Pedro Roth se mudó a la Casa Victoria Ocampo... y te invita a pasar
La muestra que le dedica el Fondo Nacional de las Artes, en la Casa Victoria Ocampo es un homenaje al artista y descubre oficio, ternura y humor en su arte.
El artista rodeado de amigos, entre ellos el presidente del FNA, Tulio Andreussi G, la otrora senadora Cristina Guzmán y Carlos María Pinasco.
Gentileza.Entrar a la muestra “Pedro Roth, como en casa” en la Casa Victoria Ocampo del Fondo Nacional de las Artes, es ingresar a su mundo doméstico. Y no es un eufemismo. Hay un living, una mesa servida de arte, dibujos frescos sobre el mantel, paredes atestadas de obras y Pedro recibiendo a quien quiera charlar, ver, escuchar y compartir.
Porque si hay una palabra que define a Roth es esa: compartir. Para mí fue, además, el reencuentro con un hombre bueno, generoso, creativo y de constante buen humor que frecuenté por más de cuatro décadas.
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Nacido en Hungría y argentino por elección y destino, Roth no baja la marcha. Su vida fue un viaje intenso, marcado por el dolor de la guerra (su padre fue asesinado en el Holocausto), el desarraigo (vivió en Rumania e Israel antes de llegar a Buenos Aires con 14 años), pero también por el poder sanador del arte. Se define como “fotógrafo, pintor, escritor y un agricultor del mundo del arte” y hoy a sus 86 años, dibuja todos los días, pinta desde la cama, escribe, colecciona y deja huella donde va.
El arte como refugio y motor
Para Roth, el arte no es una pose ni una carrera: es un modo de vida. Así lo demostró en pandemia, cuando montó una muestra en un supermercado chino porque los museos estaban cerrados. Donde otros vieron encierro, él vio posibilidad.
Hoy, en esta exposición que armó con la curadoría de Adriana Rosenberg y Andrés Duprat y el apoyo invalorable de sus dos hijos Damián y Matías, Pedro traslada su universo al corazón de Palermo. La Casa Victoria Ocampo, con sus muebles sobrios y su historia literaria, se transforma por unos meses en su nuevo hogar. Y como buen anfitrión, abre sus puertas sin vueltas: acá no hay vitrinas ni carteles intimidantes. Hay afecto, memoria y arte vivo.
Vivir para el arte
Las obras que cuelgan de las paredes —y muchas que cuelgan de su historia— no son solo de él. Están sus pinturas, sí, pero también óleos, dibujos, cerámicas, fotos, objetos, papeles y reliquias de amigos como Federico Manuel Peralta Ramos, Antonio Berni, Marta Minujín, Luis Benedit, Carmelo Arden Quin, Pablo Suárez, Leopoldo Presas, Enio Iommi, Antonio Seguí, y tantos más. Cada una con una historia detrás. Algunas las intercambió, otras fueron regalos, algunas pasaron años enrolladas en un placard. Hoy, todas conviven como lo hicieron en su casa.
Y hay piezas que valen por sí solas y por lo que cuentan: una pintura de Minujín de 1976 con la Estatua de la Libertad, un retrato de Roth hecho por Benedit que colgaba en su habitación, o esa obra icónica de Peralta Ramos que dice “Dios es rarísimo”, y que podría ser lema o mantra.
Guardián de memorias
Pero Pedro no solo creó, también documentó. Desde los años 60 retrató artistas, performances, exposiciones, fiestas, debates… Fue el ojo fotográfico del Di Tella, de Zurbarán, del CAyC. Su archivo de más de 8000 negativos está siendo digitalizado junto a Fundación PROA y será donado al Archivo General de la Nación. Un tesoro invaluable que abrirá nuevas lecturas sobre una época clave del arte argentino.
“En esta colección varias historias se conectan entre sí”, dice en un video de Canal Roth, el espacio que su hijo Damián creó en YouTube. Y tiene razón. Porque Pedro es eso: un punto de conexión. Entre generaciones, entre lenguajes, entre artistas. Su casa siempre fue un refugio, un lugar de encuentro. Hoy, lo es también para el público.
Como un sismógrafo
“Mi hermano del alma Peralta Ramos decía que el artista es un sismógrafo: dibuja el terremoto de su tiempo”, suele repetir. Roth lo toma al pie de la letra. Y lo mejor: no dibuja solo para sí. Quiere dejar algo. No se obsesiona con el destino de su legado, pero confía en el poder de lo que hizo y la posibilidad de su trascendencia.
Pedro Roth: como en casa se puede visitar de lunes a viernes, de 11 a 19, en la Casa Victoria Ocampo, Rufino de Elizalde 2831, CABA. Hasta el 8 de agosto.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.





