Postales de nuestra historia

La viuda de Moreno: la última en enterarse y la primera grieta argentina

Mariano Moreno tenía 32 años cuando murió. Las cartas que le enviaba su esposa, Guadalupe Cuenca, y que nunca recibió. El duelo y el desconcierto.

Gustavo Capone
Gustavo Capone domingo, 23 de abril de 2023 · 09:00 hs
La viuda de Moreno: la última en enterarse y la primera grieta argentina
Guadalupe Cuenca y Mariano Moreno.

Escribía Guadalupe Cuenca: “Mi amado Moreno, dueño de mi corazón: me alegraré que estés bueno, gordo, buen mozo, y divertido, pero no con ninguna mujer, porque entonces ya no tendré yo el lugar que debo en tu corazón; con fecha de 26 de éste (junio) te escribo, pero con todo lo vuelvo a hacer por no perder ocasión de darte el gusto de saber de tu familia, y tener yo el consuelo de escribirte ya que no te veo; me parece que ya con ésta llevo escritas trece o catorce cartas (…). No dejes de escribirme todo lo que te pasa, ábreme tu corazón como a tu mujer e interesada en todas tus cosas; basta de guardar secretos a mí, cumple con tus obligaciones de cristiano, no te olvides de mí, porque sin vos no puedo vivir. Adiós, mi Moreno, no te olvides de mí, tu mujer María Guadalupe Moreno”.

Lo presentado es un fragmento editado del comienzo y el final de una de las tantas cartas que Guadalupe le envió a Mariano Moreno. Esta esquela (“llevo escritas trece o catorce cartas”, sostenía Guadalupe) data de finales de junio de 1811. Para ese tiempo, el secretario de la Primera Junta de Mayo, hacia casi tres meses que había fallecido a bordo de la fragata británica “Fame”, cerca de las costas brasileñas. Mientras tanto, Guadalupe seguiría escribiéndole.

Ella será la última en enterarse de la muerte de su marido. Moreno tenía 32 años a la hora de su fallecimiento. Su deceso se convertirá en una de las primeras grandes controversias argentinas que se extenderá aún hasta nuestros días. ¿Murió víctima de una fulminante intoxicación en altamar o lo envenenaron?

El cura que no fue

Mariano Moreno fue el primero de 14 hermanos. Su madre Ana María Valle era una rica heredera de cientos de hectáreas en la pampa bonaerense. Además, una de las muy pocas mujeres que sabía leer y escribir a finales del siglo XVIII en Buenos Aires, pero al casarse con Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander, que había arribado al Río de la Plata en 1776, no pudo disfrutar de toda la herencia que le hubiera correspondido porque el candidato elegido por ella (Manuel Moreno y Argumosa) no ofrecía a primera vista todas las garantías que la familia Valle esperaba para Ana María.

Mariano Moreno, uno de los políticos más relevantes de la historia argentina.

Las dudas familiares sembradas sobre la pareja no hicieran mella en el amor y una vez casados Manuel y Ana María se mudarán al modesto barrio del Alto San Telmo. No debió haber sido fácil criar 14 hijos. Mariano Moreno, el primogénito, ya se destacaba por sus excelentes notas en el Colegio Real de San Carlos, y de no haber sido por la ayuda económica de los curas de la congregación, le hubiera sido imposible a sus padres sostener los costos de lo que implicaba continuar los estudios en la Universidad de Chuquisaca (Bolivia).

Así allá partirá Mariano. Tanto los curas benefactores que intercedieron para que Moreno prosiguiera estudiando, como sus ilusionados padres, despidieron con enormes expectativas al talentoso hijo que iría a estudiar Teología. Pero los planes de Mariano no contemplaron nunca dedicarse exclusivamente al estudio de la religión y las sagradas escrituras. Él quería ser abogado, y una vez en la universidad concentró todos sus esfuerzos en esa meta. “Solo el derecho permite trabajar a favor de las causas nobles”. Esa será su premisa.

