Por qué las construcciones en el piedemonte son lo más riesgoso para la seguridad hídrica de Mendoza
Dos funcionarios del Gobierno provincial coincidieron en que sin ordenamiento territorial, ninguna obra alcanza para frenar el riesgo aluvional en Mendoza.
Los colectores aluvionales son una pieza del sistema, pero no reemplazan el ordenamiento del territorio.
Prensa Gobierno de MendozaEn medio de un encuentro internacional pensado para mostrar obras, financiamiento y cooperación técnica, dos de los funcionarios con mayor peso operativo en la gestión del riesgo hídrico de Mendoza torcieron el eje del relato oficial. Ni la Subsecretaria de Infraestructura y Desarrollo Territorial, María Teresa Badui, ni el director de Hidráulica, Pablo Rodríguez, hablaron de obra pública como la solución. Hablaron de dónde y cómo se construye, y de qué pasa cuando nadie lo ordena a tiempo.
"Irónicamente yo voy a decir que las obras no son las más importantes en este sentido y en esta temática", dijo Badui frente a los periodistas, en un desvío inesperado respecto del tono del evento que ella misma integraba. La funcionaria fue más allá: sostuvo que "la infraestructura es una parte, las soluciones basadas en la naturaleza es otra parte, pero la gobernanza y los procesos de territorialización son los fundamentales para el tema de la seguridad hídrica en Mendoza", sentenció.
Consultada sobre el estado de la provincia frente al riesgo aluvional, Badui fue todavía más directa acerca del pasado: "En Mendoza se trasladan hoy un montón de consecuencias que vienen producto de acciones o inacciones, tanto desde el ámbito público como privado", explicó. Es, en los hechos, una admisión de que parte del riesgo que hoy enfrenta la provincia no es producto del clima ni de la mala suerte, sino de decisiones que no se tomaron o que se tomaron mal durante años, con responsabilidad compartida entre el Estado y los desarrollos privados.
Las obras como complemento de una buena gobernanza
Cuando se le pidió que precisara el diagnóstico, Badui volvió sobre la misma idea: "La gobernanza territorial, el ordenamiento territorial es clave para la resiliencia hídrica. La infraestructura, por supuesto, es un elemento que acompaña, pero no el principal", remarcó. Y definió el problema de la siguiente manera: "La obra viene a ser un medio para estos procesos que son compartidos de un recurso fundamental y de un territorio árido que no tolera ni permite la fragmentación de acciones", explicó.
Badui nombró el piedemonte mendocino como el territorio bajo la lupa, pero no precisó qué zonas están hoy en infracción, qué loteos avanzaron sin los controles adecuados o qué tramo de esa "fragmentación" corresponde a la gestión provincial y cuál a los municipios o a privados. La funcionaria puso el diagnóstico sobre la mesa; los nombres propios, las zonas y las responsabilidades puntuales quedaron pendientes.
La urbanización ha ocupado el territorio del agua
Por su parte, el director de Hidráulica, Pablo Rodríguez, señaló que la expansión urbana de las últimas décadas incrementó la exposición de la provincia a los riesgos aluvionales porque ocupó sectores que históricamente funcionaban como zonas de escurrimiento natural del agua de las tormentas. Dicho de otro modo: donde antes el agua tenía por dónde bajar sin generar daño, hoy hay barrios, calles y edificaciones.
Además, Rodríguez reconoció que la frecuencia de limpieza de los canales viene en aumento: "cada menos tiempo lo limpiamos", dijo, en referencia al mantenimiento de los colectores que reciben agua de lluvia y sedimento del piedemonte. Es un indicador indirecto pero elocuente de una infraestructura cada vez más exigida por una cuenca que recibe más presión (urbana y de residuos) de la que fue diseñada para absorber.
Rodríguez planteó además una consecuencia concreta de ese diagnóstico, la más cercana a un anuncio de gestión que dejó el encuentro: la intención de revisar la normativa vigente. Dicha intención fue planteada en referencia a incorporar criterios de infraestructura verde y sistemas urbanos de desagüe sostenible a los códigos de construcción y ordenamiento que hoy rigen en la provincia.
El rol de la sociedad en el cuidado de los cauces
El propio Rodríguez conectó ese problema técnico con la conducta cotidiana de los vecinos, "cada cosa que tiramos nos vuelve, porque nosotros tiramos una botella en una cuneta, de ahí va a parar a un colector aluvional y de ahí va a parar a una zona de riego, todo está conectado", explicó. La imagen ilustra el mismo argumento que sostiene Badui desde otro ángulo: la seguridad hídrica no se resuelve con una obra puntual, sino con la suma de decisiones, tanto del gobierno, como de los privados y los particulares.
El contraste es el dato central de la jornada. Mientras el escenario oficial exhibía financiamiento internacional, delegaciones extranjeras y un catálogo de obras de contención ya ejecutadas, la propia Subsecretaria de Infraestructura y el propio director de Hidráulica bajaron esa expectativa: ninguna obra, por bien diseñada que esté, compensa la ausencia de un ordenamiento territorial que decida con claridad dónde se puede construir y dónde no.




