo más cercanas a su pasión. Es más, no dudó en renunciar a la empresa apenas tuvo la posibilidad de ser dibujante en una agencia de publicidad local. Allí es donde daría sus primeros pasos profesionales. Además, realizó ilustraciones para los boletines internos del Liceo Francés, Notre Voix y Quartier Latin ("Nuestra voz" y "Barrio latino", respectivamente).
Poco tiempo después, un tío lo invitaría a Nueva York para vivir con él, lo que marcaría su partida de la Argentina tras 17 años. Pese a que proyectaba un futuro mejor en la gran ciudad yankee, René pasó allí 5 años difíciles, sin dinero y con poco trabajo. Esta situación lo llevó a incorporarse al ejército francés. Al concluir el servicio militar, Goscinny regresó a Nueva York donde tuvo la fortuna de conocer al equipo de la revista humorística MAD quienes le ofrecieron trabajo.
En 1949, Goscinny decide emigrar de regreso a su país natal, donde conocería a Albert Uderzo, quien se convertiría en su socio y en el dibujante de sus historietas.
El recuerdo de Goscinny de su paso por Argentina
“Mi padre había encontrado un trabajo en Buenos Aires. Le gustaba mucho viajar hasta allí. Nos fuimos entonces a Buenos Aires donde viví toda mi infancia. Mi padre tenía vacaciones cada tres años y ahí volvíamos a Francia”, recordó Goscinny en una entrevista.
Asimismo, el artista habló de lo curioso de su vida en la Argentina, mientras cursaba en un Liceo Francés. “En Buenos Aires había un colegio francés. Y esto es lo cómico: la vida de un niño en el extranjero que siempre mantuvo un vínculo con Francia. Volvía a Francia regularmente; iba a un colegio francés; estudiaba en francés. Pero, para mí, había términos de un exotismo extraordinario como Corréze, Angoulême, Limoges, les Deux Sevres. En cambio, todo esto me era común: gaucho, Mendoza, Los Andes, La Pampa”, expresó entonces René.
“Los nombres de las calles de París tenían una poesía extraordinaria. Para mí las calles tenían que llamarse Rivadavia, Florida, Alvear”, contó Goscinny, y agregó sobre su juventud en Buenos Aires: “La forma de alimentarse, la forma de divertirse, lo que era normal era ponerse bombachas, botas de equitación y montar un caballo. Y un gaucho era completamente normal para mí”.
Más tarde, en otra entrevista que quedó guardada en el archivo, el creador de Astérix manifestó: "Pasé mi juventud en Buenos Aires, que es la ciudad más europea de Sudamérica. Era un país totalmente apacible y próspero, y nosotros formábamos parte de una pequeña burguesía acomodada".
La escuela porteña como semillero de las historietas de Goscinny
El Pequeño Nicolás, uno de sus personajes más entrañables, está atravesado por recuerdos de esas aulas porteñas, de maestros estrictos y compañeros singulares que el autor supo convertir en caricaturas universales.
El francés Jean Benistand, que hace años vive en Argentina y es docente del Liceo Franco Argentino Jean Mermoz, le aseguró a esta periodista que, en Francia, resulta prácticamente imposible llegar a la adultez sin haber leído a Goscinny. Asterix y El Pequeño Nicolás forman parte del ADN cultural francés y siguen presentes en las escuelas, incluso en un contexto donde la lectura compite con múltiples pantallas.
Para Benistand, el caso de El Pequeño Nicolás es especialmente significativo: el propio Goscinny reconoció que el personaje y su universo estaban inspirados en su infancia escolar en Buenos Aires.
Los personajes del libro -el aplicado Agnan, el glotón Alceste, el bravucón que resuelve todo a golpes- funcionan como caricaturas reconocibles de cualquier patio escolar. Pero su origen, señala Benistand, está anclado en el viejo Liceo Francés porteño, incluso con referencias directas a compañeros reales.
“Uno de los alumnos que tuve hace unos años me contó que su abuelo fue compañero de clase de Goscinny. De hecho, ese chico me decía que, para los personajes de El Pequeño Nicolás, Goscinny tomaba referencia a sus compañeros”, contó Benistand en diálogo con MDZ.
