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Nuestros grandes monumentos: Lola Mora, la escultora que desbordó su época

La vida y obra de Lola Mora, configuran un capítulo singular del arte argentino, y su legado persiste como emblema de audacia y originalidad.

Las obras en el Congreso Nacional.

Las obras en el Congreso Nacional.

Gentileza.

En los albores del siglo XX, cuando una mujer tenían escaso acceso a las artes mayores y aún menos visibilidad pública, Dolores Candelaria Mora Vega, conocida como Lola Mora (1866–1936), fue la primera escultora profesional de renombre en la Argentina. Su irrupción en el campo monumental no solo desafiaba estereotipos de género, sino también moldes estéticos y políticos.

Su vida y obra configuran un capítulo singular del arte argentino, y su legado persiste como emblema de audacia y originalidad. Mora fue la primera mujer argentina en dedicarse profesionalmente a la escultura monumental en un contexto donde, como venimos viendo en columnas anteriores, la escultura pública estaba casi exclusivamente en manos de varones europeos. En una época en que incluso firmar obras podía resultar problemático para una mujer, Lola no sólo firmaba: dejaba su nombre en piedra.

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Lola Mora en una fotografía de época.

Lola Mora en una fotografía de época.

Formación y comienzos

Lola Mora nació el 17 de noviembre de 1866 en la provincia de Salta, aunque pasó buena parte de su infancia en Tucumán. A los 20 años ya daba muestras de una vocación firme por el dibujo y la escultura. Estudió con el pintor italiano Santiago Falcucci, quien la introdujo en el clasicismo académico. En 1895 obtuvo una beca del gobierno tucumano que le permitió estudiar en Roma, en los talleres de escultores como Giulio Monteverde y Costantino Barbella. Esta formación europea le abrió las puertas de un lenguaje plástico monumental, que combinaba el realismo académico con cierta libertad expresiva.

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La Justicia (Jujuy)

La Justicia (Jujuy)

De regreso a Buenos Aires, hacia 1900 comenzó a recibir encargos oficiales, como bustos de próceres y relieves históricos. Entre 1901 y 1903 llevó a cabo su obra más ambiciosa y célebre: la Fuente de las Nereidas, una monumental fuente escultórica en mármol de Carrara, encargada originalmente para la Plaza de Mayo, que terminaría generando una de las polémicas artísticas más intensas de la historia argentina.

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Monumento a Avellaneda en la ciudad homónima.

Monumento a Avellaneda en la ciudad homónima.

Lola Mora, una mujer excepcional y las desventuras de su obra cumbre

Inaugurada el 21 de mayo de 1903, la Fuente de las Nereidas representa el nacimiento de Venus, rodeada de nereidas y tritones. Las figuras femeninas desnudas, ejecutadas con maestría técnica y una sensualidad vital, causaron escándalo en los sectores más conservadores de la sociedad porteña. El hecho de que la autora fuera una mujer no hizo sino amplificar las críticas. A pesar del respaldo de artistas y académicos, la fuente fue trasladada a la Costanera Sur, en un gesto que combinaba censura moral y desplazamiento simbólico.

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La fuente de las Nereidas

La fuente de las Nereidas

Desde el punto de vista formal, la obra se destaca por su composición helicoidal, su movimiento ascendente y la integración entre el agua y la escultura. Este dinamismo y teatralidad muestran una deuda estética con el barroco romano, en especial con la Fuente de los Cuatro Ríos de Gian Lorenzo Bernini en Piazza Navona. Como en la obra italiana, hay una concepción unitaria del conjunto, con una figura central (Venus) que emerge rodeada por elementos naturales, figuras alegóricas y chorros de agua que refuerzan la expresividad del conjunto.

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Parque San Martín de Salta

Parque San Martín de Salta

Otras obras y exploraciones

Además de la Fuente, Mora realizó obras de relieve para la Casa de Gobierno de Jujuy, bustos de próceres como Juan Bautista Alberdi, y esculturas alegóricas como la “Justicia” y la “Libertad”, previstas originalmente para el Palacio de Tribunales. Estas últimas fueron finalmente rechazadas, lo que marcó otro capítulo de censura a su figura. Algunas de sus esculturas quedaron inconclusas o fueron destruidas.

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"El Eco", en el ex zoológico de Buenos Aires.

También incursionó en el cine, la invención técnica (registró patentes de sistemas de proyección y extracción minera) y el urbanismo. Su inquietud era multidisciplinaria y vanguardista, incluso para los parámetros actuales.

Últimos años y legado

En sus últimos años, Lola Mora sufrió abandono oficial, penurias económicas y olvido. Murió en Buenos Aires en 1936, casi en el anonimato. Pero en las décadas siguientes comenzó una revalorización de su figura, no solo por su calidad escultórica, sino por su papel pionero en la historia del arte y de los derechos de las mujeres en Argentina.

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"El trabajo" (Jujuy)

Hoy, su nombre se ha inscripto con justicia en el patrimonio cultural nacional: el Congreso de la Nación la declaró mujer ilustre, su figura ha sido reivindicada por generaciones de artistas, y una estatua en su homenaje preside la Costanera. Su casa-taller en San Miguel de Tucumán fue convertida en museo y centro cultural.

Lola Mora fue más que una escultora

Fue una figura liminar que con talento y tenacidad rompió moldes y abrió caminos y desbordó su época. Su Fuente de las Nereidas es, todavía hoy, una de las obras escultóricas más importantes de Argentina, no solo por su valor estético, sino por su fortaleza simbólica potenciada por la época en que la crea y por tratarse del producto de una mujer.

* Carlos María Pinasco es consultor de arte.

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