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Nora Briozzo, una voz que atravesó generaciones y sigue reinventándose

En el Día del Locutor, Nora Briozzo repasó su carrera, reflexionó sobre los nuevos medios y explicó por qué comunicar sigue siendo un privilegio.


En más de tres décadas de trayectoria, Nora Briozzo construyó una de las voces más reconocidas de la radio y la televisión argentina. Desde sus comienzos en Radio Mitre y el fenómeno de La 100 hasta su presente en Radio Nacional, Radio del Plata y la televisión, supo adaptarse a cada transformación de los medios sin perder la esencia de la comunicación.

En Entrevistas MDZ, y en el Día del locutor, Nora habla sobre sus primeros pasos, el desafío de los nuevos formatos digitales, el vínculo con la audiencia, las entrevistas que más la marcaron y el consejo que les da a quienes sueñan con dedicarse a la profesión. "Lo único permanente es el cambio", resume, como una definición de su carrera y del oficio de comunicar.

Entrevista completa a Nora Briozzo

-¿Cómo se celebra el Día del Locutor después de tantos años de trayectoria?
-Se celebra trabajando, como casi todos los años. Los locutores somos un poco como los médicos: cuando hay feriados, fines de semana o fechas especiales, generalmente estamos al aire. No tenemos demasiados descansos, pero la verdad es que hacemos este trabajo porque nos apasiona. Este año, además, fue particularmente lindo porque participé de un encuentro organizado por el ISER junto a Oscar Gómez Castañón, Pablo Marcovsky y Daisy May Queen. Compartimos un panel con estudiantes que están dando sus primeros pasos en la profesión y fue muy emocionante ver las ganas que tienen de aprender. Poder transmitir experiencias después de tantos años de carrera también forma parte del oficio. Es una manera muy linda de celebrar el Día del Locutor.

-La profesión cambió muchísimo en las últimas décadas. ¿Cómo vivís esa transformación?
-La vocación sigue siendo exactamente la misma, pero el escenario cambió por completo. Hoy aparecieron nuevos medios, nuevas plataformas y nuevas maneras de comunicarse. Yo lo vivo como algo muy enriquecedor. Creo que el desafío está en entender cómo funcionan esos cambios y no quedarse aferrado a una sola forma de hacer las cosas. Siempre digo que lo único permanente es el cambio. Si uno se queda recordando con nostalgia que antes todo era mejor, termina perdiéndose la oportunidad de disfrutar este momento, que también tiene herramientas extraordinarias. Antes para preparar una entrevista recortaba diarios, guardaba artículos en sobres y armaba archivos enormes. Hoy toda esa información está disponible en segundos. Es fascinante y hay que aprovecharlo.

-¿Cómo nació tu amor por la radio y cuándo supiste que ese iba a ser tu camino?
-La radio llegó a mi vida por mi abuela. Ella tenía siempre una radio prendida en la cocina y, por las noches, hasta dormía con la radio debajo de la almohada. Ese sonido estuvo muy presente en mi infancia. Curiosamente, yo de chica no jugaba tanto a hacer programas de radio. Era más de cantar. Me pasaba horas frente al espejo con una guitarra imaginando que daba recitales. En un momento tuve que tomar una decisión profesional: seguir por el camino del canto o dedicarme a la locución. Mi profesora de canto, Helga Epstein, no estuvo nada de acuerdo con esa decisión porque pensaba que debía seguir cantando. Sin embargo, elegí la voz hablada y hoy agradezco profundamente haber tomado ese camino. Después estudié periodismo y fue Marcela Feudale quien me impulsó a probar suerte en el ISER. A partir de ahí todo empezó muy rápido y enseguida llegó el trabajo.

"El inicio de la 100 fue emblemático"

-La 100 marcó una época. ¿Qué significó para vos formar parte de esa radio?
-Fue una etapa inolvidable. La 100 cambió una manera de hacer radio porque la música pasó a ser la gran protagonista. Nosotros pensábamos permanentemente qué estaba haciendo la persona que nos escuchaba: si estaba viajando, trabajando, estudiando o atendiendo un comercio. La idea era acompañarla con buena música y darle solamente la información imprescindible, esa que realmente necesitaba saber. Era una radio que podía quedar prendida todo el día porque generaba compañía. Además, fue un momento muy importante para las mujeres en la conducción radial. Compartimos esa experiencia con colegas que después hicieron grandes carreras y la respuesta del público fue maravillosa. Todavía hoy la gente recuerda aquella etapa con muchísimo cariño y para quienes la vivimos también fue algo entrañable.

-¿Cómo cambió la relación con la audiencia desde aquellos años hasta hoy?
-Cambió completamente. Cuando estudiábamos comunicación nos enseñaban que existía un emisor y un receptor. Hoy esa diferencia prácticamente desapareció porque todos somos emisores. Cualquier persona puede abrir una cuenta en redes sociales, crear un canal o tener un espacio desde donde comunicar lo que piensa. Eso hace que existan muchísimas más voces y también mucho más contenido. En ese contexto, que alguien siga eligiendo escucharte es un privilegio enorme. Significa que, entre tantas opciones, encontró algo en tu manera de comunicar que le resulta valioso. Esa confianza del público sigue siendo una de las mayores satisfacciones de esta profesión.

-¿Recordás la primera vez que saliste al aire?
-Sí, la recuerdo perfectamente porque me paralicé. Miraba el micrófono y sentía que detrás había miles y miles de personas escuchándome. Me impresionaba imaginar todas esas orejas del otro lado. En ese momento apareció Anselmo Marini, que era el jefe de locutores de Radio Mitre, y me dio un consejo que me acompañó toda la vida. Me dijo: "No pienses que le hablás a millones de personas. Pensá que le hablás a una sola". Ese concepto cambió completamente mi forma de comunicar. Porque en realidad la radio es un vínculo muy íntimo. Del otro lado siempre hay una persona que te está escuchando mientras maneja, cocina, trabaja o está sola en su casa. Cuando entendés eso, dejás de hablarle a una multitud y empezás a conversar con alguien.

-¿Qué consejo les das a quienes hoy sueñan con ser locutores?
-Les diría que aprovechen el enorme momento que estamos viviendo para comunicar. Hoy ya no hace falta esperar que una radio o un canal te den una oportunidad. Cada uno puede crear su propio espacio, desarrollar un podcast, abrir un canal o construir una comunidad desde las redes sociales. Lo importante no es parecerse a otro, sino descubrir qué mirada propia tiene cada uno para aportar. Todos contamos las cosas de manera diferente y ahí está el verdadero valor. Lo que hace única a una persona no es solamente su voz, sino la forma en la que mira el mundo y logra transmitirlo.

Consejos para las generaciones que vienen

-Después de tantas entrevistas memorables, ¿qué personaje soñás con entrevistar?
-Me encantaría entrevistar a Madonna. Todavía no pierdo las esperanzas. Pero aprendí algo muy importante después de tantos años haciendo notas: una gran entrevista no depende del tiempo que dura. Puede durar cinco minutos y ser extraordinaria si lográs conectar con la otra persona. Lo verdaderamente importante es la empatía, la posibilidad de generar confianza para que aparezcan respuestas genuinas. Hay entrevistados que en pocos minutos te abren su corazón y otros con los que podés conversar dos horas sin lograr atravesar ninguna barrera. Para mí, el desafío siempre está en encontrar esa conexión humana.