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Quién fue Guadalupe Cuenca: la chica de la boutique

Guadalupe Cuenca se convirtió repentinamente en viuda y heroína. Entre cálamos, tinta y papeles, la muerte de su esposo Mariano Moreno engendró la primera grieta argentina.

Guadalupe Cuenca y Mariano Moreno.
Guadalupe Cuenca y Mariano Moreno.

Escribía Guadalupe Cuenca: “Mi amado Moreno, dueño de mi corazón: me alegraré que estés bueno, gordo, buen mozo, y divertido, pero no con ninguna mujer, porque entonces ya no tendré yo el lugar que debo en tu corazón; con fecha de 26 de éste (junio) te escribo, pero con todo lo vuelvo a hacer por no perder ocasión de darte el gusto de saber de tu familia, y tener yo el consuelo de escribirte ya que no te veo; me parece que ya con ésta llevo escritas trece o catorce cartas (…). No dejes de escribirme todo lo que te pasa, ábreme tu corazón como a tu mujer e interesada en todas tus cosas; basta de guardar secretos a mí, cumple con tus obligaciones de cristiano, no te olvides de mí, porque sin vos no puedo vivir. Adiós, mi Moreno, no te olvides de mí, tu mujer María Guadalupe Moreno”.

En pocas palabras

  • Guadalupe Cuenca, la viuda de Mariano Moreno: Se convirtió en viuda y heroína tras la muerte de su esposo, enterándose de la noticia mucho después de ocurrido el deceso.
  • Las cartas de amor y despedida: Se revela la correspondencia entre Guadalupe y Mariano Moreno, mostrando la profunda conexión y el sufrimiento de ella ante la ausencia y posterior muerte de su marido.
  • El misterio de la muerte de Moreno: El artículo cuestiona las circunstancias del fallecimiento de Mariano Moreno en alta mar, planteando la duda sobre si fue por intoxicación o envenenamiento, un enigma que perdura hasta hoy.
  • Origen y aspiraciones de Moreno: Se detalla la infancia de Mariano Moreno, su educación influenciada por curas y su posterior giro hacia el derecho y las ideas revolucionarias, en contraposición a la formación religiosa esperada.
  • El encuentro y la vida de Guadalupe: Se narra cómo Guadalupe Cuenca, apodada "la chica de la boutique", conoció a Mariano Moreno siendo ella muy joven, su posterior matrimonio y su vida marcada por la precariedad tras la muerte de su esposo.
Resumen generado por Thinkindot AI
Guadalupe Cuenca
Guadalupe Cuenca.

Guadalupe Cuenca.

Lo presentado es un fragmento del comienzo y el final de una de las tantas cartas que Guadalupe le envió a Mariano Moreno. Esta misiva (“llevo escritas trece o catorce cartas”, sostenía Guadalupe) data de finales de junio de 1811. Para ese tiempo, el secretario de la Primera Junta de Mayo, hacía más de tres meses que había fallecido a bordo de la fragata británica “Fame”, cerca de las costas brasileñas. Mientras tanto, Guadalupe seguiría escribiéndole.

Ella será la última en enterarse de la muerte de su marido. Moreno tenía 32 años a la hora de su fallecimiento. Su deceso se convertirá en una de las primeras grandes controversias argentinas que se extenderá, aún hasta nuestros días. ¿Murió víctima de una fulminante intoxicación en altamar o lo envenenaron?

El cura que no fue

Mariano Moreno tuvo 13 hermanos. Su madre Ana María Valle era una rica heredera de cientos de hectáreas en la pampa bonaerense. Además, una de las muy pocas mujeres que sabía leer y escribir a finales del siglo XVIII en Buenos Aires, pero al casarse con Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander, que había arribado al Río de la Plata en 1776, no pudo disfrutar de toda la herencia que le hubiera correspondido porque el candidato elegido por ella (Manuel Moreno y Argumosa) no ofrecía a primera vista todas las garantías que la familia Valle esperaba para su hija Ana María.

Las dudas familiares sembradas sobre la pareja no hicieran mella en el amor y una vez casados, Manuel y Ana María, se mudarán al modesto barrio del Alto San Telmo. No debió haber sido fácil criar tantos hijos para su madre. Mariano Moreno, será el primogénito. Siempre se destacó por sus excelentes notas en el Colegio Real de San Carlos, y de no haber sido por la ayuda económica de los curas de la congregación, le hubiera sido imposible a sus padres sostener los costos de lo que implicaba continuar los estudios en la Universidad de Chuquisaca (Bolivia).

Mariano Moreno
Mariano Moreno murió asesinado en altamar.

Mariano Moreno murió asesinado en altamar.

Así allá partirá Mariano. Tanto los curas benefactores que intercedieron para que Moreno prosiguiera estudiando, como sus ilusionados padres, despidieron con enormes expectativas al talentoso hijo que iría a estudiar Teología. Pero los planes de Mariano no contemplaron nunca dedicarse exclusivamente al estudio de la religión y las sagradas escrituras. Él quería ser abogado, y una vez en la universidad concentró todos sus esfuerzos en esa meta. “Solo el derecho permite trabajar a favor de las causas nobles”. Esa será su premisa.

