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¿Por qué se celebró el 20 de septiembre el Día del Caballo?

Esta fecha fue establecida por Ley por la trascendente relevancia del caballo en la historia de la patria.


Emilio Solanet era un conocido veterinario e histórico dirigente radical bonaerense de Ayacucho. Docente universitario y escritor de un clásico libro del mundo equino: “Pelajes criollos”. Fue miembro fundador de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos y tenía una estancia llamada “El Cardal” destinada básicamente a la crianza de su pasión: los caballos.

Había viajado a principios de siglo XX a Chubut en busca de caballos de las tribus Tehuelches, precisamente a las tierras del cacique Juan Schackmatr y su hermano Liempichun, cerca del río Senguer donde el veterinario de Ayacucho calculaba que los caballos criollos de la Patagonia permanecían “puros” sin haberse “cruzado” con otras razas desde hacía más de 300 años. Ese fenómeno no sucedía con la caballada de la pampa húmeda argentina donde las tropillas estaban mestizadas con razas europeas. Opinaba además Salomet que dichos equinos sureños estarían curtidos ante las adversidades haciendo honor a su genética ante las duras inclemencias del clima austral y la escasa vegetación de la zona. Así pues, se fue hasta el sur argentino y compró a los Tehuelches la suma de 84 yeguas y algunos padrillos.

Los “criollos” de los indios de Chubut eran descendientes puros de aquellos “pingos” traídos por Pedro de Mendoza en las primeras décadas del siglo XVI y directa herencia de los popularmente denominados “pura sangre árabes” que llegaron con los moros a España en el año 711 cuando los musulmanes invadieron la península Ibérica.

Con el fin de demostrar la fortaleza de los “criollos” y promover las virtudes de la raza, Salonet le regalará al suizo oriundo de Berna, Aimé Félix Tschiffely (1895 – 1954), unos ejemplares de “El Cardal” que a la postre harán historia, pues este docente de literatura del St. George's College de Quilmes y del Buenos Aires English High School estaba convencido que podría atravesar América, a lomo de caballo, uniendo Buenos Aires con Nueva York.

"Mancha" y Gato"

Es importante recordar también que durante la gesta sanmartiniana fue esta raza de caballos criollos quien atravesó Los Andes recibiendo el merecido mote de “los caballos de la raza patria”. Pero volviendo al viaje programado por Tschiffely expondremos que el overo “Mancha” tenía 15 años al momento de la partida, mientras que el gateado “Gato” contaba con 16 años cuando desde la Sociedad Rural Argentina salieron con destino al país del norte un 24 de abril de 1925.

Obviamente los escépticos fueron mayoría. “Absurdo”, “Imposible” o “¿Hasta dónde llegará el suizo loco?” fueron títulos de los diarios porteños.

En su viaje por América tuvieron que atravesar varias veces la cordillera de Los Andes, cursaron el desierto peruano y recorrieron las selvas colombianas y panameñas. Llegaron a subir alturas de más de 5.000 metros con temperaturas de 20º bajo cero y soportaron sequias y altos calores de 50º a la sombra. Pero también debieron superar la conflictiva Centroamérica en tiempos de sangrientas guerras civiles, como en Costa Rica, El Salvador, Guatemala y México, plagadas de crisis internas políticas. Y así como a su paso recibieron honores y distinciones, también soportaron intentos de robos o fueron obligados a abandonar rápidamente la amenazada zona de enfrentamientos en esas naciones. Además, la travesía se estaba produciendo en tiempos donde no había caminos seguros y las sendas que recorrían eran prácticamente inexistentes.

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Finalmente llegarán a Nueva York. Habían atravesado veinte naciones, recorriendo 21.500 kilómetros (4.300 leguas) entre la capital porteña argentina y la Quinta Avenida neoyorquina; batiendo records de distancias y también de alturas al llegar a los 5.900 metros s.n.m. en el paso El Cóndor entre Potosí y Chaliapata (Bolivia) y habiendo soportado temperaturas de hasta 52º de calor en el desierto entre Huarmey y Casma, en Perú, donde las patas de los caballos se hundían de 6 a 15 pulgadas en la arena caliente.

Así fue como tras 504 etapas de viaje, de aproximadamente 50 kilómetros de promedios diario, pudieron tras tres años y cinco meses completar el objetivo establecido.

La recepción en la Casa Blanca por el presidente estadounidense Calvin Coolidge coronará un viaje histórico. La hazaña legendaria de Tschiffely, Mancha y Gato fue considerada como la travesía más importante de la historia moderna. El “Long Riders Guild”, miembro de la Royal Geographical Society y primera asociación internacional del mundo de exploradores ecuestres así lo dispuso. En tanto Aimé Tschiffely fue nombrado el travesista (viajero aventurero) más significativo del siglo XX.

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El día del caballo

En conmemoración al heroico viaje, el 20 de setiembre, día de llegada en 1928 a Nueva York del jinete Tschieffely y los dos fieles “pingos” criollos se recuerda el Día del Caballo. Esta fecha fue establecida por Ley Nº 25.125 de 1999 a partir de una iniciativa de la Federación Ecuestre Argentina que reconocía la trascendente relevancia del caballo en la historia de la patria, pero también en la economía nacional y el deporte argentino.

Mancha y Gato murieron varios años después. Mancha en 1947 y Gato en 1944. Actualmente se exhiben embalsamados en el Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo” de Luján (Buenos Aires), sin embargo, sus huesos se encuentran en la Estancia El Cardal de Ayacucho donde también descansan las cenizas de Aimé Tschiffely, enviadas desde Londres años después de su fallecimiento.