Y así, quienes despidieron a un monaguillo esperando encontrarse con un nobel sacerdote, recibieron al tiempo en Buenos Aires a uno de los relevantes revolucionarios políticos de la historia argentina, munido de la más vanguardista bibliografía que de los nuevos tiempos emanaba. Seguramente Rousseau, Voltaire y Montesquieu, no ayudaban mucho a la hora de rendir un examen en la Universidad Mayor, Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca, pero su lectura en forma secreta si le sirvieron para encender las nuevas ideas de la emancipación americana.

Vidrieras mirando

“La chica de la boutique” fue un hit argentino de 1971. Lo interpretaba el popular Heleno. Vaya paradoja; así como relataba esa canción, Mariano conoció a María Guadalupe Cuenca en una fortuita caminata de esparcimiento. Lo cierto fue que Moreno “iba paseando, vidrieras mirando” cuando en un negocio observó un portarretratos de plata con un daguerrotipo (una especie de foto) de una mujer que lo cautivó. Era ella. No paró hasta encontrarla.

Guadalupe tenía 14 años. Era huérfana de padre y su destino preestablecido una vez salida del monasterio donde estaba como pupila, seguramente sería ser monja, pero al igual que Moreno también ella se negaba a seguir el camino de la consagración religiosa. 

A los meses la pareja se casará en la misma Chuquisaca donde él empezará a ejercer la abogacía en el estudio de Agustín Gascón durante 1803 y 1804. Tomará causas espinosas en defensa de indios contra los abusos, torturas y arrebatos de tierras, lo que le costará el rechazo de un sector aristocrático “acomodado” que no comulgaba con los derechos emanados de nuevas legislaciones. La situación lo llevó hasta enfrentarse y denunciar al gobernador de Chuquisaca y al alcalde de Chayanta (Alto Perú), haciendo insostenible su continuidad en Alto Perú. Amenazas, despidos, persecuciones adelantaron su regreso a Buenos Aires.

Las cartas en medio de un mundo cruel

La vorágine revolucionaria rioplatense cambiará todo en pocos años. Invasiones Inglesas, “Representación de los Hacendados” pidiendo el libre comercio al Virrey, ideólogo de la revolución de mayo, creador de la “Gaceta de Buenos Aires”, la renuncia a la Primera Junta, el atribuido erróneamente “plan de operaciones” que garantizaba la independencia, “la supresión de honores”, y siempre Moreno en primera línea de fuego, pero también acarreando cada vez más enemigos.

Una poco clara misión oficial a Inglaterra podría haber sido la excusa de su rival interno en aquel primer gobierno patrio para sacarse de encima al revolucionario liberal. El sindicado supuesto instigador: Cornelio Saavedra. Se abría así un largo derrotero históricos de las clásicas antinomias argentinas. Saavedristas versus morenistas.

En tanto, con Moreno ya embarcado, Guadalupe recibirá un aviso terrorífico de manos anónimas. En una caja, un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros. ¿Premonición macabra o mensaje mafioso? Lo cierto fue que la suerte estaba echada.

Moreno murió por causas confusas a bordo del barco que lo trasladaba desde Buenos Aires a Londres.

“Mi querido Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto que puedas o hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios”. Desconsuelo, miedo, soledad. Esto será un fragmento de una de las primeras cartas que Guadalupe escribió a Moreno entre el 14 de marzo y el 29 de julio de 1811.  

Comenzando agosto de 1811, a siete meses de su partida (24 de enero) y a cinco meses de su muerte (marzo) Guadalupe recibiría una respuesta. No era la carta que esperaba, ni la que ella imaginó. Estaba fechada en Londres el 1 de mayo de 1811 y firmada por Manuel Moreno, hermano de Mariano. “Murió el 4 de marzo”.

Mariano nunca leyó las cartas de Guadalupe.  Si los planes de la Junta contemplaban su muerte, su destierro o ninguna de estas opciones, la muerte de Moreno es un enigma que permanece irresuelto. Lo cierto es que a las dos semanas de su partida Saavedra le dio a otro funcionario una misión idéntica a la que estaba llevando a Moreno rumbo a Europa.

Guadalupe morirá muy pobre, recibiendo una pensión miserable del gobierno argentino como si la vida del gran pensador americano no hubiera valido nada. Otra cruel y repetida postal de la historia argentina. 

Archivado en