“Le Petit Nicolas se ambienta en una escuela de varones, inspirado en el Liceo Francés. Los personajes formaban un grupo de 8 o 9 varones. Y, el que fue mi alumno me dijo que su abuelo habría inspirado a Goscinny a crear el personaje de Agnan, que es el que trabaja mucho, el primero de la clase, siempre sentado adelante”, explicó el docente.
Racing y Patoruzú, las presuntas influencias argentinas en la obra de Goscinny
Durante su infancia y adolescencia, Goscinny fue lector voraz de historietas locales. Admiró profundamente a Patoruzú, el cacique creado por Dante Quinterno, una influencia que muchos especialistas detectan en personajes posteriores como Obélix o Umpah-Pah. El humor gráfico argentino -presente en revistas como Patoruzú o Rico Tipo- habría formado parte del ecosistema cultural que alimentó su obra.
A eso se sumó otra pasión bien argentina: el fútbol. Diversos testimonios coinciden en que Goscinny era hincha de Racing Club y que asistía con frecuencia al estadio. Con el tiempo, esa devoción dio lugar a una de las leyendas más queridas por los lectores argentinos: la idea de que los pantalones de color celeste y blanco de Obelix -un reconocido personaje de la historieta Astérix el Galo- son un homenaje al club de Avellaneda.
En ese sentido, César Da Col, dibujante y divulgador de historietas, aclaró a MDZ que no existen pruebas documentales que confirmen ese dato. “A razón de la verdad, no hay información fidedigna que avale esta afirmación, más que una entrada en Wikipedia subida a principios del 2000, y de la cual comenzaron a nutrirse decenas de artículos de prensa posteriores. Emociona cómo con devoción, los hinchas de Racing se apropiaron del autor y del personaje. Ojalá que sí, que sea cierto, pero por el momento no hay datos fehacientes para corroborarlo”, manifestó Da Col.
“Hay una verdad irrefutable, y es que la vocación de Goscinny por el dibujo y el humor nacieron acá, en Buenos Aires, en una época donde la cultura local palpitaba de creatividad y empuje”, consideró Da Col, quien también colabora estrechamente con Libros del Zorzal.
Da Col sostiene que Goscinny fue mucho más que un autor francés con un paso circunstancial por el país. Vivió diecisiete años en Buenos Aires, toda su infancia y adolescencia, y aquí se despertaron su amor por el dibujo, la lectura y el humor. No es casual que el propio Goscinny haya afirmado en una oportunidad: “Argentina es también mi país”.
Su obra no está plagada de guiños explícitos a la Argentina, pero sí de influencias profundas. Las historias de Astérix transcurren en la Galia del año 50 a. C.; El Pequeño Nicolás en la Francia de los años sesenta; Lucky Luke en el Lejano Oeste. Sin embargo, en todas ellas se percibe una forma de humor, una mirada irónica y una sensibilidad cultural que dialoga con múltiples tradiciones: la francesa, la argentina, la estadounidense.
Las reiteradas visitas de Goscinny a la Argentina
Aunque desarrolló su carrera profesional en Francia, Goscinny regresó a Buenos Aires en numerosas ocasiones. Según Da Col, esas visitas tenían un sentido íntimo: volver a caminar la ciudad, reencontrarse con amigos de juventud, recuperar olores, sabores y recuerdos. Su hija Anne Goscinny describió esos viajes como un regreso simbólico a la niñez, un paréntesis en el que el autor dejaba de ser el profesional consagrado para volver a sentirse un chico.
El legado de Goscinny
El 5 de noviembre de 1977, René Goscinny murió tempranamente, a los 51 años, cuando su vida ya estaba plenamente asentada en Francia. Es poco probable que hubiera vuelto a instalarse en Buenos Aires, pero todo indica que habría seguido visitándola.
El impacto de Goscinny atraviesa generaciones y fronteras. Alexis Nicolás Saludjian, lector francés con raíces argentinas, recuerda la emoción que generaba cada nuevo álbum de Astérix en su infancia: un acontecimiento comparable al estreno de una gran película. Las historietas circulaban por librerías, kioscos y supermercados, y eran tema de conversación en los recreos escolares.
Saludjian destacó, en diálogo con MDZ, el carácter profundamente humanista de la obra: aunque utilizaba estereotipos nacionales para construir humor, Goscinny nunca promovía una mirada racista o nacionalista. Por el contrario, se burlaba de los propios franceses con una ironía constante y mostraba que era posible reírse de las diferencias sin faltar el respeto.