Y así, quienes despidieron a un monaguillo esperando encontrarse con un nobel sacerdote, recibieron al tiempo en Buenos Aires a uno de los relevantes revolucionarios políticos de la historia argentina, munido de la más vanguardista bibliografía que los nuevos tiempos emanaban. Seguramente Rousseau, Voltaire y Montesquieu, no ayudaban mucho a la hora de rendir un examen en la Universidad Mayor, Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca, pero su lectura en forma secreta si le sirvieron para encender las nuevas ideas de la emancipación americana.

Vidrieras mirando

“La chica de la boutique” fue un hit argentino de 1971. Lo interpretaba el popular cantor Heleno. Vaya paradoja; así como relataba esa canción, Mariano conoció a María Guadalupe Cuenca en una fortuita caminata de esparcimiento. Lo cierto fue que Moreno “iba paseando, vidrieras mirando” cuando en un negocio observó un portarretrato de plata, con una foto chiquita (daguerrotipo) de una mujer como modelo para realzar el enmarcado. Quedó cautivado. Era ella. No paró hasta encontrarla. No buscaba un portafotos; buscaba esa imagen.

Guadalupe tenía 14 años. Era huérfana de padre y su destino preestablecido una vez salida del monasterio donde estaba como pupila, seguramente sería ser monja, pero al igual que Moreno también ella se negaba a seguir el camino de la consagración religiosa.

Mariano Moreno
La muerte de Mariano Moreno.

La muerte de Mariano Moreno.

A los meses de conocerse, la pareja se casará en la misma Chuquisaca, donde él empezará a ejercer la abogacía en el estudio de Agustín Gascón durante 1803 y 1804. Tomará causas espinosas en defensa de indios contra los abusos, torturas y arrebatos de tierras, lo que le costará el rechazo de un sector aristocrático “acomodado” que no comulgaba con los derechos emanados de nuevas legislaciones. La situación lo llevó hasta enfrentarse y denunciar al gobernador de Chuquisaca y al alcalde de Chayanta (Alto Perú), haciendo insostenible su continuidad en Alto Perú. Amenazas, despidos, persecuciones adelantaron su regreso a Buenos Aires.

Las cartas de Guadalupe en medio de un mundo cruel

La vorágine revolucionaria rioplatense cambiará todo en pocos años. Invasiones Inglesas, “Representación de los Hacendados”, pidiendo el libre comercio al Virrey, ideólogo de la revolución de mayo, creador de la “Gaceta de Buenos Aires”, la renuncia a la Primera Junta, el atribuido erróneamente “plan de operaciones” que garantizaba la independencia, “la supresión de honores”, y siempre Moreno en primera línea de fuego, pero también acarreando cada vez más enemigos.

Una poco clara misión oficial a Inglaterra podría haber sido la excusa de su rival interno en aquel primer gobierno patrio para sacarse de encima al revolucionario liberal. El sindicado supuesto instigador: Cornelio Saavedra. Se abría así un largo derrotero históricos entre las clásicas antinomias argentinas. El primero: saavedristas versus morenistas.

En tanto, con Moreno ya embarcado, Guadalupe recibirá un aviso terrorífico de manos anónimas. En una caja había un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros. ¿Premonición macabra o mensaje mafioso? Lo cierto fue que la suerte estaba echada.

“Mi querido Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto que puedas o hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios”. Desconsuelo, miedo, soledad. Esto será un fragmento de una de las primeras cartas que Guadalupe escribió a Moreno entre el 14 de marzo y el 29 de julio de 1811.

Comenzando agosto de 1811, a siete meses de su partida (24 de enero) y a cinco meses de su muerte (marzo) Guadalupe recibiría una respuesta. No era la carta que esperaba, ni la que ella imaginó. Estaba fechada en Londres, el 1 de mayo de 1811, y firmada por Manuel Moreno, hermano de Mariano. “Murió el 4 de marzo”.

Mariano nunca leyó las cartas de Guadalupe. Si los planes de la Junta contemplaban su muerte, su destierro o cualquiera de otras opciones, la muerte de Moreno es un enigma que permanece irresuelto. Lo cierto fue que, a las dos semanas de su partida, Saavedra le dio a otro funcionario una misión idéntica a la que llevaba Moreno rumbo a Europa.

Guadalupe morirá muy pobre. Tenía veintiún años cuando falleció Moreno. Nunca rehízo su vida afectiva. Recibió una pensión miserable del gobierno argentino como si la vida del gran pensador americano no hubiera valido nada. Otra cruel y repetida postal de la historia argentina. En tanto, en su habitación de viuda, y sobre la mesa de luz al borde de su cama, aquel portarretrato ahora tenía la foto del inolvidable Moreno.