Reapareció una ballena tras casi 100 años desaparecida en la costa de la Argentina
Tras décadas sin registros, la ballena sei volvió al Golfo San Jorge. El hallazgo posiciona a Comodoro Rivadavia como destino de avistaje.
La ballena sei llevaba casi 100 años desaparecida de las costas de Argentina.
Agencia AWDespués de casi un siglo sin registros confirmados, la ballena sei volvió a ser observada frente a las costas de Comodoro Rivadavia. El fenómeno, único por la cantidad de ejemplares y su cercanía a tierra, representa un hito científico, ambiental y turístico que reescribe la historia natural del Golfo San Jorge.
El regreso de la ballena sei (Balaenoptera borealis), la tercera especie más grande del planeta, fue confirmado por equipos de investigación argentinos tras años de trabajo sistemático. La presencia sostenida de este cetáceo, ausente desde 1929 en la costa argentina, marca un punto de inflexión para la ciencia marina y la conservación en la Patagonia azul.
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Los registros más impactantes se produjeron frente a Comodoro Rivadavia, especialmente desde los acantilados de Punta Marqués. Desde allí se observaron grupos de hasta 70 ejemplares nadando muy cerca de la costa, un comportamiento inédito a nivel mundial para esta especie, que en otras regiones solo puede verse mar adentro.
A diferencia de otros grandes cetáceos que transitan la región de manera ocasional, la ballena sei permanece durante largos períodos en el Golfo San Jorge. Investigaciones científicas determinaron que su presencia se extiende desde la primavera hasta el otoño, con mayor concentración entre marzo y junio, lo que confirma que la zona funciona como un área clave de uso estacional y alimentación.
Una ballena gigante y veloz, pero esquiva
Con un cuerpo estilizado, una aleta dorsal prominente y movimientos ágiles, la ballena sei puede alcanzar hasta 18 metros de largo, superar las 20 toneladas y desplazarse a velocidades cercanas a los 50 kilómetros por hora. Aunque no suele realizar saltos espectaculares, su silueta cortando la superficie del mar es inconfundible y genera asombro entre científicos y observadores.
Durante décadas, su comportamiento esquivo y su preferencia por aguas abiertas hicieron que pasara prácticamente inadvertida para la observación costera. Por eso, su presencia tan cercana al continente patagónico resulta excepcional y despierta el interés de la comunidad científica internacional.
Ciencia, memoria y recuperación
El regreso de la ballena sei es también un símbolo de recuperación. Su desaparición histórica estuvo ligada a la caza comercial intensiva del siglo XX, que provocó la captura de cerca de 300.000 ejemplares en todo el mundo y una reducción poblacional superior al 80%. Actualmente, la especie sigue catalogada como “en peligro de extinción”, con una población global estimada entre 10.000 y 50.000 individuos.
Los primeros indicios de su retorno al Golfo San Jorge comenzaron a detectarse a principios de los años 2000, a partir de soplidos y comportamientos atípicos en el mar. Sin embargo, fue a partir de 2019 cuando estudios con observación directa, vuelos de relevamiento, análisis genéticos y seguimiento satelital permitieron confirmar de manera concluyente que se trataba de ballenas sei.
Turismo responsable y biodiversidad
La abundancia actual de ejemplares impulsó el desarrollo de avistajes controlados, posicionando a Comodoro Rivadavia como un nuevo polo de turismo náutico y científico en la Patagonia. Este fenómeno se suma a la presencia frecuente de delfines oscuros, grises y nariz de botella, enriqueciendo la biodiversidad del golfo y el atractivo natural de la región.
En contraste con otros países donde la especie aún es cazada, como Noruega, la costa patagónica argentina ofrece un entorno protegido, donde la ciencia, la conservación y el turismo responsable pueden convivir en equilibrio.
El retorno de la ballena sei refuerza el valor ecológico del Golfo San Jorge y consolida a Comodoro Rivadavia como escenario privilegiado para la investigación marina. También funciona como recordatorio de los desafíos pendientes: el cambio climático, la contaminación, el tráfico marítimo y las actividades humanas continúan siendo amenazas latentes para los grandes cetáceos.
En este contexto, la ballena sei se convirtió en símbolo de una reconquista natural: la de una especie que vuelve a ocupar su territorio y la de una Patagonia que reafirma su compromiso con la protección de su biodiversidad marina.



